24 de agosto de 2022
Quienes conformamos la Mesa Multisectorial por Memoria
Verdad y Justicia, sostenemos que con persecución política disfrazada de actos
judiciales y proscripción no hay democracia. En ese sentido, resulta que el
pedido de condena y de inhabilitación perpetua para el ejercicio de la función pública
contra la actual vicepresidenta, Cristina Fernández, es una nueva muestra del
uso del aparato judicial para vaciar nuestra democracia de contenido y dejarle
sólo la cáscara.
Jueces, fiscales, empresas periodísticas y políticos
conservadores con más poder que votos se han convertido en una asociación para
la guerra sucia política, mediante denuncias judiciales inventadas y campañas
psicológicas que las respaldan y viceversa, acciones policiales o prejudiciales
injustificadas. Llegando siempre a las conclusiones antes que a las evidencias,
pero penetrando sus mentiras en vastos sectores de la opinión pública. No es
nuevo: Los líderes populares más importantes de la Historia argentina que
osaron avanzar en la justicia distributiva, sufrieron el mismo cañoneo de la
prensa conservadora y de jueces y fiscales del mismo palo. Lo padecieron vivos
y muertos: Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón, Raúl Alfonsín, Néstor
Kirchner y ahora Cristina Fernández. No casualmente, hace pocos meses el
expresidente Mauricio Macri ofendió la memoria de todos los expresidentes antes
mencionados, sincerando su desprecio a toda expresión genuinamente popular en Argentina
como ilegitima o malsana. Tanto el Yrigoyenismo como el Peronismo y los
partidos de izquierda fueron proscriptos por la elite conservadora argentina,
no permanecemos indiferentes ante esta constante de nuestra historia.
Esto no solo sucede en nuestro país, las élites
conservadoras del continente realizan las mismas prácticas desde hace años en
Latinoamérica y el Caribe: Campañas periodísticas que preparan el terreno para
la realización de golpes blandos con los que se derrocan gobiernos democráticos
a través de "caminos institucionales" o con el armado de causas judiciales amplificadas
por medios de comunicación concentrados: Honduras, Paraguay, Brasil, Bolivia,
Ecuador y Argentina lo saben.
Las 109 víctimas del terrorismo de Estado en Tandil y la
región, que esperan desde hace cuarenta y cinco años juicio y castigo a sus
perpetradores sufrieron el mismo tratamiento y la misma guerra psicológica:
"extremistas", "subversivos", "agentes extranjeros", "terroristas" fueron los términos
que la prensa socia de la Dictadura Cívico Militar utilizaba para justificar sus
crímenes sobre la población y estigmatizar a sus víctimas. Ese amargo
aprendizaje de ayer nos permite señalar estas certezas de hoy.
En el juicio más importante de toda la historia tandilense,
el que nos ha convocado para conformar la mesa, vemos las consecuencias de un
ineficiente y sesgado poder judicial que requiere de reformas: ningún petitorio
de la Mesa ha sido contestado por el Tribunal Oral Federal nº 1 de Mar del
Plata, la localía del juicio sigue siendo una irrealidad, se le ha ordenado celeridad
en los trámites y esto no sucede, los jueces son subrogantes, es decir que
atienden otros casos en otras regiones lentificando todo su accionar ( Hace un
año que no se designan jueces en Argentina).
Asimismo, los procesos de memoria verdad y justicia, que
desde esta mesa procuramos y motorizamos, necesariamente sólo se pueden
desarrollar en contextos democráticos que protejan todas las garantías y
derechos constitucionales e internacionales. Sabemos que la mayoría de los
derechos civiles, políticos y sociales se han conquistado gracias a la lucha
política y a la deliberación pública plural que ha ido transformando y moviendo
la sociedad en la dirección de la mejora moral y material de los ciudadanos.
Nos resulta escandaloso que estas élites conservadoras hayan
logrado instalar -en importantes sectores de nuestro pueblo- la noción de que
la sentencia de culpabilidad llega antes de que las evidencias en sede judicial
así lo prueben y la no menos aberrante noción anticonstitucional de que el acusado
debe probar su inocencia como sucedía en los ¿lejanos? tiempos de la Inquisición
y sus hogueras.
Por todo lo anterior, rechazamos las argucias de miembros
del poder judicial que atacan y criminalizan a quienes luchan por sus derechos
y repudiamos los intentos de proscripción a Cristina Fernández Reafirmamos que
la disputa política, las diferencias, deben dirimirse en el terreno de la política
y sólo ser sometidas al veredicto de la soberanía popular.
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