23 de enero de 2010
El lugar común diría que la política es dinámica, y como tal hay que entenderla, digerirla. Más que a la política a los políticos, una casta que no deja de sorprender sobre sus idas y vueltas, saltos y demás piruetas con el sólo propósito de pertenecer y perpetuarse.
Y si dinámica se habla, qué decir de los dichos del jefe comunal y compañía, cuyo pragmatismo no deja de sorprender. Se ha permitido ocultar el sello partidario para pasar a ser los alfonsinistas de la primera hora. A enamorar al kirchnerismo para después despotricar por su manera de gobernar. De pasar a ser discriminados por las obras que no se cumplen a terminar aceptando que Tandil ha sido privilegiada por esas mismas obras nuevamente comprometidas. Incluso Lunghi, en tren del renovado entusiasmo, afirmó que nuestra ciudad fue la única en el país en recibir los millones que recibió para dos trascendentes obras de cloacas y agua.
Lunghi y los suyos intentarán explicar que se trató de una estrategia. Que para gobernar hay que jugar fuerte, y así lo hicieron. Dijeron a viva voz ser víctimas directos del rencor kirchnerista. Que desde la subida a la cosechadora todo fueron desplantes. No hubo más comunicación y los recursos se congelaron sin más.
Los hechos así lo demostraron durante el año y meses que pasaron. Las obras comprometidas por Nación dejaron de hacerse y no había más motivos, explicaciones que las conjeturas esgrimidas desde el pago. Lisa y llanamente un castigo, la discriminación por no seguir los suicidas patagónicos.
Las conjeturas cobraron forma porque no hubo, ni hay ahora tras la visita de los funcionarios kirchneristas reasumiendo el compromiso de las promesas incumplidas, razones concretas sobre los motivos que generaron el parate. Si fuera por la crisis económica, la debió padecer todo el país, no sólo los distritos no afines al modelo centralista.
EL REDITO
En ese mismo tren de especulaciones, también se sucedieron los autoproclamados gestores de la visita. Desde el municipio, alegando que a pesar de las denuncias mediáticas seguían por lo bajo gestionando a funcionario que era posible; a la oposición, arrogándose también el crédito por las buenas nuevas. Si hasta los integrantes de la comisión de Toma y Posesión de viviendas del plan federal se creen mentores de la llegada.
Como en verdad nadie sabe bien por qué el kirchnerismo se dignó a bajar a Tandil, todos aprovechan la gris circunstancia intentando sacar un rédito que, en verdad, se debiera endilgar a uno y cada uno de los vecinos que emprendió la lucha. Desde la controvertida toma en La Movediza, a los ensordecedores gritos cual otrora barrenos de Cerro Leones, hasta el persistente demanda detrás de la cruel barrera de la 226, Villa Aguirre.
Su persistente lucha, su participación y exposición, hizo que el habitual tranquilo enero pasara a ser un hervidero para aquellos que tienen que dar respuestas, porque para eso asumieron la responsabilidad, tienen el honor y el privilegio de representar a un pueblo.
A la hora de explicar qué pasó con este “clic” que hizo el kirchnerismo para con el lunghismo, los propios radicales terminan de aceptar que las razones habría que encontrarlas en el propio pensamiento del matrimonio presidencial.
Tal vez los Kirchner aún no logren discernir como una ciudad media del interior como Tandil, al que efectivamente se la ha bajado los millonarios recursos que se requirió, hayan bajado drásticamente en su imagen. Del 45 por ciento de adhesión que se tradujo en votos en el triunfo presidencial de Cristina, al 15 por ciento que cayeron tras conflicto agropecuario.
No habría que creerse que se ha puesto especialmente la mirada en Tandil, de los millones de pesos que maneja, por ejemplo, la cartera de Vivienda, nuestra ciudad es apenas un lunar.
Pero un repaso por distintos distritos del interior bonaerense dan la pauta de un reacomodamiento de la estrategia matrimonial. Poco a poco, renovaron sus compromisos, cristalizando obras de infraestructura que, en una de esas, puede revertir aquellos guarismos de imagen, rumbo al bicentenario.
Lo elaboró el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) y fue financiado por el BID. Sobre 31 distritos, Tres de Febrero fue el municipio mejor ubicado, seguido por las ciudades de Córdoba y Santa Fe.
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