22 de agosto de 2012
Era una tarde noche de febrero de 2011, en el barrio Las Tunitas. Daniel Guzmán, policía con parte médico, salía de su casa ubicada en los fondos de Rosello 85, junto a su mujer y su hija de 3 años. De repente, apareció Daniel López. Con un fierro que sacó de un montículo de escombros, embistió: "te voy a matar a vos y a tu familia, te voy a prender fuego la casa. Me vas a tener que pedir perdón de rodillas. Vení ahora si te la aguantás sin uniforme", le habría gritado el imputado.
Eran vecinos, y se conocían porque el efectivo lo había detenido en varias oportunidades. Guzmán prefirió evitar una confrontación, y metió a los suyos de nuevo a la vivienda. Luego se fueron a visitar a los padres del integrante de la fuerza.
Cuando el departamento quedó deshabitado, el acusado retornó y rompió los vidrios a piedrazos. También habría dañado la morada ubicada al frente del domicilio, donde vivían los propietarios.
Este hecho se ventiló ayer en una nueva jornada del juicio. López, al escuchar a Guzmán, pidió declarar. Desmintió todo, y además, acusó al efectivo de propinarle una constante persecusión junto al uniformado Daniel Yuvisa. Según "Picu", el policía lo golpeaba en cada aprehensión. Incluso recordó aquel día frente a los monoblocks de avenida Perón, donde una patota "de civil" castigó sin motivo a López y su amigo Alan Rodríguez, lo que lo mantuvo un día hospitalizado. Además, narró el procesado que Guzmán, sin ropa policial, lo obligó a bajarse de un colectivo de línea a punta de pistola.
El juez Pablo Galli, presidente del Tribunal, ofreció la posibilidad de un careo, pero la Defensa desistió. La instancia hubiese aportado tanta verdad como tensión. Cuando declaró Lidia Consuelo Díaz, esposa del policía, el fiscal Damián Borean advirtió un insulto de un familiar de López, ubicado en el público. Pero al improperio sólo lo escuchó el acusador.
Cabe señalar que la señora solicitó no testimoniar frente al imputado, por temor a represalias cuando salga de la cárcel.
Por esta causa -que se suma a los dos asaltos y distintos hechos de encubrimiento-, el doctor Borean pidió ampliar el requerimiento de elevación a juicio, pasando la carátula de "amenazas simples" a "amenazas agravadas por el uso de arma". Se debe a la utilización del hierro con el que "Picu" habría amedrentado a los Guzmán.
REPRIMENDAS A CASTAÑO
El debate, otra vez, volvió a mostrar al defensor Claudio Castaño advertido por los magistrados. Llegó a sugerir que el fiscal "tiene un tic como el de Perón", puesto que -según el letrado que asesora a López-, Borean induce las respuestas de los testigos con morisquetas. Y a Díaz, la señora del policía víctima del episodio, le dijo: "si usted hubiese escuchado el testimonio de López le tendría más miedo a su marido que a López". También citó aquella frase "las camas son confesionarios" para preguntarle si en la intimidad, Guzmán relató los presuntos abusos de autoridad contra el pibe.
EL TESTIGO, PRESO POR HOMICIDIO
En particular situación se encuentra el testigo Orlando Reyes, hijo de Ruth Chilla Escobar, la dueña de la casa violentada por "Picu" López. Reyes está preso en Barker por el homicidio de Silvio Souto, ocurrido el 17 de junio de este año en Santos Vega y Serrano, zona de "El Cerrito". Reyes y López discutieron fuertemente aquel día de febrero de 2011.
"SENTI MIEDO, CREI QUE LOPEZ PODÍA CUMPLIR LA AMENAZA"
Guzmán tenía una relación conflictiva con el detenido. "´Milico de mierda me la vas a pagar´, me dijo. Un día me encaró con el caballo cuando estaba en la parada del colectivo", narró el policía. Debe señalarse que López es cuidador de equinos.
El día de las amenazas con el fierro, el efectivo reconoció sentir "miedo porque creía que iba a atacarnos. Mi nena y mi mujer lloraban", agregó.
Guzmán, en ese momento, estaba fuera de servicio, con rehabilitación vestibular. "López era violento, y estaba exaltado", especificó.
Díaz, en tanto, confesó que una de las razones por las que decidieron mudarse del barrio era para no ver más a "Picu". "Todo el barrio estaba atemorizado por él", adujo la damnificada.
La réplica de "Picu" López
Los efectivos "siempre me pedían la plata, el arma y la droga"
Sorpresivamente, tras escuchar a Guzmán, López hizo uso del derecho a declarar. Dijo que la Policía tenía como diversión "correrme y pegarme". Según el imputado, en cada detención los efectivos le pedían lo mismo: "plata, arma y droga".
En las comisarías, además de golpearlo para "que no robe más", "me quemaban las muñecas y las manos con cigarrillos", describió. También insultaban a su madre, que se suicidó cuando "Picu" tenía 10 años.
Más tarde, afirmó que en una oportunidad, López se subió a un micro de línea y Guzmán, de civil, ingresó al colectivo con un arma en la mano, y lo obligó a descender. De ese hecho sería testigo Mauricio Nuñez, quien estaba sentado como pasajero y será citado a declarar. También el efectivo le habría aplicado un "ladrillazo en la espalda".
Asimismo, "Picu" López dejó entrever que Reyes y Guzmán "me sacudieron varios tiros y tuve que esconderme atrás de una camioneta".
También negó haber dañado los vidrios de la vivienda de calle Rosello, puesto que "ya estaban rotos desde antes y las ventanas fueron cubiertas con bolsas".
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