17 de octubre de 2026
Por primera vez en una marcha convocada en defensa de las universidades públicas, las fuerzas de seguridad federales (Policía Federal, Gendarmería Nacional, Prefectura Naval y Policía de Seguridad Aeroportuaria) junto a la Policía de la Ciudad de Buenos Aires desplegaron, de manera planificada, ilegitima e indiscriminada, un brutal operativo represivo en la zona del Congreso de la Nación.
La represión se extendió durante más de 3 horas y dejó al menos 550 personas afectadas y heridas por más de 120 granadas de gases lacrimógenos, químicos, disparos con postas de goma y agua a presión lanzada por los camiones hidrantes. Una vez más se registró el ataque dirigido contra trabajadores/as de prensa, equipos sanitarios que atendían a las víctimas y organismos de derechos humanos que monitoreaban el despliegue de las fuerzas de seguridad, entre ellos, integrantes de la Comisión Provincial por la Memoria. Al menos seis personas fueron detenidas arbitrariamente, entre ellas dos adolescentes. El organismo de derechos humanos, en su calidad de Mecanismo Local de Presión de la Tortura, pidió que se investigue a los responsables políticos y quienes ejecutaron la represión por los delitos de abuso de autoridad, estrago, detención ilegal, torturas o malos tratos, entre otros.
Los registros de la represión ocurrida el pasado jueves
en el Congreso de la Nación y alrededores evidencian una vez más el uso ilegal
y desproporcionado de la fuerza pública y la utilización irregular de armas
menos letales: lanzamiento de granadas de gas lacrimógeno y gases químicos de
manera indiscriminada, ataques dirigidos contra personas que deben ser
particularmente protegidas por las tareas que cumplen, disparos con postas de
goma o químicas en dirección horizontal o apuntando al cuerpo de las personas.
"Las conductas de las fuerzas de seguridad en
comando conjunto excedieron los límites de la normativa vigente en el uso de la
fuerza. Tales conductas ostentan una coordinación que permite establecer que
sus acciones fueron ordenadas y ejecutadas por superiores jerárquicos con
conocimiento y voluntad del ejercicio de la coerción por fuera del marco
normativo e incumpliendo con los compromisos internacionales suscriptos por la
República Argentina de rango constitucional, y que fuera ya denunciada por
organismos internacionales de forma reciente", resumió la Comisión
Provincial por la Memoria en la denuncia penal presentada en las últimas horas
del viernes.
En su calidad de Mecanismo Local de Prevención de la
Tortura, y en el marco del monitoreo de la represión a la protesta social que
el organismo viene realizando desde la aplicación del protocolo antipiquetes
junto al Comité Nacional de Prevención de la Tortura y el Mecanismo local de
CABA, la CPM solicitó que se investigue a los responsables directos y
funcionales por los hechos represivos ocurridos el pasado jueves por los
delitos de estrago, torturas y apremios, detención funcional ilegal,
incumplimiento de deberes y abuso de autoridad.
Como ya denunció el organismo ante otros hechos represivos,
el despliegue ilegitimo de la violencia, los movimientos coordinados de las
fuerzas y la reiteración de las acciones, evidencian que la represión fue
planificada y programada por los máximos funcionarios responsables de las
fuerzas de seguridad y del Ministerio de Seguridad de Nación.
Además, la denuncia señala que el operativo represivo no
sólo ocasionó lesiones y daños a quienes participaban de la movilización sino
que generó un peligro para el resto de las personas que, en horario y día
hábil, transitaban por la vía pública. Cabe recordar que, una vez que los
efectivos de seguridad sobrepasaron el vallado del Congreso, el operativo se
desplegó por distintas calles de la ciudad en dirección hacia la avenida 9 de
julio y hasta la Plaza de Mayo.
De acuerdo a lo relevado por los equipos de monitoreo de
la CPM, los episodios represivos comenzaron alrededor de las 15:20 frente al
Congreso, que se encontraba completamente vallado; en ese momento, sobre la
intersección de las avenidas Callao y Rivadavia y cuando algunos manifestantes
intentaron empujar las vallas, efectivos de la Policía Federal arrojaron gas
pimienta, primero, y luego comenzaron a disparar granadas de gas lacrimógeno y
disparos de postas de goma. Casi en simultáneo, se comenzaron a posicionar dos
camiones hidrantes para descargar miles de litros de agua a presión sobre los
manifestantes.
