8 de marzo de 2010
En lo que resulta una causa sin precedentes en la ciudad -incluso algunos se animan a decir que no habrá otra igual- y no sin antes sortear varios entuertos jurisdiccionales, se elevó a juicio una de las investigaciones más complejas que afrontó el fuero penal local, en lo que podría inscribirse como una mega causa por la cantidad de imputados involucrados como la logística utilizada para lograr detener a los sospechosos.
Se trata de una instrucción que tuvo se punto máximo de exposición el 11 de marzo de 2008, cuando un espectacular operativo policial dependiente de la Fiscalía Nコ 14 a cargo del doctor Luis María Surget, derivó en varios allanamientos y un importante secuestro de estupefacientes.
Más precisamente el procedimiento se lo conoció como “Movediza blanca”, del cual primeramente habían quedado una docena de personas aprehendidas (finalmente ahora quedaron 10), entre ellos el presunto líder de la organización, de nacionalidad paraguaya y oriundo de Ingeniero Budge.
Por aquellas horas del operativo, había trascendido que uno de los investigados y residente en nuestra ciudad, sería un reconocido dirigente sindical y empleado del Hospital “Ramón Santamarina”, al tiempo que sería complicada su situación procesal.
“Tandil es una ciudad importante dentro de la región, y estos delincuentes pueden aprovechar esa situación, para luego distribuir en partidos como Olavarría, Azul y Benito Juárez. No quiere decir que haya aumentado la droga en Tandil, pero lo usan como lugar estratégico, porque está cercano a Capital Federal y la Costa Atlántica. Además, la ciudad forma parte de un cordón rutero importante”, analizó el director de la Delegación Departamental de Investigaciones de Tráfico de Drogas Ilícitas de Azul, inspector Rubén Darío Duarte Soroka, en declaraciones a este multimedios cuando se conoció el procedimiento y las respectivas detenciones.
Por otro lado, reiteró que desde Ingeniero Budge, Partido de Lomas de Zamora, “se transportaban los estupefacientes semana a semana hacia Tandil, donde se ponía en funcionamiento la red de distribución y venta”.
El balance final de los allanamientos dieron como resultado la incautación de “280 tizas de cocaína de máxima pureza lista para la venta”, así como bagullos y dos armas de guerra: una escopeta y una pistola.
La investigación había comenzado a gestarse un año antes y se fueron reuniendo elementos para ir dándole forma al operativo. Con el dato bien acreditado sobre la llegada del líder de la banda con el importante cargamento, se reforzó la presencia de policías, más otros que actuaron como agentes encubiertos.
A las 17 de aquel 11 de marzo estaba todo preparado. El responsable de la banda y sus principales colaboradores habían alquilado un departamento en Moreno al 600.
La policía pudo haber ejecutado el procedimiento en ese momento e incautar los estupefacientes. No obstante esperaron que el capo-narco se comunicara con los distribuidores locales.
Una vez chequeados los contactos, se puso en marcha el operativo “Movediza blanca”, con el resultado conocido que ahora irá a juicio.
ARGUMENTOS DEL JUEZ
El entuerto procesal motivó varias dilaciones a partir de discrepancias sobre quién debía intervenir a partir de la figura del delito. Se alude a una organización, por lo que mereció la intervención del fuero federal, a cargo del doctor Juan José Comparato, hasta que desde la misma Corte se definió que la instrucción ameritaba continuarla quien la vino siguiendo desde las primeras actuaciones. Así, quedó en manos del juez de Garantías José Alberto Moragas, quien junto a su equipo en las últimas horas terminó de confeccionar la resolución que remite la causa a su elevación a juicio oral y público, no sin antes notificar a las -muchas- partes involucradas.
Para el magistrado interviniente, quedó debidamente acreditado que entre los meses de mayo de 2007 y marzo de 2008, 10 personas (nueve hombres y una mujer) en forma organizada comercializaron estupefacientes fraccionados en dosis -tizas, huevitos, etc.- destinados directamente al consumidor, siendo uno de los hombres detenidos quien realizaba tareas organizativas.
Así se detalla que el 11 de marzo de 2008, en el domicilio alquilado en calle Moreno 666, para desarrollar parte de dicha actividad ilícita, se encontraban parte de los integrantes de la organización y se les encontró cinco paquetes formados con cinta de embalar marrón con un total de 99 tizas de cocaina cuyo peso ascendió a un total de 1.015 gramos, ejerciendo su tenencia con fines de comercialización y una abultada suma de dinero que rondaba los 3.335 pesos.
