11 de junio de 2010

Policiales

Policiales. Condenaron a un hombre por abusar de su hija hace siete años

Ayer el mediodía se ventiló el veredicto del Tribunal Criminal por el juicio en que se juzgó la responsabilidad penal de un hombre acusado de violar en reiteradas oportunidades a una de sus hijas, hace siete años.
La sentencia fue puesta en conocimiento de las partes en horas del mediodía, cuando el secretario del Tribunal, integrado por los jueces Guillermo Arecha, Pablo Galli y Carlos Pocorena, informó sobre un veredicto condenatorio, con una pena de 14 años de prisión, como autor penalmente responsable del delito de “Violaciones agravadas -dos hechos-, cometidos en Tandil con anterioridad al 7 de febrero de 2003, en perjuicio de su hija.
Asimismo, el fallo ordenó la detención del acusado, la que fue efectiva inmediatamente, debiendo el causante permanecer alojado en las dependencias que las autoridades de la Jefatura Departamental de Policía dispongan hasta tanto sea otorgado el correspondiente cupo de alojamiento por parte del Servicio Penitenciario.
Respecto a los elementos de convicción detallado por el juez Arecha, en adhesión con sus pares, se tomó de las copias certificadas de la causa del registro del Tribunal de Menores, informes médicos, acta de allanamiento, copias certificadas del legajo personal de la menor de la Fundación “Pequeños Hogares”, declaración del imputado, informe pericial psicológico de la menor y del acusado, informes socio ambientales, actuaciones que se incorporaron por lectura al debate y con los testimonios escuchados en la audiencia.
Todos aquellos elementos sirvieron al magistrado para encontrar suficientemente acreditado que el 6 de febrero de 2003 y con anterioridad a esa fecha, en al menos dos oportunidades, en el domicilio de la calle Riato al 2000, en la cama matrimonial existente en la única habitación del inmueble, el acusado mediante intimidación aprovechándose de la situación de convivencia y de padre y encargado de la educación y guarda de su hija menor de 13 años, abusó sexualmente de la nombrada con tocamientos en pechos y demás zonas púdicas y la accedió carnalmente por vía vaginal. Como dato revelador que la menor había tenido relaciones sexuales lo acredita el informe médico ginecológico.

LOS TESTIGOS

A la hora de reseñar sobre el testimonio de los que pasaron por la audiencia, el Tribunal citó los dichos de varios testigos, entre ellos Andrea Carolina Pedersen, quien recordó que el día 7 de febrero de 2003 se desempeñaba como cocinera del Centro de Día “Imagina” al cual concurría la menor al igual que sus hermanos, que al momento del almuerzo la niña le refirió que le dolía la cola, manifestando que esa noche le había sangrado, que era la cola de atrás, se le notaba en la cara que evidentemente le dolía, que se sentó a comer, se levantó y le solicitó un almohadón, que no se lo pudo facilitar por no tener. Que le preguntó qué sentía, al tiempo que le decía que no era normal ese sangrado que descartó como resultado del ciclo menstrual, contestándole la menor que había manchado las sábanas con sangre. Ante la sospecha de que pudiera haber otra cosa comentó dicha circunstancia con el cuerpo de profesionales del centro.
Luego la licenciada Julia Andrea Méndez refirió en la audiencia que al tomar conocimiento de cómo se encontraba la menor ese día habló con ella preguntándole si le había pasado algo, teniendo en cuenta una cierta sospecha que al respecto venían manejando desde el momento que las docentes de la escuela a la que concurría la niña, comentaron la posibilidad de aspectos sexuales no acordes con la edad de la menor, dificultades para comunicarse con sus maestras, a quienes escribía como queriendo hacer notar otras cosas. Que al hablar con ella ese día le dijo que le dolía la cola, poniéndose a llorar, así tomaron la decisión de llevarla hasta el consultorio médico de “CAMI” donde el doctor Lunghi no pudo revisarla por el estado de profunda angustia que presentaba, sugiriendo el facultativo dirigirse directamente al Tribunal de Menores.
Explicó que encontrándose esperando ser atendidas en un pasillo del organismo, la nena, de modo espontáneo dio a entender que era abusada por el padre. Que se les tomó declaración, tomando conocimiento en esa oportunidad de las manifestaciones de la menor en ese sentido; que desde ese día por disposición del Tribunal la menor fue derivada y alojada en otro Hogar de Contención, de la Fundación Pequeños Hogares. Que allí permaneció hasta su egreso al cumplir los 15 años en que fue derivada al Hogar del Buen Pastor de la ciudad de Azul.

