6 de diciembre de 2009
"No puedo entender por qué la policía no actuó de otra manera. Cada elemento que nosotros le aportábamos, la policía lo descartaba. Como si estuvieran resignados a los robos y los asaltos, y les diera lo mismo investigar que no hacerlo", dijo Graciela, la conserje del hotel Sennac, ubicado en La Rioja al 1300.
El asalto comenzó cuando dos menores ingresaron al hotel y fueron atendidos por la conserje, quien respondió a sus preguntas sobre el precio de una habitación doble y los servicios. La situación le resultó llamativa a la mujer, que con su experiencia en ese puesto advirtió que los menores no estaban interesados en pasar la noche allí. En ese momento se acercó hasta el hall de entrada un pasajero y también el cadete del hotel, circunstancia que aceleró el plan de los dos menores.
Uno de ellos extrajo un revólver y puso en claro lo que quería junto a su cómplice. Para evitar que el cadete se resistiera lo golpeó con el arma y le dio una patada en el rostro que le produjo un corte en el labio. Luego de eso los adolescentes obligaron a los tres a encerrarse en el baño de damas de la planta baja, pero antes los despojaron de dinero y objetos personales, entre ellos los teléfonos celulares.
Con las únicas personas que estaban en planta baja encerradas en el baño, los dos delincuentes dispusieron de total libertad para revisar ese sector del hotel. De la recepción robaron dinero y cuando comenzaron a bajar los otros huéspedes también los asaltaron. Uno de los asaltantes, con una cuchilla de la cocina, los obligaba a ingresar al baño. "A cada uno que robaban lo metían con nosotros en el baño. En un momento llegamos a haber 10 personas, todas amontonadas", dijo Graciela.
Después de casi 20 minutos y de revisar dos habitaciones de la planta superior, los asaltantes decidieron marcharse, llevándose cerca de 5.000 pesos, varios objetos personales de valor y teléfonos celulares.
Cuando las víctimas lograron salir del baño se comunicaron con la policía, esperanzadas con una pronta llegada y búsqueda por la zona. "Para mí había zona liberada, como se dice usualmente, porque el patrullero de la comisaría primera que está a pocas cuadras de acá, recién llegó a los 20 minutos", comentó indignada la mujer. De acuerdo a sus dichos, la policía desestimó dos elementos que podrían haber sido de importancia para esclarecer el hecho.
El primero de ellos fue la cuchilla empuñada por el delincuente. Ese utensilio usado como arma de amenaza fue dejado en el hotel, con huellas dactilares evidentes. El segundo fue el teléfono celular de la conserje, sobre el cual se produjo una situación insólita.
La mujer se comunicó a su propio teléfono, en un intento por recuperar la memoria y el chip. Del otro lado atendió uno de los malvivientes, quien le pidió "2 lucas" de rescate. La conserje quiso seguir hablando, pero no lo hizo porque en un primer momento creyó que la comunicación se había cortado. Sin embargo, eso no había ocurrido, aunque el menor no lo advirtió. "Escuché todo lo que hablaban. Que iban en un remís, para el lado qué iban, cómo se divertían por el robo, cómo iban a repartir el dinero. Fueron 18 minutos que me aportaron datos muy importantes para investigarlos. Pero la policía consideró que no servía. Es más me dijeron con ironía: "esas cosas solo pasan en las películas"", señaló.
Tras el robo, el cadete debió recibir asistencia médica a raíz del corte en la cabeza por el culatazo y al del labio por la patada. Pese a la violencia del robo, fue la única persona lesionada. Los huéspedes, tanto como la conserje resultaron ilesos. El viernes la policía fue consultada pero no hizo ningún comentario al respecto.
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