18 de mayo de 2012
El Hogar San José está regenteado por algunas personas acostumbradas a enmascarar la realidad fundamentalmente cuando esta no coincide con sus intereses, tal vez para que no se manchen sus patricios nombres o tal vez por otros oscuros o claros objetivos, depende de qué lugar nos pongamos a mirar, y para ello se escudan diciendo y aparentando que todo está bien y se lo hacen decir a una apoderada para que todo tenga más legalidad. Están las otras, al menos hasta hace poco lo estaban, que precisamente por haber sido injustamente despedidas según sus dichos y sintiéndose perjudicadas por las decisiones que se han tomado con ellas, hacen denuncias públicas muy graves y en ellas se amparan para tener fuerza de razón, de verdad. Tal vez exageran para remarcar la injusticia, tal vez no, pero al menos ellas se acordaron de los abuelos y en su defensa hablaron.
Lo cierto es que tanto las máscaras como las exageraciones esconden una verdad, la situación y el estado de los abuelos, únicas víctimas de dos posiciones verdaderamente antagónicas, bien opuestas, disparadoras de un conflicto difícil en el que por los propios intereses del mismo no les dan ningún protagonismo, siendo que ellos son los más perjudicados.
Se supone que estos abuelos no tienen otro lugar adonde ir y que en el Hogar, tal como se define el mismo, encontrarían contención, cuidado, atención, compañía y todo lo que puede necesitar una persona en el tramo final de su vida, el cual ya de por sí es bastante duro en estos casos al no tener el cobijo de una familia, de un hogar propio y que tenga que transcurrir rodeados de extraños.
Queda evidenciado en este conflicto, que los viejos son una molestia, los hogares terminan funcionando como depósitos en donde suponemos, porque tampoco nos preocupamos por saber si es así, que alguien los va a atender y cuidar mientras que para expiar nuestra culpa cumplimos con las visitas semanales que periódicamente se van raleando más y más hasta que nuestros abuelos quedan solos de soledad absoluta.
En comunidades indígenas, orientales y otras varias, el ser viejo está asociado íntimamente con la sabiduría, con el consejo sano, con la palabra justa, con el respeto. Respeto por ser historia viviente, por ser la memoria y el puente con nuestros ancestros, por ser el relato presente de nuestras raíces, por la vida vivida y la vida dada.
Mala costumbre esta de olvidar nuestra historia, mala costumbre la de faltarle el respeto.
HUGO BASUALDO
DNI 12059176
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