3 de noviembre de 2008

Locales

Locales. Cataratas de denuncias por venta compulsiva de viajes compartidos

La Oficina municipal de atención al consumidor ha recibido en el último tiempo una inusitada cantidad de denuncias de vecinos que se sintieron estafados por una empresa que vendía tiempos compartidos, firma foránea que ya dejó la ciudad y dejó un tendal de tandilenses preocupados por las deudas que contrajeron tras haber firmado un contrato no del todo claro.
Desde la dependencia comunal se detalló que hace aproximadamente tres meses que comenzaron a llegar los primeros reclamos de la empresa Altas Cumbres, que ofrecía en la vía pública tiempos compartidos. La firma primeramente funcionó en un hotel céntrico y luego alquiló un local de calle Belgrano entre 9 de Julio y Rodríguez. Desde hace tres semanas las oficinas cerraron y no hubo señales de vida.
Las denuncias resultan todas coincidentes, tienen que ver con falta de información veraz, detallada y suficiente, se argumentó desde la oficina del consumidor.
Al respecto, Mario Raimondi detalló que se trata de una modalidad de venta compulsiva que tienen como una de las características que se brinda información parcializada y en algunos casos errónea, lo que implica que algunos terminen firmando un contrato que cuando se lee detenidamente se da cuenta que el acuerdo no era tan así como se lo había contado el vendedor.
En todos los casos planteados firmaron cupones de tarjetas de crédito, que en varios de los casos alcanzan valores cercanos a los 12 mil pesos.
A priori resultó medio centenar de vecinos afectado que al menos denunciaron sus casos, pero al hacerse público el tema ya hay muchos más, incluso se han retirado planillas desde la oficina del consumidor para oficializar su queja.
Ya se mantuvieron tres audiencias, y se han programado tres más. En las reuniones convocadas por la oficina, se esclareció que en todos los casos donde la rescisión del contrato se podía hacer en el plazo de los 10 días corridos de haberse firmado el contrato, se efectuó sin inconvenientes. En aquellos casos que se superó aquel plazo de 10 días, se está negociando la rescisión sin costo o que el costo sea ínfimo, audiencias que pasaron a un cuarto intermedio al 17 de noviembre.
A propósito de ese plazo de días que permite la rescisión, Raimondi aclaró que hay un articulado de la ley de defensa al consumidor que especifica que en el caso de las ventas callejeras o domiciliarias compulsivas se cuenta con 10 días para arrepentirse y se resuelve el asunto sin costo alguno. Ya 15 de los casos recibidos pudieron rescindir el contrato.
Por eso se ha pedido a aquellos vecinos que se han arrepentido que se acerquen para enviar una carta documento al contrato principal, que debe enviarse a la ciudad de Mendoza.

CONCILIACIONES
AL POR MAYOR
Las oficinas del consumidor dan una importante respuesta a lo que implican estos reclamos que podrían decirse de menor cuantía. Que de acudir a la justicia además de dinero demandaría mucho más tiempo a la hora de encontrar una resolución.
La oficina permite un contacto inmediato entre el consumidor y la empresa involucrada con una discusión frontal con lo cual permite conciliar muchos de los casos. En la oficina local la estadística alude a un 78 por ciento de casos que arriban a una conciliación.
Los mismos que están a cargo de la oficina reconocen que lo que está faltando es un trabajo de información y prevención.
Sobre los casos más recurrentes que ha atendido la oficina tiene que ver con la venta de telefonía celular y el servicio de internet banda ancha. En este último caso, principalmente la queja redunda en el no respeto de la promoción de estos servicios.
Para la venta de teléfonos, el principal planteo versa sobre la facturación. Al respecto se calcula entre 10 y 15 denuncias diarias promedio.

LA QUEJA MAS INSOLITA
En cuanto al caso más curioso a tratar en el último tiempo, tuvo que ver con la queja de una persona que había adquirido una lata de conserva que presuntamente contenía una piedra, lo que provocó que al morder se le rompiera un molar.
Raimondi reconoce que se trató del planteo más difícil de conciliar, porque no resultaba sencillo probar que dicha piedra estaba en la lata de conserva, pero finalmente se arribó a un acuerdo intermedio, por el que la firma abonó una buena parte del arreglo del molar y la entrega de mercadería que la propia empresa ofreció como compensación.

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