26 de junio de 2009
Reunidos en la Sala de Acuerdos del Tribunal en lo Criminal de esta ciudad, los jueces Pablo Galli, Guillermo Alberto Arecha, y Carlos Alberto Pocorena, dieorn a conocer el veredicto en la causa caratulada "Fabre, Martín Angel - Abuso sexual con acceso carnal calificado, reiterado", del cual resultara víctima una menor hace 10 años.
La dilación en el tratamiento de dicha resolución versó sobre la fuga que oportunamente protagonizó el imputado de los calabozos de la Seccional Segunda, y tras ser recapturado
El Tribunal condenó al acusado a la pena de 14 años de prisión, como autor penalmente responsable del delito de "Abuso sexual con acceso carnal calificado, en forma reiterada, hechos cometidos entre marzo de 1999 y julio de 2000 en nuestra ciudad, en perjuicio de una menor de edad.
Para los jueces resultó acreditado que a partir de fines del mes de marzo de 1999 y hasta el mes de julio de 2000, en la ciudad de Tandil, Martín Angel Fabre abusó sexualmente de la menor, que a esa fecha contaba con 11 años de edad, aprovechando la situación de convivencia con la misma, inicialmente con tocamientos en sus zonas púdicas y, posteriormente, mediante acceso carnal.
Dicho accionar se reiteró en numerosas e indeterminadas oportunidades, indistintamente, en el interior de la vivienda que habitaban y en el taller mecánico anexo, en el interior de otra vivienda, como así también en otros distintos sitios descampados próximos a la ciudad, a los cuales Fabre la llevaba en la camioneta marca Dodge de su propiedad.
El sostén de la conclusión de los magistrados se condicen en modo primordial por la declaración testimonial de la menor.
Dentro de su testimonio, la menor explicó que cuando tuvo diez años, más o menos, ya las cosas no eran normales entre ella y su padre, que había otro tipo de manoseos que no eran normales entre padre e hija y, cuando cumplió los once años las cosas cambiaron, comenzando todo lo del abuso. Dijo que con su hermana se alternaban para dormir junto a su padre en la cama matrimonial porque estaba solo, una noche que compartía la cama con Fabre este le dijo: "que le iba a enseñar cosas para cuando ella fuera grande...". Que las cosas siguieron pasando, que no lo habló con nadie porque tenía miedo, que algo podía pasarle a su mamá.
Detalló que los hechos pasaron no solo en la casa, sino también en el taller mecánico y más precisamente en el interior de la fosa, en una quinta en la zona de "La Elena", y también en el interior de la camioneta que tenía Fabre, cuando iban a hacer mandados y éste detenía la camioneta en lugares apartados y allí "pasaba".
Relató que en un principio Fabre la hacía sentar en su falda y "la apoyaba" luego, en la cama de la casa, fue la primera oportunidad en que tuvo relación sexual, que fue ésta su primer relación sexual. Que esa noche le dijo "que le iba a enseñar cosas para cuando fuera grande...", en esa oportunidad la tomó con fuerza, no recordó si la desnudó por completo, pero que la penetración fue solamente por la vagina. Que en esa primera vez no hubo amenazas, que las cosas siguieron pasando, recordando que en otra oportunidad en el taller -en la fosa-, sí la amenazó.
Reiteró que la frecuencia era de seis veces por semana, siempre se mantuvo igual. En relación a los abusos en el interior de la camioneta -no recordó su color-, era cuando Fabre salía y ella tenía que ir con él, le decía "que la necesitaba para el mandado que tenían que hacer", pero no recuerda si el mandado se hacía efectivamente; iban a montes y a otros lugares alejados, no recuerda la zona, pero tiempo después le ha pasado que al transitar por un lugar éste le ha parecido similar, que se trataba de una calle de tierra. Que cuando concurrían a la quinta también sucedieron abusos, que cuando la llevaba sentía la necesidad de oponerse pero pensaba que podía ser peor si no iba, por las amenazas contra su madre y que le pasara algo a ella. Recordó que Fabre le decía "no le cuentes a nadie", ella lo tomaba como una amenaza, se suponía que no tenía que hablar.
