5 de noviembre de 2012

Locales

Locales. Comunicado del Frente Amplio Progresista de Tandil, por el discurso del diputado Andrés Larroque

Las injurias proferidas por el diputado Larroque contra la mayoría de las fuerzas políticas opositoras, pero fundamentalmente contra el Partido Socialista y el gobierno de la provincia de Santa Fe al acusarlo de “narcosocialismo”, provocaron la indignación de los diputados y empañaron una sesión en la que se estaba discutiendo la ampliación de derechos democráticos corriendo la edad de votación a los 16 años, ampliando la base electoral que permite incorporar a casi un millón cuatrocientos mil jóvenes argentinos.

Los dichos de Larroque no hacen otra cosa que venir a confirmar lo que una gran parte del pueblo argentino ya sabe: el kirchnerismo se escuda en el agravio permanente y la deslegitimación del que piensa distinto para esconder sus propias flaquezas y debilidades. Vivimos revolcaos / en un merengue / y en un mismo lodo / todos manoseaos... decía Enrique Santos Discépolo.

En su politiquería barata con acusaciones mentirosas, actitudes y discursos más propios de bataclanas que de barricadas, y con una escenografía puesta y armada para transformar al Congreso Nacional en una suerte de Conventillo de la Paloma, el diputado Larroque, el FpV y sus aliados demostraron ser poseedores de una profunda vocación por la banalización de temas que debieran ser trascendentes y no tomados a la ligera para sacar una escueta ventaja.

El problema del narcocrimen es un azote contra el conjunto de la sociedad argentina y una afrenta contra la humanidad.

Quienes entendemos y abrazamos la política, desde un punto de vista progresista y fundamentalmente emancipatorio, consideramos que el flagelo de la droga es uno de los desafíos más grandes y una de las luchas más duras que la sociedad argentina debe dar.

De un tiempo a esta parte, Argentina se ha convertido en un país promisorio para los carteles de la droga. Pistas de aterrizaje clandestinas, fronteras que son un colador, radares que no funcionan durante la mayor parte del tiempo, Gendarmería y Prefectura realizando tareas de control interno cuando debieran estar realizando otras funciones, medidas que permitieron el ingreso y blanqueo de capitales que no necesitaban justificar su origen, etc., son algunos de los hechos que vienen a corroborar la desconfianza con respecto a los controles que debiera realizar el gobierno de nuestro país. Hechos que preocupan inclusive a Brasil que desde hace un tiempo comenzó a realizar ejercicios movilizando fuerzas armadas y de seguridad a las fronteras con Bolivia, Paraguay, Uruguay y Argentina en un claro intento por reducir la incidencia del tráfico de drogas y armas, el contrabando de animales y productos importados, entre otros delitos.

La lucha contra el crimen del narcotráfico exige ingentes esfuerzos de todos los organismos del Estado (del gobierno nacional y de los gobiernos provinciales y municipales; policías y fuerzas de seguridad federales y provinciales; poderes legislativo y judicial; etc.).

Los memoriosos seguramente recordarán el extraño caso de las cuatro valijas despachadas a España, transportadas por la empresa Souwthern Winds, y que fueron halladas en el Aeropuerto Internacional de Barajas con casi 60 kilos de cocaína. También recordarán que la única identificación que tenían las valijas era una etiqueta para la Embajada Argentina en aquel país. Y si la memoria es muy poderosa, se acordarán que uno de los condenados, Walter Beltramé, era hijo del Comodoro Alberto Beltramé, ex jefe del Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Sentando el primer incidente, ya que no sería el único, que el kirchnerismo tendría con valijas, aeropuertos y policía aeronáutica.

Dicen que el pez por la boca muere y éste parece ser el caso del diputado Larroque. Qué lástima que ninguno de sus compañeros de bancada atino a recordarle que uno de los aportantes a la campaña de Cristina Fernández de Kirchner, en el 2007, fue Sebastián Forza, quién contribuyó con la onerosa suma de $200.000. Asesinado, en agosto de 2008, junto a sus amigos empresarios, uno de ellos también del rubro droguerías, Damián Ferrón y Leopoldo Bina por integrantes de una organización que proveía efedrina a los carteles mexicanos de la droga.

Son necesarios debates francos, honestos y profundos sobre el narcotráfico, que permitan delinear la táctica y estrategia que el Estado se dará para luchar contra el crimen organizado que confisca nuestro futuro como Nación e hipoteca el desarrollo de nuestra sociedad.

Llama poderosamente la atención, que Larroque, acuse a la oposición de ser “esclavos de las corporaciones”, en una clara alusión al grupo Clarín. Otrora importante aliado del gobierno de Néstor Kirchner como también lo fuera de una parte del primer mandato de Cristina Fernández. Grupo Clarín que fue beneficiario de los favores del “capitalismo de amigos” que el kirchnerismo práctica con devoción. Capitalismo que incluye a otros grandes grupos, concentrados y monopolistas, como el caso de TBA y los Cirigliano, responsables junto a otros dos funcionarios kirchneristas como Schiavi y Jaime, del Cromagnon ferroviario que costó la vida a 51 compatriotas y dejó centenares de heridos en febrero de este año.

