27 de diciembre de 2008
Como se recordará, el cantor melódico fue la figura elegida para dar comienzo, en el mes de abril, a este ciclo denominado “Lunes especiales”. Y dado el éxito de aquella ocasión, ahora fue convocado para el cierre del año. Este emblemático cantante se dispone una vez más, a interpretar con su voz especialísima, boleros y temas románticos de todos los tiempos. Y habrá momentos, sin duda, para evocar con nostalgia y cariño las noches en que Chito cantaba en las históricas confiterías “Rex” y “Norma”, cuya sola mención provoca emociones a raudales en el corazón y la piel de miles de tandilenses.
Chito comenzó cantando desde muy chico. Con muy pocos años, empezó a estudiar guitarra con el gran maestro Juan Nielsen. Casi simultáneamente se inició en el canto con don Isaías Orbe.
Se presentó en los principales lugares de Tandil, estuvo durante algunos años cantando en Buenos Aires y recorrió toda la provincia.
Admira entre los compositores de canciones melódicas, al mexicano Agustín Lara y a Mario Clavell porque “sus grandes éxitos vienen desde muy lejos y todavía perduran”.
Por los años cincuenta y sesenta, hacía las delicias de las muchachas cantando boleros en distintos sitios, siendo las confiterías Rex y Norma dos de los escenarios más recordados por la gente. Tiempos en que los muchachitos de entonces escuchaban y bailaban esos temas y “lo único que tenía que hacer era mirar a la chica y mirar al cantor, que le estaba diciendo lo que él quería decirle”, como acertadamente sintetiza.
La primera canción que cantó se llamaba Los Gitanitos y la siguiente En un bosque de la China, que son clásicos que estaban de moda. Fue en la escuela.
En su juventud estudió canto en Buenos Aires, cuando vivió allí entre 1956 y 1959. Cantó en la cantina Buono y aprovechaba para estudiar con un maestro de apellido Tagliavini, que era barítono del Teatro Colón.
En Tandil empezó a cantar boleros en el Club Ferrocarril Sud, con la jazz Santa Rita dirigida por Luis Arano.
Confiesa que le fue muy bien en la confitería Rex, en tiempos en los que había mucho trabajo para los músicos. Estuvieron ahí cinco años con la jazz de Donvito, con dos funciones todos los días. Antes en El Trébol, de igual manera. Y fueron muy exitosas las jornadas de los altos de la Confitería Norma.
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