13 de diciembre de 2008
Este lunes a las 21 en la confitería del Casino de Tandil, se rendirá homenaje a José María Guimet, conocido hombre de radio de la ciudad y actor y director teatral.
En la oportunidad, recibirá la estatuilla “Küme Che” (Buena gente) que otorgan periódicamente la empresa mencionada y el municipio de Tandil.
Guimet nació en Capitán Sarmiento, una localidad cercana a la Capital Federal. Durante su niñez también vivió en Burzaco y allí, cerca de la populosa Avellaneda, aprendió a ser hincha de Independiente y se emociona cuando recuerda que vio jugar a verdaderos próceres del fútbol argentino como Antonio Sastre y Vicente de la Mata.
Pero a los seis años, José María Guimet ya vivía con sus padres en Mar del Plata y allí concurrió a la escuela primaria. Ahí mismo transcurrió los años de su adolescencia, juventud y parte de la edad madura, hasta que en 1970 se radicó definitivamente en Tandil (“que ya es sin duda mi ciudad”) porque fue contratado por los directivos de entonces de LU22 Radio Tandil, desde que comenzó la transmisión en el primer minuto del primero de enero de ese año.
-¿Cómo comenzó su actividad en radio y en teatro?
-Yo integraba un conjunto infantil, del club de Niños “Norma y Susana”. El grupo se llamaba “La Pandilla del Tío Enrique”. Allí se iniciaron destacados valores artísticos como el concertista Antonio Rego, Horacio Santángelo, que ha sido profesor aquí en la Universidad, entre otros. Ingresé a la radio cuando LU9 era filial de Radio Belgrano de Buenos Aires. A mí me nombró Jaime Yankelevich y durante mucho tiempo trabajé en las dos emisoras.
-¿También empezó de chico en el teatro?
-Sí. Entre los diez y doce años ya estaba en el escenario del Auditórium del Casino Central, haciendo “La nobleza de Luisito”. Era la época en que el radioteatro gozaba de enorme atracción. Pude trabajar con figuras de la envergadura de Herminia Belich, aquella popular autora y actriz. Domingo Zapelli, Miguel Bebán, el padre de Rodolfo.
-¿Algunos títulos que recuerde entre las obras de radioteatro en las que participó?
-Estuve en los clásicos. Desde “El León de Francia” hasta “Juan Barrientos”, carrero del novecientos, y los libros de Alberto Migré, Abel Santa Cruz o Juan Carlos Ciappe…
-¿Vivió la época del teatro independiente?
-Sí, la viví con intensidad, realicé variadas y recordadas actuaciones y aquí estoy, sin parar, desde la década del cincuenta.
SENTI NECESIDAD DE EXPRESARME
-¿Qué cree que influyó en esa vocación suya por el teatro?
-Considero que la necesidad de expresarme, de decir cosas. Eso es importante para cualquier chico con rasgos de timidez, que de pronto busca en la expresión artística su desenvolvimiento. A mí me sirvió de mucho. Por eso es que lo llevo en el alma al teatro y jamás lo abandoné.
-¿Tampoco cuando llegó a Tandil?
-De ninguna manera. Vine por la radio pero siempre estuve relacionado aquí con el quehacer teatral.
-¿Desde qué año dirige la Comedia Municipal?
-Desde 1980, en que se jubiló don Enrique Ferrarese.
MI ACTIVIDAD TEATRAL EN TANDIL
“De don Enrique aprendí mucho, los últimos trabajos que él realizó los hizo conmigo. Fue un actor y luego director, de esos de raza, como don Jorge Lester o Luis Cicopiedi, y que felizmente abundan en el interior. Recuerdo que a los diez días de estar en Tandil yo ya estaba viendo el primer espectáculo aquí”.
-Entre sus actuaciones o puestas en escena en Tandil, ¿con qué obra se sintió mejor?
-Son varias. Podría citar “Viaje alrededor de una columna”, que aún mantiene en la ciudad el récord de representaciones, con casi doscientas treinta. Hay que querer mucho a un espectáculo para llegar a esa cifra. Yo la recuerdo con mucho cariño porque además de haber actuado fui el autor y director. Pero también recuerdo, entre otros títulos, El debut de la piba, Gris de ausencia, El acompañamiento, La lección, sin dejar de mencionar, por supuesto, las dos obras que me valieron sendas “Estrellas de mar”, es decir “Paraíso de Ana y Mercedes” y “Lo frío y lo caliente”.
-¿Semana Santa?
-Fueron años de mucha pasión. Empecé en 1980, me designó Daniel Eduardo Pérez, que era Director de Cultura. También se creó en ese momento la Comedia Municipal y me nombró director de la misma. Traté de darle un sentido más teatral y de espectáculo. Eran estampas, y como tal se lo conocía. Lo que hice fue unir una escena a la otra, con ritmo teatral, cinematográfico. Y dio resultado. Para ello, contamos con elementos técnicos, que es algo que siempre tratamos de superar.
MI NIÑEZ
-¿Qué hizo cuando niño?
-Además de ver a Independiente con mi padre, hice patinaje, fútbol (era un tanto gordito y jugaba en la defensa). Practiqué (y de vez en cuando todavía lo hago) ajedrez, atletismo y hasta karting.
En la escuela he sido buen alumno.
PREFERENCIAS
-¿Qué música le agrada?
-Me agrada toda la buena música. Soy un apasionado, por ejemplo, de la faz melódica de Los Beatles. La música instrumental, tanto popular como clásica. El bolero, el tango. Creo que Piazzolla es el mejor fondo musical para ilustrar a Buenos Aires. He sido un estudioso apasionado del fenómeno Gardel. Me gustan Julio Sosa, Angel Vargas, el Polaco…
-¿Dónde se bailaba y qué se bailaba en su juventud?
-Principalmente en los clubes. Nación, Kimberley. Fines del cincuenta, sesenta. Ya aparecían, además, los primeros boliches en Constitución, en Mar del Plata. No se bailaba mucho suelto, todavía. Se bailaba fox, ya empezaba la cumbia, la cosa tropical…
-¿Ya se acababa el tango como bailable?
-Se bailaba, pero empezaba a decaer un poco, tal vez. Yo alcancé a verlo a Julio Sosa con Armando Pontier en un baile en el club Kimberley, en la década del cincuenta. Me impactó por la presencia, por la voz.
-¿Qué lee?
-De todo un poco, pero lo que más he leído siempre son obras de teatro. Tengo una rica biblioteca teatral, con la que incluso he realizado exposiciones públicas. A veces también releo. ¿Autores argentinos? Roberto Cossa y Carlos Gorostiza, por ejemplo. Entre los extranjeros podría citar a Arthur Miller, Tennessee Williams, García Lorca, Ionesco, y por supuesto clásicos como Shakespeare, que es el papá…
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