Refirió la testigo que después de las relaciones era como si nada hubiese pasado. Que no le repetía que era para enseñarle; que sentía miedo, asco de sí misma, que no podía contárselo a nadie y que tenía mucho miedo que pasara algo sobre su persona o sobre su madre. Que ella ya sabía que iba a suceder una nueva relación cuando solo le decía Fabre "que tenía que ir con él", eso indicaba que se venía una relación.
Explicó que cuando visitaba a su madre necesitaba bañarse, tenía "asco" con su propio cuerpo, que tenía bronca consigo misma, que vivía llorando. Relató cómo su mamá le empezó a preguntar qué sucedía con el victimario, que insistió mucho y cree que se lo contó el mismo día que se fugaron, cuando su madre le volvió a preguntar y ella definitivamente le dijo que si, sin contarle sin darle otras precisiones, que contó de modo detallado cuando la llamaron a declarar, tenía once años. Que a más de su mamá y su amiga y compañera de colegio no se lo contó a nadie más, incluidas sus tías, hermanas de su madre.
Refirió la menor que familiares de Fabre se le acercaron, pidiéndole por favor que dijera que todo era mentira, Fabre ya estaba detenido, que fue la única vez que se lo dijo.
La palabra de los profesionales
A pedido de la Fiscalía y con la anuencia expresa de la Defensa, se autorizó que la Perito Psiquiatra Dra. Cristina Garófalo del Cuerpo Médico Forense y el Licenciado en Psicología Adrián Córsico presenciaran la declaración de María Soledad Fabre en la audiencia de debate. Con inmediatez a esta última ambos peritos pasaron a declarar en forma conjunta. Esta situación permitió a través de las preguntas y repreguntas de las partes, confrontar las opiniones de ambos peritos sobre los hechos y sus protagonistas en el marco de sus respectivas incumbencias.
Así, la doctora Garófalo dijo haber entrevistado a la menor cuando tenía once años, que en esa oportunidad no surgieron indicadores de estar ante una persona fabuladora o mendaz y entonces pudo concluir, por los estudios realizados, que el relato efectuado por la menor resultaba verosímil; que al escuchar el relato de la menor en la audiencia puede decir que, en líneas generales hay correspondencia, que no encontró nada para resaltar en contra, sigue siendo un relato verosímil desde el punto de vista psiquiátrico. Agregó la perito que en una valoración técnica la declaración tiene coherencia interna, que los hechos relatados resultan verosímiles y que el relato es acorde con la edad, destacando que ahora utiliza otro lenguaje desarrollado por la madurez adquirida por el transcurso de casi diez años.
Por su parte, el licenciado Adrián Córsico destacó que el relato de los hechos efectuado por la menor nueve años atrás, es muy similar al escuchado en la audiencia, aunque ahora mas enriquecido por la edad; sostuvo que hay correspondencia emocional entre lo vivido y la forma en que lo relató, que sobre eso también concluyó en la pericia de nueve años atrás, que allí descartó que existiera un discurso "adultizado" o influenciado por mayores, que en aquel momento escuchó de la menor una posición de "objetivización", usada como un objeto, "como un micrófono", y que ahora -luego de escucharla- puede afirmar que su psiquis ha podido subjetivar; no observó animosidad hacia el sujeto -Fabre-, considerando que ambos relatos -el anterior y el actual- los ve desprovistos de influencias y que, a su entender, han sido espontáneos.
La doctora Garófalo amplió tal concepto aseverando que cuando una persona memoriza un relato, no está en condiciones de transmitir emociones, que en esa exposición va a faltar el correlato emocional que normalmente acompaña esas situaciones, el relato pierde espontaneidad y se incorporan palabras que no son acordes al nivel educativo, por el contrario, en el caso existe y ha existido un correlato emocional acorde. En ese orden de ideas, Córsico afirmó que por lo general, en el relato aprehendido hay una carencia simbólica, a diferencia de los relatos de la víctima tanto en la audiencia como en el anterior nueve años atrás ha existido una fuerte carga simbólica, surgió claro de los mismos haber vivido un hecho traumático y, en tal sentido, apuntó que el hecho de bañarse -relatado por la menor- tiene que ver con la culpa, al niño abusado lo primero que le aparece es la culpa, "¡qué estoy haciendo yo para generar esto!", y ello surge sobre todo en las niñas cuando son abusadas por sus padres, afirmó que en la víctima hay rasgos neuróticos y no psicóticos, que le permitieron dar significado al hecho de "bañarse" para aliviar la angustia y la ansiedad.
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