25 de marzo de 2012
Esto ocurrió el lunes 19 en calle Uriburu entre Colón y 4 de Abril.
No es una novela de terror, es un hecho real, ya que en el lugar y a la hora decretada por el destino, se cruzaron un ser humano y un gato abandonado.
¿Cuál de los fue más inhumano, más animal, más salvaje, más cruel y más sanguinario?
El de dos patas. Porque continuó manejando su auto y el inofensivo animalito quedó reventado y aplastado por las ruedas del coche. Y ya no luego siguió siendo aplastado por todos los demás autos que pasaban por ahí, porque sus conductores ya no podían verlo, aplastado y pegado a los adoquines como estaba.
¿Qué delito cometió el gato? Atraverse a cruzar la calle, confiando en que el chofer frenaría su vehículo. Pero no lo hiyo y atropeyó adrede al inocente felino.
De haberlo hecho sin intención, hubiera parado el coche, se habría bajado dolorido por lo que hizo y hubiera hecho lo que después hice yo: despegarlo a los adoquines primero, primero su cuero reventado, y luego sus vísceras, también reventadas y por último sus cuatro patitas todas quebradas y aplastadas y ponerlo dentro de una bolsa, para evitar que los otros autos lo siguieran aplastando.
Pero no, aquel ser humano ¿será realmente humano, o será in humano?, no fue capaz de frenar su cohe para no matar, sino que siguió manejando con total indiferencia, sin ningún remordimiento, sin importarle nada. Si en vez de un gato hubiera sido un niño o un anciano, ¿hubiera frenado o habría hecho lo mismo?. Mientras llevaba la bolsa con el gato despedazado, me asaltó una duda, y no pude evitar un estremecimiento al ver el desprecio total por la vida ajena. Claro que era sólo la vida de un gato sin dueño. Yo pregunto ¿pero estos gatos, igual que los perros abandonados, no son también creación divina de Dios?. ¿No prestan una utilidad a la sociedad, al combatir ratones, lauchas, comadrejas, hurones, etc, etc, no cumplen su rol en la naturaleza y en la ecología?.
¿No tienen ellos también derecho a la vida?
A todos los animales se los debe querer y proteger, nunca hay que menospreciarlos o maltratarlos.
Dos por tres son ellos los que nos dan lecciones de vida a nosotros, aparte de los buenos servicios que nos prestan.
Hago votos para que esto no vuelva a repetirse nunca más.
Cordialmente, Héctor Hugo Casiraghi
LE 5.374.326
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