En distintos procedimientos realizados en los domicilios de los involucrados, se detalló que en la casa de calle Chienno 1167, la mujer juntamente con uno de los punteros con quien mantenía una relación amorosa, ejercían la tenencia de un total de 55,7 gramos de cocaína fraccionada para su venta directamente al consumidor en variadas formas (tizas, bochitas, pulverizadas, cintas de embalar y pastillas aptas para realizar el “corte” de los estupefacientes y una abultada suma de dinero provenientes del ilícito que rondaba los 3 mil pesos. Así también en el domicilio de Liniers 174, otro de los sujetos también ejercía la tenencia a los mismos fines de un envoltorio con 24 tizas y otro con 7 huevos que arrojaron un peso total de 287 gramos de cocaína.
En el domicilio de Brandsen 1039, departamento del fondo, otro de los punteros tenía con fines de comercialización 47 tizas de cocaína que se hallaban ocultas en el interior de una lata de pintura, que arrojó en peso aproximado de 500 gramos de cocaína.
En la casa de calle Paz 1351, otro puntero ejerció la tenencia para comercialización de una tiza y media y fracción, dos huevitos y un total de 26,9 gramos de cocaína. En calle Ituzango 371, otro de los integrantes de la organización que vendía droga fraccionada destinada directamente al consumidor ejerció la tenencia de una tiza de 10.2 gramos de cocaína y dinero en efectivo en billetes de diversa dominación.
LA CALIFICACION DEL DELITO
Para el juez, la calificación legal que corresponde otorgar al hecho es la de “comercialización de estupefacientes fraccionados en dosis destinadas directamente al consumidor agravado por la intervención de tres o más personas organizadas para cometerlo”.
Moragas aclaró que consideró que la conducta de los imputados resulta agravada por haber sido realizada con la participación de más de tres personas en forma organizada, contrariando así al encuadre que el fiscal había imputado como asociación ilícita.
No obstante, impuso la modificación de la calificación legal por los resolutorios que el juzgado Federal y los ministros de la Corte entendieron.
De sus argumentos se desprende que los requisitos exigidos para configurar la conducta de organizador son sustancialmente más rigurosos que los observados en la conducta desplegada por uno de los imputados (González) y que el estado de la droga incautada en cuanto a la forma de tizas, bochitas, huevitos conforman el fraccionamiento que constituye el último eslabón de la cadena de comercialización de estupefacientes, según lo estableció el alto Tribunal.
El infiltrado, la clave de la pesquisa
De la causa remitida a juicio, se desprende que hubo un par de testimonios que sustentaron la pesquisa, que contó con filmaciones, escuchas y diligencias varias. Claramente la declaración de un amigo de uno de los sospechosos, que ofició las veces de infiltrado, terminó de cerrar la hipótesis acusatoria para dar con ni más ni menos que diez personas detenidas.
En efectivo, resultó clave el testimonio de un amigo del imputado Temudio, quien supo expresar que lo conocía hacía unos 30 años y que a principios de 2007 se enteró que ésta había comenzado a vender estupefacientes. Que para el mes de septiembre aproximadamente el declarante se quedó sin trabajo y Temudio le ofrece un lugar para dormir, ya que Temudio junto con otros miembros de la organización alquilaban casas por día para hacer las transacciones de droga, a lo que el testigo en ese momento, desconociendo toda esa situación, aceptó.
De su relato se desprende que desde ese momento comenzó a relacionarse con todos los miembros de la organización como también con los clientes personales de Temudio.
Narró claramente que la organización estaba conformada como cabeza a un sujeto de nombre Gustavo alias El Gordo, oriundo de una localidad del conurbano, a quien lo sindica como el organizador y coordinador de la banda. Era quien adquiría la droga en Buenos Aires y luego la mandaba a Tandil por intermedio de dos mulas, a quienes él conoció con el nombre de Reynaldo y Daniel, ambos de nacionalidad paraguaya, quienes se encargaban de repartirla a los dealers o punteros, entre los que se encontraba su amigo Temudio, quien era el más importante de los punteros y a quien le entregaban la mayor cantidad de estupefacientes.
