23 de diciembre de 2020
La causa quedó radicada en el Juzgado de Responsabilidad
Penal Juvenil No 2 del Departamento Judicial de Mar del Plata a cargo del Dr.
Néstor Adrián Salas. Secretaria a cargo de la Dra. Florencia Vanina Piñeiro.
Se trata de una acción de amparo ambiental colectiva inédita - por su representatividad pluricultural -, para que se suspenda la liberación del Trigo Transgénico HB4 (con tolerancia a la sequía y el agrotóxico Glufosinato de Amonio) en todo el territorio de la Provincia de Buenos Aires, y a su vez, cuestionar la omisión de la Autoridades Provinciales de actuar sobre la grave problemática de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), ignorando leyes provinciales y la propia Constitución local.
Los OGM junto a los agrotóxicos, son la base de un modelo
agroindustrial absolutamente agotado, que ha hecho mucho daño y lo sigue
haciendo, al ambiente, la biodiversidad y
la salud humana.
La acción judicial titulada "Un Trigo de Libertad" propone un nuevo enfoque del abordaje jurídico de la problemática de los OGM que hasta ahora se abordó exclusivamente desde la perspectiva del rechazo a los OGM y sólo contra al Estado Nacional.
"COMO PATRIA TRIGUERA, ES UNA DE LAS PEORES DECISIONES"
Damián Colucci, productor agroecológico de Tandil, titular del establecimiento Monte Callado, donde se produce una reconocida harina orgánica, explicó que desde Tandil se apoya el pedido de la medida cautelar, y comentó a La Voz que de avanzar la habilitación del Trigo HB4, "podría ser el fin de poder tener un trigo totalmente orgánico, con una trazabilidad. Los trigos se cruzan, a lo largo de los años y ¿como los podremos diferenciar al transgénico del orgánico? Por más que lo sembremos bajo las normas orgánicas, va a llegar un momento en que el trigo va a estar mezclado".
Y opinó que también afectará a la producción convencional, "porque va air en detrimento de la exportación, nuestro trigo va a ser el menos buscado, o buscado solo por países que quieren el precio más bajo. Como patria triguera, es una de las peores decisiones".
Colucci detalló que en su producción agroecológica, "usamos semillas que conservamos generalmente, que son las que se han usado siempre en esta zona. No es muy diferente a la que usan el resto de los productores, la verdad. Por suerte, el trigo hasta ahora no es transgénico ni tampoco es hibrido, podemos contar con variedades que las podemos reproducir nosotros y no tienen ningún tipo de modificación".
La principal diferencia entre la producción convencional de trigo y la del establecimiento Monte Callado, "es que no aplicamos ningún insumo químico en nuestros cultivos. Esto hace 20 años ya, no es que es algo incipiente que puede llegar a fracasar. Además, hacemos una intensa rotación de cultivos y tenemos ganadería y agricultura para lograr una salud del suelo. Es un manejo mucho mas integral de la tierra".
Monte Callado, produce trigo y centeno, para procesar en el molino que el mismo establecimiento agroecológico posee. "Salvo la cosecha, hacemos todo, la labranza, la siembra, y el acondicionamiento del grano para molerlo. Almacenamos y lo vamos moliendo a diario en molinos de piedra que tenemos", explicó.
Respecto de la comercialización, uno de los principales aspectos que se cuestionan a la agroecología, el entrevistado aseguró que "tenemos un nicho de mercado de elaboradores de harina integral orgánica y vendemos en Tandil, la zona y el país, en pequeña cantidad porque somos productores chicos. El campo nuestro son 90 hectáreas en total, pero somos una familia grande y vivimos todos del campo. Esta producción no solo que es posible, sino que es mucho más rentable que la producción convencional y además, no genera ningún daño hacia nadie. Generamos alimentos libres de agroquímicos, no contaminamos el agua y podemos vivir en el campo, nuestros hijos pueden vivir en el campo, porque todos los productores agropecuarios saben que cuando se pulveriza un lote de cualquier cereal, es imposible estar".
"La vida en el campo se tornó como una industria más y la tierra es suelo para sostener las plantas. No es la mejor forma de hacer agricultura la que se está haciendo en la Argentina", consideró.
Colucci puso énfasis en la importancia de la sustentabilidad de su producción, así como en su rentabilidad. "El campo son 90 hectáreas, somos 7 en la familia, trabajamos cuatro adultos, arrendamos un poco para sembrar trigo de afuera de otros productores agroecológicos. Y en Tandil, la unidad productiva no son 90 hectáreas para una familia", señaló.
También destacó que "nosotros agregamos valor con la elaboración de harina, pero esa es la clave para el país. No vender la soja y el trigo para hacerle el caldo gordo al mundo. Nosotros tenemos que darle el valor agregado. Por ejemplo, para moler y hacer harina integral, hay que limpiarlo al trigo. Esa limpieza genera un 10 %, aproximadamente, de desperdicio. Es decir, que de cada 1000 kilos de trigo, saldrían unos 100 kilos de triguillo, trigo partido, semillas de yuyos, etc. Todo eso, nosotros no lo tiramos, tenemos una producción de huevos, muy chiquitita, con todo ese descarte. Es otro valor agregado de gallinas ponedoras, que se manejan con poco trabajo y semanalmente generan un ingreso en huevos, interesante. Eso hace que el sistema sea muy sustentable. Y tenemos otras pequeñas producciones dentro del campo, que hacen a la sustentabilidad y a la gran rentabilidad que tiene la unidad productiva nuestra".
"Argentina no tiene necesidad de hacer eso (habilitar el uso de trigo transgénico). Es un interés de las grandes empresas y de productores que no tienen escrúpulos con el manejo del campo, que es la naturaleza misma. Esto puede traer, a la larga, grandes problemas que hoy no los podemos saber", cerró.
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