5 de septiembre de 2015

Policiales

Policiales. Condena de 18 años para un violador



El Tribunal en lo Criminal de Tandil integrado por los doctores Pablo Galli, Gustavo Agustín Echevarría y Guillermo Arecha condeó a la pena de 18 años de prisión a Victorio Abel Andraca por los delitos de abuso sexual con acceso carnal reiterado agravado contra una menor de edad y corrupción agravada, representando los intereses de la víctima la doctora María Raquel Hermida Leyenda.
La profesional valoró la tarea tanto del fiscal como de la Red de Contención, que permitió arribar al veredicto condenatorio.
Los hechos que fueron objeto del juicio se concretaron en Tandil entre el 2003 y el 2008, encontrándose detenido el sujeto en la Unidad I de Olmos del Servicio Penitenciario Bonaerense
Quedó establecido a través de las audiencias que los abusos comenzaron cuando la menor tenía cuatro años y se sucedieron hasta el 2008.
La madre de la víctima expresó que notó cambios en la conducta y que le manifestó que tenía dolencias en la zona genital, observando laceraciones en la zona y cuando preguntó que le había pasado la menor dijo no saber.
Informado de la situación Andraca buscó excusas para que no la llevara al médico so pretesto de problemas económicos y buscó una argumentación de que la nena andaba fuerte en bicicleta en la vereda y ello podría haberle causado las lesiones.
En primera instancia la mujer creyó en la argumentación, aunque con el paso del tiempo se dio cuenta que algo andaba mal porque la pequeña no quería dormir sola, presentaba incontinencia urinaria, sufría pesadillas
Ello le fue dando la idea de que algo estaba mal, de que por una lastimadura no se tiene ese cambio de conducta, ella estaba haciendo un profesorado y fue su profesora de psicología quien refirió que cuando hay un cambio de conducta al sujeto algo le sucedió, quedando ello en su cabeza. Al tiempo, un día Abel le dijo que un tío paterno había muerto, y al preguntarle si iría al velorio le contestó “No voy a ir al velorio de ese viejo hijo de puta”, lo notó entonces angustiado, no como siempre, y refirió que Andraca empezó a llorar y le dijo que él había sido abusado por ese tío cuando tenía cuatro años, que por eso había tenido que usar pañales, que la madre no había hecho nada, que lloraba mucho, como si fuera un niño de cuatro años.
Dijo que ello quedó en su cabeza y comenzó a pensar que en muchos casos personas que han sido abusadas repiten la historia, pensaba en su hija, que tenía tantos cambios, que algo tenía que haber pasado.
La mujer ante esta situación enfrentó al marido y lo acusó, negando éste la responsabilidad en las lesiones de la criatura.
Refirió que él siempre dijo que no, que no lo hacía, que así como se lo hicieron él nunca lo iba a hacer, que cómo podía pensar eso. Que ella le explicó lo que mucha gente habla y que los psicólogos dicen que personas que no han recibido tratamiento, que por eso pensaba que él había hecho eso. Que le dijo que si necesitaba ayuda lo iba a ayudar, que iba a estar con él. Siempre lo negó. Después comenzó a amenazarla y también a los chicos, ellos no sabían esa situación, no sabían muy bien lo que pasaba en el matrimonio, esas cosas no se las contaba.
Ella seguía insistiendo que podía ser eso, porque cada vez que volvía a casa preguntaba si estaba él, cuando le preguntaba por qué quería saber, decía “el me jode”, esa pregunta la hacía siempre los jueves, viernes o lunes cuando volvía del jardín. Aseguró que ella siempre seguía pensando en eso y se lo decía: “me parece que sos vos el que lastima”.
Entonces dijo que Andraca empezó a decirle primero suavemente, sin violentarse, sin levantar la voz “te voy a tener que matar si seguís con eso”. A medida que ella continuaba insistiendo comenzó a ser cada vez más violento y agresivo con las amenazas, hasta llegar un momento en que vivir era insoportable, era pelear absolutamente todo el tiempo, cuando él llegaba la casa tenía un cambio impresionante, peleaba con todos, no solamente con ella sino también con los chicos, los agredía verbal y físicamente, fue entonces que se dio cuenta de que no sólo ella corría peligro sino también sus hijos, y se decidió a hacer la denuncia, necesitaba ayuda porque no se podía vivir más de esa manera en la casa.
Explicó que su sospecha no fue cuando la nena dijo estar lastimada, sino dos años después cuando le cuenta lo del tío, que desde ese momento comenzó a restringirle los contactos con la nena, que no la llevara a la escuela, que no estuviera con ella a solas, que siempre estuviese con las hermanas. Que ella no le dijo que iba a hacerle una denuncia penal, nunca lo amenazó, nunca le dijo que lo iba a denunciar, pero sí le decía que él abusaba.
