19 de abril de 2010
Una actividad agrícola poco convencional se erige como ejemplo de esfuerzo familiar y conocimiento técnico, en un rinconcito del norte de Tandil. Se trata de “ La Caracolera ”, un predio perteneciente a la Asociación Civil “Rincón Solidario”, a su vez dependiente de la parroquia “Santísimo Sacramento”.
Hace 8 años que el microemprendimiento rinde sus buenos frutos, bajo el paraguas del padre Raúl Troncoso. Por allí caminó hace algunas semanas el diputado nacional Francisco De Narváez, en una recorrida junto al religioso.
A fines de febrero, en las tierras de Depietri y Ugalde, se realizó la cosecha anual, con un resultado de 150 kilos de caracoles. Mariano Spikerman, responsable del criadero, recibe a LA VOZ junto a los suyos, en una mañana húmeda y gris. Un clima inmejorable para la reproducción de esta especie que, en España, Italia y Francia, entre otros países europeos, resulta un menú más que apetecible, aunque suene tan extraño al paladar criollo.
En dos sombráculos, los criadores trabajan todos los días por mantener la humedad, la temperatura y vegetación que permita la subsistencia y crecimiento de la comunidad caracolera.
Por su parte, la ingeniera agrónoma Fanny Martens, referente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, supervisa desde el punto de vista técnico la sustentabilidad del emprendimiento.
“Los caracoles ponen sus huevos 4 veces al año, pero aquí hacemos una sola cosecha cada 12 meses, y garantizamos así la continuidad del ciclo”, explica Spikerman.
La helicicultura, en tanto, permitió que en 2010, la ONG obtenga 150 kilos de producción, la cual se transporta y comercializa a un gran criadero ubicado en la localidad de San Andrés de Giles. Actualmente, dicha empresa paga 11 pesos por kilo, en tanto el año pasado el precio rondaba los 8 pesos. De allí, se exporta en avión, pertrechados con cámaras frigoríficas, con rumbo al Viejo Continente.
La familia debe asegurar las condiciones mínimas para el crecimiento del caracol. Por eso resulta fundamental el riego, corto pero regular, la media sombra que cobija el lote, y el alimento. “En mayo nos toca colocar los plantines de repollo, acelga y achicoria”, señaló Spikerman sobre la comida de los caracoles. Aunque poco antes de la extracción, también se les da conchilla y alimento balanceado.
A la hora de los costos, los emprendedores mencionan la energía eléctrica, pues allí el agua de riesgo se origina en una bomba. También cuentan con una refrigeradora rodante, que permite el traslado a bajas temperaturas. A su vez, en el predio existen dos invernaderos, aunque por el momento se utilizan los sombráculos para la cría del caracol. “Debe conservarse un 70 % de humedad constante, y que el caracol no tome contacto con la tierra, porque se muere”, manifestó el entrevistado.
Por otro lado, se supo que en el mismo inmueble de calle Depietri, se pondrá en marcha muy pronto una huerta demostrativa, donde el INTA capacitará a los interesados en aprender el oficio.
HELICICULTURA
La helicicultura es la cría de caracoles terrestres en cautiverio, destinados a la alimentación humana. Su comercialización, en los países consumidores, abarca la venta en vivo, congelados y en conservas, y también elaborados (cocidos y condimentados), listos para su consumo.
La carne del caracol es muy pobre en grasas, del 0,5 a 0,8 %, en comparación con la carne de ternera y la de pollo cuyo contenido en grasa es de 11,5 % y el 12%, respectivamente. Es relativamente pobre en calorías de 60 a 80 por cada 100 g , es rica en proteínas de un alto valor biológico de 12 a 16 %, en sustancias minerales 1,5 % aproximadamente y en nitrógeno 2,5 %. También cabe señalar que en las proteínas que contiene están presentes la casi totalidad de los aminoácidos necesarios para el hombre, 9 de 10 y en las proporciones requeridas para la síntesis proteica.” (A.S.E.H. – España)
Especialistas aseguran que la carne de caracol tiene un valor proteico considerable, sales minerales, escasa cantidad de grasa y un 80% de agua, siendo un plato delicioso y nutritivo (apto para regímenes hipocalóricos, dietas para deportistas, diabéticos, anémicos), respondiendo a las nuevas pautas de alimentación para el siglo XXI.
Se consideran la Argentina , Chile y Uruguay en situación privilegiada para el desarrollo de la helicicultura, por su clima óptimo y también por ser considerados países libres de contaminación ambiental.
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