26 de abril de 2013
La ola de fallecimientos trágicos en Tandil despertó la reflexión del Consejo Pastoral, que en conferencia de prensa, leyó una carta abierta donde convocó a la recuperación de los valores, el amor al prójimo, la responsabilidad y la cultura de los límites.
Titulada "eligiendo entre la vida y la muerte", la misiva se pregunta si "está bien aceptar que la violencia y su socia la muerte se apoderen de nuestra ciudad".
"La condición humana no nos habilita a aceptar la fatalidad como resultado de procederes derivados de nuestra ignorancia o torpeza", expresó el pastor José García, en representación de sus pares.
Más tarde interrogaron los religiosos: "ソporqué Tandil se está tiñendo de luto en estos últimos tiempos?".
Cuestionaron algunas justificaciones que suelen circular en la sociedad: "el mundo está cambiando y nosotros con él, es parte de las características de la aldea global, es culpa del gobierno, de la policía, la justicia, no se aplican las leyes, falta de control".
Para los pastores, que el mundo cambie "no nos obliga como ciudad a aceptar sus cambios sólo por habitarlo". Y agregaron que "descargar culpas en gobiernos e instituciones que se establecen democráticamente es proyectar nuestra responsabilidad y frustración en lo que antes elegimos y votamos".
Luego adujeron que hablar de leyes y controles implica "traducir en deberes y derechos que a todos nos cuesta aplicar con sentido común".
Los habitantes de esta ciudad "no hemos visto escenas de violencia y muerte en los últimos 60 años como ahora", sostuvieron. Y opinaron que antes un caso policial "ocupaba la sorpresa del ciudadano por mucho tiempo, no era lo normal, no estábamos habituados ni acostumbrados", apuntaron.
De este modo, los religiosos reflexionaron sobre el momento en que "bajamos los brazos y lo aceptamos como natural".
LAS "MISERIAS"
Los pastores refirieron que "bajamos los brazos el día que creímos que todo daba igual. Empezamos a aceptar esta situación como natural porque nos resultó más cómodo que combatirla. Lo que perdimos en el camino fueron los valores morales que nos enseñaron nuestros mayores".
"Todavía es un valor amar al prójimo como a nosotros mismos", valorizaron los hombres de fe.
Posteriormente aseguraron que amar también es "poner límites a nuestros hijos a pesar del momento de desagrado. El amor a nuestros padres nos compromete a honrar su autoridad. El amor hacia los nuestros implica decirle que エnoエ a algo si es "no" aunque temporalmente se enojen", subrayaron en la conferencia de prensa.
"Sólo necesitamos un motivo mínimo para derramar violencia sobre otro. Y como todo lo que se derrama, sabemos que empezamos con pequeñas gotas pero nunca imaginamos la inundación", manifestó García.
Y espetó que "la ira comienza con un descalificativo y termina en circunstancias cercanas a la muerte, o en ella misma".
Más tarde mencionó al "robo, el maltrato, la corrupción, la falsedad, la mentira, la descalificación, el pleito, el alcohol, las drogas, el agravio, el fastidio, la desconsideración, la pobreza, la desidia, lo ilegal, la usura, la soberbia, la inmoralidad, las frivolidades, los sectarismos y otras miserias se adueñaron de los corazones y luego de las calles de esta ciudad".
"NO DEBEMOS VER MチS JOVENES LLORANDO EN LOS HOSPITALES"
Para los religiosos, "las escuelas y universidades solas no pueden educar, solo nos informan. Se educa y se forma en el hogar, los valores son las herramientas. Los maestros y profesores no son padres, son servidores públicos. Los amigos no son padres, son solo vivencias circunstanciales en algunos casos. Los padres no son pares, son autoridad amorosa aplicada a sus hijos", reseña la misiva.
"La muerte de alguien por irresponsabilidad nos afecta a todos. No debemos ver más jóvenes llorando a sus amigos en las puertas de los hospitales o velorios en sincera solidaridad y acompañamiento", evaluaron.
Los chicos -añadieron- están en la edad de "reír juntos por logros alcanzados y amores logrados. No deberíamos ver familiares reclamando en comisarías, tribunales o distintas dependencias las muertes absurdas de sus amores y vecinos. Deberíamos verlos construyendo sueños a futuro en ayuda mutua".
Según los pastores llegó el momento de elegir "no sólo que ciudad le vamos a dejar a nuestros hijos y nietos, sino también qué hijos y nietos le vamos a dejar a esta ciudad. Dios nos ha dado una de las ciudades más hermosas y completas del país y nos la dio para que la administremos sabiamente".
"Debemos elegir adulta y resposablemente entre una ciudad que avanza hacia la vida y la disfruta, o dejarla caer en las garras intolerantes e irrespetuosas de la muerte", concluyó la carta.
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