Durante más de dos horas, las fuerzas de seguridad
federales -Policía Federal, Gendarmería y Prefectura- apostadas detrás del
vallado atacaron a las y los manifestantes de manera incesante y
desproporcionada; se estima que se dispararon más de 120 granadas de gas
lacrimógeno, cientos de disparos con postas de goma y postas con gas químico de
Byrna y agua a presión arrojada por los camiones hidrantes que recargaron, al
menos, tres tanques.
La CPM también observa en la denuncia penal presentada
que, por las condiciones climáticas -lluvia, por momentos, y baja presión
atmosférica-, los gases químicos arrojados de manera generalizada contra la
movilización permanecían más tiempo en la superficie y, por lo tanto, se
extendía su alcance nocivo para la integridad de las personas que estaban sobre
la plaza.
Alrededor de las 18 horas, cuando gran parte de la
movilización ya había desconcentrado (cabe mencionar que la represión obligó a
adelantar el acto de cierre a cargo de referentes de las federaciones
universitarias y estudiantiles que hablaron desde el escenario visiblemente
afectados por las estelas de los gases arrojados por las fuerzas de seguridad),
las fuerzas de seguridad federales traspasaron el vallado del Congreso y
comenzaron a avanzar para replegar a las personas que quedaban en la plaza y
sus alrededores.
Durante ese avance, dispararon con postas de goma y
postas con químicos y lanzaron granadas de gas lacrimógeno a los manifestantes;
en ese momento, efectivos de la Policía Federal también dispararon de manera
directa sobre integrantes del equipo de monitoreo de la CPM y trabajadores de
prensa que, mientras se retiraban hacia Rivadavia, recibieron varios disparos
de postas de goma en la espalda y piernas.
Durante todo el despliegue represivo que se extendió por
alrededor de tres horas, de acuerdo a lo registrado por la CPM, el Cuerpo de
Evacuación y Primeros Auxilios (CEPA) y la Posta de Salud y Cuidados, más de
550 personas fueron atendidas por ser afectadas por los gases químicos y
heridas disparos con postas de goma y lanzamiento de agua a presión. Entre
ellos se relevaron al menos 50 trabajadores/as de prensa, 20 integrantes de
CEPA y las postas de salud, 16 integrantes del equipo de monitoreo de la CPM y
al menos 2 del Mecanismo local de CABA. Personas que estaban cubriendo la
movilización, asistiendo a las víctimas o cumpliendo tareas de monitoreo y
control del accionar policial; grupos que por su rol deben gozar de una protección
particular y sin embargo, lejos de cumplir con ese requisito, las fuerzas de
seguridad los atacaron de manera particular y dirigida.
Además de las personas afectadas por la represión,
durante la desconcentración también se registró la detención arbitraria de al
menos 6 personas, 2 de ellas adolescentes que fueron prontamente liberadas. Las
detenciones se produjeron de manera violenta, sin actos que lo justifiquen. La
denuncia también menciona que durante las detenciones de 4 personas en la intersección
de Avenida de mayo y Chacabuco, un oficial mayor de la Policía de la Ciudad sin
identificación visible arrojó gas spray irritante directamente a los rostros de
tres integrantes de la CPM que estaban registrando el momento de las
aprehensiones.
Como señaló la CPM en la denuncia por la represión
ocurrida el pasado 6 de agosto, en donde 1.500 personas resultaron heridas o
afectadas y otras 28 fueron detenidas arbitrariamente, no hay represión
planificada sin una orden política que la ordene. En ese sentido, el organismo
de derechos humanos solicitó una vez más que se investiguen las conductas de
los funcionarios políticos quienes tienen responsabilidad penal por las
consecuencias de la orden de reprimir, siendo que la conducción política de las
fuerzas de seguridad debe responder por los efectos de los operativos y por
cómo estas utilizan la fuerza pública. También debe investigarse la
participación de agentes policiales encubiertos para generar hechos de
violencia.
En lo que va del año 2026, se incrementaron los hechos de
represión, personas heridas y afectadas por la violencia estatal y detenidas de
manera arbitraria en el marco de las manifestaciones públicas.
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