Refirió que Andraca con los otros chicos no hizo esto de llevarlos a dormir la siesta, la única que llevó fue a la víctima, era el único momento de intimidad. Que desde el año 2003 al 2008 trabajó en el campo “La Querencia” ubicado en cercanías de La Dulce, él venía los viernes o los jueves y se iba los lunes. Cuatro o tres noches pasaba con ellos en la casa del Barrio Arco iris, esos días dormía la siesta siempre, y siempre llevaba a la menor a dormir la siesta. Cuando comenzó a sospechar, empezó a tomar medidas, pero cuando podía dormir a la siesta con ella, a veces no se daba cuenta porque la hacía entrar por la ventana de la habitación, para ese entonces ella estaba haciendo el profesorado de cerámica en la Escuela Municipal, los sábados y esos días no estaba en la casa.
Dijo haberse emocionado cuando le contó Andraca que le había pasado cuando era niño y que lo único que una vez le dijo era que si había una infidelidad en el matrimonio era por una falla de los dos, nunca dijo que lo iba a denunciar si le era infiel, no lo amenazó con una denuncia. Dijo que eso no existió.
Andraca permaneció en la casa hasta el 24 de noviembre de 2008 cuando se dispuso su exclusión del hogar por una causa civil por violencia familiar, ya que ella había hecho la denuncia de abuso el 20 de junio y el 30 de septiembre de 2008 la causa fue archivada.
Que pasados quince o veinte días de esta última fecha la nena comenzó a orinar sangre, que la llevó al médico, le hicieron análisis, y el Dr. Cabana le dijo que no tenía que ver con patologías, que la nena está orinando sangre por lo que vos estás sospechando, preguntándole cómo iba eso de la denuncia contestándole que la habían archivado, y fue él quien le indicó dirigirse al organismo judicial ubicado en 9 de Julio y Montevideo y denunciar lo mismo ahí. Así lo hace, allí le toman la denuncia, concurre varias veces, relató todo y abren una causa por violencia familiar, por la cual lo excluyen a él. A partir de ese momento dejaron de existir los abusos, hubo señales, porque Olivia dejó de tener pesadillas, a estar más tranquila, dejó de hacerse pis, la casa completamente cambió, comenzó a ir a la psicóloga Yanina Cansobre provista por el Servicio Local. Atribuyó ese cambio en su hija a dos cosas, el tratamiento con la psicóloga y que el padre no estuviera más en la casa. Dijo que ella ha hablado con le nena y le cree a su hija.
Dijo que su hija siente que no vale nada, no tiene ganas de vivir, todavía sigue pensando eso, que ella la abraza y la besa mucho pero no sabe que es lo que siente ella. En referencia a la oportunidad en que se llevaban a cabo los abusos, dijo que la siesta era una práctica sagrada, no se hacía ruido, se trataba de evitar todo tipo de situación que interrumpiera el sueño, cuando Andraca iba a la habitación dejaba la puerta entre abierta, todos nos quedábamos en la cocina tratando de hacer el menor ruido posible, eso fue siempre.
El Dr. Jorge Cabana, médico pediatra, ratificó el resumen de historia clínica de la menor y dijo que la niña fue atendida por él en el nacimiento y controlada periódicamente durante los primeros años de vida, que con fecha 2 de octubre de 2008 concurrió al consultorio por dolor en flanco izquierdo, surgiendo por comentario de la madre la posibilidad de hematuria –sangre en orina-, solicitando estudio de laboratorio. Que sin la presencia de la menor la madre manifestó dudas sobre la actitud del marido respecto de la niña, brindando algunos datos que inducen a pensar la posible existencia de abuso sexual, que había realizado la denuncia sin tener respuesta. Que aconsejó entonces consulta con el Defensor de Menores para evaluar conductas a seguir en protección de Olivia. Que en fecha posterior remitió los resultados de laboratorio, solicitando por vía telefónica su opinión de éstos, que resultaron normales, haciendo saber que se estaba ocupando del problema de Olivia.
Dijo que en realidad no recordaba detalle pero recordó que fue así, que no revisé a la chica, fue una charla con la madre sin estar ella presente, que no le pidió que la revise, pero que de todos modos el relato de la madre le resultó creíble. Dijo que no tiene un parámetro objetivo para decir por qué, así le aconsejó una consulta con la Defensoría de Menores para poder avanzar en esa línea. Que la sospecha de abuso viene sólo por el relato de la madre, no revisó si había lesión vaginal, no había signos clínicos, reiterando que le resultaba creíble el relato de la madre, por su experiencia, la forma del relato, las cosas que decía no le resultaba fantasioso o descolgado, explicando que no es habitual que por una hematuria se aliente a seguir la investigación. Que había signos inespecíficos que generaban dudas. Su consejo fue seguir avanzando con la Defensoría de Menores, le parecía el lugar adecuado, al caso lo siguió indirectamente, la mamá cada tanto le reportaba y le informaba. Refirió que el relato de la madre, por su experiencia, la forma de realizarlo y por las cosas que decía, no le resultaba fantasioso o descolgado.

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