De todas maneras también señaló a otros como el que apodaban Perico, de calle Brandsen al 1100, Tito, de calle Paz entre Pellegrini y Uriburu, De Cicco, de calle Sarmiento al 1300, el “Gallo” Romero, de barrio Procasa, Pachi, de calle Ituzangó, y otro sujeto apodado Willy, quien vivía en calle Venezuela y Malvinas.
Describió también que entorno a Temudio existían otras varias personas que comercializaban droga en menor medida y siempre por intermedio de Temudio. Allí cita a dos sujetos apodados el Chileno y el Turco.
Reseñó que las tizas (cilindros de unos 5 centímetros de lago y uno de diámetro, que venían envueltas en nylon o cinta de embalar) eran traídas por Reynaldo y Daniel.
El MODO DE OPERAR
De la declaración se informa que si bien los estupefacientes eran adquiridos por Gustavo en Buenos Aires y traídos a la ciudad por Reynaldo y Daniel, estos se alojaban por varios días en Tandil, ya que repartían a los punteros la sustancia a comercializar y luego se quedaban esperando cobrar. Su alojamiento era en distintas viviendas que Temudio y Perico alquilaban.
El infiltrado contó que en alguno de los recorridos para repartir que protagonizó con alguno de ellos, recuerda que los punteros a veces le entregaban aparatos electrónicos, que se tomaban como parte de pago.
Recordó también que en algunas oportunidades arribó a la ciudad Gustavo el Gordo, quien a veces se alojaba en alguna de estas viviendas, pero en otras venía solo porque venía con su familia.
Las mulas siempre viajaban por la empresa Turismo Parque, sobre lo cual el testigo dejó constancia que los boletos no eran adquiridos con sus nombres sino que utilizaban otros nombres para comprar los boletos.
Acotó que nunca vio a Gustavo el gordo y a Reynaldo o Daniel comercializar la droga directamente a consumidor final, para eso estaban Temudio, Perico, Pachi, Tito, Willy, De Cicco y Gallo.
También añadió que tras las entregas los punteros volvían con grandes cantidades de dinero que no logró precisar con exactitud, pero expresó que eran fajos de dimensiones importantes, no solo de moneda nacional sino también dólares.
Recorrido
Otro testimonio que involucra a Temudio como uno de los principales punteros de la organización es la de un remisero, quien lo llevaba a realizar distintos recorridos repartiendo la “mercadería”.
El chofer detalló que Temudio se hizo cliente del servicio, y que entre los meses de agosto y septiembre de 2007, comenzó a llamar directamente al testigo para que sea siempre su chofer.
Reseñó que hacían viajes ya estipulados, es decir desde y hacia lugares fijos, pero que entre la salida y destino hacía distintas paradas en que lo dejaba esperando por tiempos no muy prolongados (entre uno y dos minutos).
Recordó que siempre llevaba dos teléfonos celulares, delos cuales uno sonaba casi constantemente tanto para llamadas como mensajes de texto.
Pasado el tiempo, el remisero comienza a tomar conocimiento que Temudio podría estar relacionado con la venta de estupefacientes, y lo consultó qué era lo que hacía en esos viajes, a lo que Temudio le respondió que sí, efectivamente vendía droga. “estoy moviendo un poco de merca, pero quedate tranquilo que no pasa nada”, le dijo.
El remisero añadió que siguió haciendo los recorridos ya que su situación económica no era la más favorable y realmente necesitaba tener un cliente como él, que abonaba todos los viajes en efectivo, gastando aproximadamente unos 70 pesos promedio diarios en los respectivos viajes.
El delito y los acusados
Para el magistrado, la calificación legal que corresponde otorgar al hecho ventilado es la de “Comercialización de estupefacientes fraccionados en dosis destinadas directamente al consumidor, agravado por la intervención de tres o más personas organizadas para cometerlo”.
Según el juez, se encontró reunidos en la Instrucción elementos de convicción suficientes para sostener que “Gustavo Alberto Temudio,Claudio Daniel Espínola, Patricio Ricardo Vélez,Wanda Yamila Gazzola, Juan Marcelo Romero, Walter Enrique Schletter, Sergio Agustín Navarro, Carlos Dante De Cicco, Alfredo Amilcar Angel y Félix Gustavo González, son probablemente autores penalmente responsables” de los hechos detallados.
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