¿Quiénes son esclavos de las corporaciones? ¿Las fuerzas populares, progresistas y democráticas que venimos denunciando y luchando desde hace décadas contra todo tipo de corporaciones? No, no lo somos y bajo ningún punto de vista permitiremos que se nos considere esclavos de las corporaciones ni de nadie ya que somos personas que pública, individual y colectivamente luchamos por lograr construir un mundo donde la humanidad pueda liberarse de la opresión y de la esclavitud. Lo que nos remite al ideal socialista, progresista y libertario que en nuestra patria nutrió y fue la base de amplias corrientes que han tenido una profunda y enorme influencia en nuestra vida política, económica, social y cultural.

Mucho menos cuando esos agravios provienen de personeros como el diputado Larroque, tristemente conocido y recordado por haber comandado aquel grupo que fue a hostigar y amedrentar a los representantes de la comunidad Qom, encabezados por el cacique Felix Díaz, que protestaban en pleno centro porteño con un acampe reclamando tierras que les fueran arrebatadas por el gobierno de otro conspicuo kirchnerista, Gildo Insfrán, en la provincia de Formosa, obligando a los Qom a abandonar el acampe tras cinco meses de protesta.

Pero más nos llama la atención su categoría de “narcosocialismo” contra el gobierno del Partido Socialista santafecino y contra toda la bancada del FAP esgrimidos en relación al escándalo del ex jefe de policía de Santa Fe, Hugo Tognoli, quien deberá someterse a la justicia. Llama la atención porque, ante la comisión de un delito federal por parte de un funcionario público, las autoridades provinciales no fueran, ni siquiera el mismísimo gobernador de Santa Fe, notificadas por la justicia federal interviniente en el caso.

Larroque debiera recordar que ese socialismo y progresismo que calumnió, es nada más ni nada menos que una de las fuerzas principales que motorizó y abordó un debate serio y republicano cuando se discutió en el Congreso la despenalización del consumo de drogas, proponiendo un enfoque que se convirtió en común denominador para todas las fuerzas políticas que apoyaron la despenalización: el consumidor como víctima y no el favorecido por el desarrollo de la actividad criminal de los narcotraficantes. Punto central que hoy nos permite estar dentro de la vanguardia mundial que constituyen aquellos países que cuentan con una legislación que permite judicializar y perseguir la producción de estupefacientes para su posterior comercialización. Evitando judicializar, criminalizar y estigmatizar al eslabón más débil y vulnerable de toda la cadena: el consumidor.

Dice un refrán popular que el ladrón cree que todos son de su misma condición. Lógica que bien se adecua y amalgama con el pobre, esquemático y binario modelo de pensamiento que suele expresar el surtido de mendacidades con que el oficialismo acostumbra a ofender y agraviar la inteligencia de todo el pueblo argentino. Promoviendo una falsa interpretación de los hechos que, a su vez, le permite constituir la base de un relato mítico, carente de congruencia con el desarrollo de los acontecimientos históricos que nos tocan vivir en está Argentina del siglo XXI. Relato que viene a poner de manifiesto la vigencia de aquella máxima que sostiene que la falsa historia es la base de la falsa política.

Por suerte, nuestra capacidad de asombro, al igual que la de una gran parte del pueblo argentino, ya no se ve desbordada. Por eso entendemos que los continuos y arteros ataques que nos dirige el gobierno, son el prólogo de un kirchnerismo fin de ciclo. De un kirchnerismo decadente que ya no puede darse el lujo de vender espejitos de colores a una sociedad que, día a día, le viene sacando la ficha. De un kirchnerismo al que se le caen todas las máscaras y muestra la peor de sus caras: la adicta al discurso destemplado de los alcahuetes del poder que acostumbran a levantar la mano izquierda cuando señalan y acusan pero que pasan a cobrar todos los meses con la derecha cuando votan lo que las corporaciones le ordenan, tal como sucedió en la lamentable votación de la nueva Ley de Riesgos del Trabajo (ART).

Seguramente, la escena de opereta montada por Larroque y su fanático séquito en el seno del Congreso Nacional no será la última. Qué otra cosa podemos esperar de un diputado que nunca ha presentado un proyecto de ley, a quien no se lo suele escuchar en las sesiones y al que le hemos conocido la voz solamente para enunciar gratuitos agravios como los que profirió el miércoles. Injurias que pretendiendo agraviar al oponente, solo dan cuenta de un hombrecito al que la silla de Diputado Nacional -con la que el pueblo argentino lo honró- le queda demasiado grande.

FRENTE AMPLIO PROGRESISTA - FAP

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