7 de mayo de 2012
El aire resulta irrespirable cuando el polvillo rojo invade cada rincón del barrio Rodríguez Selvetti. En Rosales al 200, la familia de Néstor Oscar Peralta y Teresa Iriarte clama por una respuesta oficial. Sospechan que los silos de la Cooperativa Agrícola Ganadera de Tandil y Vela Limitada pueden atentar contra su salud. Hace más de 20 años que sufren los efectos presuntamente contaminantes.
"Tengo cáncer y a mi nieto de 3 años le diagnosticaron asma, no quiero que me vaya la vida en esto", dijo Iriarte ante el grabador de LA VOZ.
La preocupación vecinal, acompañada por un número importante de firmas, fue recogida por el propio médico del centro de salud, doctor Abel Rojas. Quien entregó las notas a la Dirección Primaria. A su vez, José Igancio Gilabert, responsable del área, destinó la denuncia a Medio Ambiente. Ahora la repartición que conduce Verónica Fernández realizará un estudio técnico sobre las partículas que emanan los silos. Esos resultados son clave para el esclarecimiento de la verdad, ante la preocupación latente que desvela al vecindario.
De hecho, el próximo 16 de mayo, los lugareños se convocarán en la salita de salud nuevamente, con la expectativa de ser escuchados por algún dirigente político. Puesto que hace un año y medio que plasmaron esta inquietud por escrito, y "nunca nadie vino" con la solución, dijo Peralta.
"La cáscara de la semilla tiene fertilizantes, veneno. Tengo miedo por mi salud y la de mi nieto. Continuamente sentimos el polvillo y el olor a podrido que es insoportable", describió la mujer.
La damnificada reconoció que esto sucede hace mucho tiempo, pero "empecé a tomar medidas desde que me enfermé de cáncer. Antes no hacíamos caso".
El oncólogo Germán Poiman, profesional que atiende a Iriarte, "me dijo que, o se iban los silos del barrio o yo debía mudarme. Pero adónde quiere que me vaya, tengo que vender la casa", relató la señora.
La recolección de firmas es uno de los instrumentos que retomaron en estos días para lograr un mayor consenso. El 16 del corriente, a las 11, se concentrarán en la salita ubicada en Caseros al 1.700, en el barrio Selvetti.
"Yo salí a contar por la radio lo que nos estaba pasando, y al otro día una funcionaria de la Municipalidad salió a responder que nosotros decíamos mentiras", se quejó la vecina.
Cuando en la planta de almacenamiento de granos "prenden fuego circula un gran olor a podrido que se impregna en la ropa", espetó.
Los trastornos se intensifican en épocas de plena cosecha y con la circulación del viento, añadieron.
Al intentar un diálogo con la empresa, en Marconi y 4 de abril, los denunciantes "no nos respondieron nada, diciendo que no los podíamos sacar de ese lugar. Ellos buscan su conveniencia, yo peleo por mi enfermedad", enfatizó la entrevistada.
"Mi vida y la de mi nieto están en peligro", expuso Iriarte en un relato conmovedor.
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