HOMBRES QUE LA PERSEGUIAN

Dijo la testigo que la sola idea de cruzarse con su padre a la niña le producía un miedo que la paralizaba, sentía culpa cuando pensaba en sus hermanos; dijo que siempre mantuvo la misma versión de los hechos, su angustia al respecto era permanente recordando en este sentido que relataba sueños o pesadillas recurrentes de “hombres que la perseguían”.
Recordó la testigo que se trataba de era una niña buena, que no acostumbraba a mentir o fabular y que siempre creyó en la versión de los hechos que atribuía a su padre.
La licenciada Andrea Edith Cantu, por su parte, refirió desempeñarse como profesional psicóloga en el Centro de Día Imagina, recordando que a fines del año 2002 concurrió al domicilio de la familia acompañando a una de las Trabajadoras Sociales, que en una primera oportunidad sólo encontraron a la niña y a su hermano menor que estaban en la calle, luego en otra sí al padre y a los menores, que sólo conoció de la casa el ambiente de la cocina-comedor, siéndole referido en esa oportunidad que sólo había una habitación para los cuatro hermanos y el padre. Que en esa oportunidad el padre manifestó que compartía la cama con la hija y “que en el barrio se decía que él se aprovechaba de su hija”, poniéndose en evidencia por las circunstancias de convivencia, la posibilidad de alguna situación de violencia familiar derivada del hacinamiento y promiscuidad.
Reseñó que en la niña se constataba la falta de higiene personal, que al tratarla mostraba la necesidad de contención al tiempo que también exteriorizaba inestabilidad emocional.
En tanto la testigo Lidia Edit Conforti refirió haberse desempeñado en la Fundación Pequeños Hogares, haciéndose cargo como Coordinadora del Hogar en marzo de 2003, que allí se encontraba integrada la menor y que permaneció en el mismo hasta el año 2005 cuando cumplió los quince años, que la convivencia en el hogar funcionaba como una familia, ella y su marido con dos hijos propios y nueve niños y niñas más. Que la menor era una niña buena, dulce, con necesidad de contención que tenía permanentes pesadillas por las noches que provocaban estados de angustia por lo que ella se levantaba para calmarla y tranquilizarla, explicó que era recurrente en sus sueños “hombres que la perseguían”.
Añadió en su relato que si bien había tomado conocimiento por las profesionales de la Fundación los motivos del alojamiento de la niña nunca le preguntó a ésta sobre los mismos, hasta que un día, cuando todos en la casa se encontraban durmiendo, ella se había quedado en la cocina tomando un café y fumando un cigarrillo cuando se apareció la menor quien le comenzó a hablar de la relación con su padre, que éste había abusado de ella, que la penetraba, que le hacía adoptar determinadas posiciones sexuales.
También refirió la testigo haber escuchado al hermanito menor, quien decía haber visto a su hermana arriba de su padre en la cama grande y que este le daba besos en la boca y la tocaba.

El relato desgarrador

Si bien la víctima, hoy mayor de edad, no participó del juicio, los jueces se tomaron de sus dichos en su relato de aquellos años en el Tribunal de Menores.
Allí, con la supervisión del Asesor de Menores e Incapaces, la víctima esbozó un croquis de la vivienda que habitaba junto con sus hermanos y su padre y refirió que ella dormía con su papá desde que su madre se fue a vivir a la provincia de San Luis, que desde ese momento su padre la comenzó a tocar, que lo hacía por debajo de la ropa, del corpiño, que siempre sucedía de noche y no todos los días; que ella dormía con la ropa que tenía puesta en tanto su padre lo hacía solamente con calzoncillos. Que cuando se sucedían los hechos su hermano se encontraba en la habitación ocupando la cama de al lado.
Al ser preguntada por lo sucedido el 6 de febrero de 2003 espontáneamente refirió: “le dije a mi papá que me quería acostar en la cama donde dormía mi hermano... cuando todos estaban durmiendo mi papá me llamó aproximadamente a las dos o tres horas de acostarse, bajito y me dijo que me iba a dar una moneda. Cuando fui él se sacó el calzoncillo y me sacó toda la ropa”.
Luego continuó relatando que la tocaba en las partes íntimas y la penetraba... “Me dolía, yo grité y mi papá me hizo callar tapándome la boca ... y si yo decía eso dijo que me iba a matar aunque él iba preso (…) cuando me desperté fui al baño, hice pis y me ví sangre en la cola (…) había manchado la bombacha que tenía puesta...”.

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