20 de mayo de 2009

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. Ciclo de cine y literatura

Esta semana continúa el ciclo de cine y literatura que viene desarrollándose en la Biblioteca Rivadavia. Hoy y el sábado a las 20.30 con entrada libre con previos comentarios literarios y cinematográficos se podrán ver los filmes "Harto de Borges" de Eduardo Montes Bradley y "Noches Blancas" de Luchinio Visconti respectivamente.

Hoy
Harto de Borges
La estrategia de Montes-Bradley para hablar de un escritor sobre el cual ya se ha dicho todo consiste en darle la palabra al propio Borges y a un grupo de intelectuales ubicados al costado de la vida institucional. Pero Montes-Bradley no exhibe a Borges como un cuadro a ser admirado sino como contrapunto a las observaciones de otros. No estamos aquí ante una celebración cholula proveniente del entoo histórico pero tampoco ante la nueva tendencia que impulsa a matar al abuelito. El Borges que surge de la interacción de los testimonios no es el de la iconografía tradicional (¡no se pronuncia la palabra laberinto en toda la película!) sino el de las opiniones fuertes, algunas escandalosas, siempre a contrapelo del lugar común.
Todo surge de la afirmación borgeana de estar harto de sí mismo que, como la escasa valoración que en público asignaba a parte de su obra, resulta una suerte de extraña cortesía oriental no muy creíble, aún en un literato que probablemente haya muerto corrigiendo la coma de menos o el modismo de más.
Desfilan sus amargos pensamientos y escritos contra el peronismo o Carlos Gardel. Que no estaba a la altura de los "cuchilleros jubilados" que conoció Borges y que usaba polvera. Es cierto, era actor y se maquillaba. Pero el desprecio proviene, en verdad, del cariño del escritor por los tangos de la Guardia Vieja sin letra.
Borges deslizará un piropo estético hacia María Kodama y subrayará los indiscutibles amores por Doña Leonor Acevedo, su madre, y por aquellos otros monumentos de Robert Louis Stevenson, Joseph Conrad y Rudyard Kipling.

Sabado 23 de mayo
Noches blancas
Esta novela, lleva el subtitulo de "Novela sentimental (recuerdos de un soñador)".
Argumento: En este relato Dostoievski proyecta lo aprendido en sus años mozos, durante los cuales colaboró "La Gaceta de San Petersburgo. "Noches blancas" puede definirse como una tragedia comentada por un soñador. Es un texto elaborado en prosa artística, con la personal visión sentimental, reflexiva e irónica de Dostoievski. En esta novela, Dostoievski se da a sí mismo, y a través del protagonista del relato, nos ofrece una serie de cuadros en la capital de San Petersburgo en los que, ensueño y realidad se confunden como proyecciones que son, en efecto, de la ardiente imaginación de un soñador.
Visconti llevo al cine "Noches blancas" en 1957 y teniendo como actores principales a Marcello Mastroianniy la bella Maria Schell. El film fué rodado en una escenografía al aire libre montada en Cinecittà y fue ganador del León de Plata en el festival de Venecia.
La historia transcurre en una ciudad de provincias. Mario, un mediocre oficinista que vive en una modesta pensión, encuentra una noche solitaria a una joven llamada Natalia, en cuyo rostro se refleja una profunda tristeza. Le da conversación para animarla y luego de lograr que ella entre en confianza con él, Natalia le cuenta como su vida - gris y aburrida en la casa donde vive con su abuela ciega - cambió con la llegada de un apuesto inquilino del cuál ella se enamoró. Pero un día el inquilino tuvo que marchar, prometiéndole que volvería para casarse con ella, y por eso cada noche acude al mismo sitio para esperar su regreso.
Durante cuatro noches mágicas, Mario vive una intensa experiencia emocional con Natalia, esperando sustituir en su corazón al misterioso inquilino. Esta es la premisa pero al margen de esta maravillosa y sencilla historia, el universo que crea Visconti - respetando bastante al de Dostoievski - es realmente perfecto.
La ciudad en ruina son los claves rasgos de una Italia destruida por la guerra, la gente carga en sus ojos y en sus pasos desganados profundas tristezas y por dónde uno mire encuentra soledades buscando el calor de otro cuerpo. Una ciudad fría pero romántica, oscura pero blanca, todo eso acompañado por una espesa bruma que envuelve al aire, los puentes y a los personajes.
La ciudad - que nos recuerda a Venecia - es como un laberinto al que se ven inmerso los personajes por medio de calles finas y canales venecianos. Natalia no encuentra el camino para volver a reencontrarse con su amor y Mario no encuentra el camino para llegar al corazón de ella. Mario en un momento le dice que no cree en cuentos de hadas, pero bien que su amor a primera vista y el querer rescatarla carga con la magia de un cuento de hadas. Natalia es una versión italiana de Penélope esperando a que vuelva su amor, sin querer engañarlo ni mucho menos enamorarse de otro hombre. Entre humos de cigarrillos, bruma, bares, prostitutas, frío y suburbios, Mario lucha por conseguir romper el caparazón inquebrantable que tiene el corazón de Natalia. En cambio Natalia no deja de hablar de aquel misterioso hombre que, con tan sólo mirarla, logró llevarse su amor prometiéndole el resto de sus vidas juntos. La soledad está en cada paso, en cada lugar y en cada mirada.
Esa gente que aparece durante estas extrañas noches en las que se encuentran Mario y Natalia, son seres buscando un amor o tan solo un poco de calor, son cuerpos fríos en busca de alguien que logre sacarlos de ese estado patoso que nos hace ingresar la soledad. La soledad es el motor de esta ciudad, de su gente y de nuestros protagonistas. Visconti logra con esta puesta de escena hacernos sentir parte de este universo táctil, un mundo que se siente a flor de piel a medida que nos vamos adentrando a los suburbios y a la oscuridad.

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