15 de junio de 2011

Locales

Locales. Duro relato de un hombre que acusó a dos policías de vejaciones en la comisaría

Ayer por la mañana el Juzgado Correccional, a cargo del doctor Carlos Alberto Pocorena, dio comienzo a una audiencia oral y pública en la que se juzga la responsabilidad penal de dos policías, acusados de vejaciones.

El hecho data del 3 de febrero de 2008, cuando por un incidente familiar que requirió la presencia de los uniformados terminó con una detención por atentado y resistencia de la autoridad de quien había solicitado el socorro policíaco, con la paradoja que horas más tarde el victimario se dijo víctima, al denunciar que había sido brutalmente golpeado en los calabozos de la Seccional Tercera.

En efecto, el ministerio público, a cargo del doctor Gustavo Morey adelantó que buscaría probar en el debate que los oficiales Juan Damián Orsatti y Héctor Oscar Pedernera (actualmente en funciones) agredieron físicamente a Angel Antonio Rodríguez, delito que fue calificado como vejaciones. Para ello, se basaría en la prueba incorporada por lectura al debate como así también de lo que iba a surgir en la audiencia a través de los testimonios.

La víctima, además, contó con la presencia del doctor Cesar Alberto Cárdenas como particular damnificado.

La defensa, por su parte, a cargo de los doctores Esteban Hess y Gabriel Di Giulio, plantearían la inexistencia de los hechos a ventilarse y consecuentemente la absolución.

La jornada de ayer transitó por los testigos aportados por la acusación, léase el propio Rodríguez como aquellos vecinos y allegados que de alguna manera se complementarían a la versión de la víctima.

También hubo tiempo para escuchar a algunos de los policías que aquel día intervinieron en el procedimiento junto a los acusados. Sus dichos redundaron en restarle importancia a la presunta gravedad de lo descripto por el denunciante, aludiendo a normales forcejeos entre efectivos y aquellas personas que se resisten y se termina aplicando “la fuerza mínima e indispensable”. Sobre la golpiza ya dentro de la comisaría, dijeron desconocer semejante situación y, sobre el golpe puntual que tenía el detenido en su pómulo izquierdo habría sido motivado de aquellos forcejeos primeros dentro de la casa.

LA HISTORIA

Sobre la gestación del incidente ahora llevado a juicio, el fiscal resumió en que aquel 3 de febrero de 2008, cuando desde una casa de calle Magallanes se llamó al 101 solicitando la intervención policial por la presencia de una irascible mujer en la casa.

En efecto, la mujer resultó ser la amante por ese entonces de Rodríguez, quien fue a recriminar a su propia casa, donde estaba su esposa, por circunstancias que hacen al índole privado.

Una vez adentro, ninguno de los moradores podía apaciguar a la mujer que se encerró en el baño. Ante ello se llamó a la policía.

Una vez arribadas distintas dotaciones de la comisaría Tercera, los efectivos buscaron interceder con la mujer y, cuando la iban a reducir para trasladarla comenzó la resistencia. Pero ya no sólo de la amante, sino del propio Rodríguez que pedía que no hacía falta tanta violencia para retirarle.

Finalmente, Rodríguez terminó siendo también reducido en su accionar por los policías. Sin lograr esposarlo, uno de los policías (Pedernera) lo tomaría del cuello con uno de sus brazos y tratando de restringir el movimiento de sus brazos.

No sin forcejear, fue empujado dentro del patrullero, y de allí trasladado a la Seccional, donde, según la acusación, fue agredido por los uniformados.

Cabe consignar que por el procedimiento en el domicilio se inició una instrucción bajo el delito de resistencia y atentado a la autoridad contra Rodríguez, proceso que actualmente se encuentra en suspensión de juicio.

De todas maneras, claro está, la defensa de los policías se tomarían de aquellas circunstancias para buscar acreditar que los supuestas lesiones recibidas por el ahora víctima devino de aquella aprehensión, no en la comisaría.

EL RELATO DE LA VICTIMA

Lo que se esperó con mayor interés precisamente fue el testimonio del propio Rodríguez, quien a sus modos y sus formas ratificó, incluso amplió, lo que oportunamente había denunciado en fiscalía contra los uniformados.

Así, el testigo afirmaría que los policías le pegaron en el patio de la comisaría como una vez adentro del calabozo.

Primeramente, llevado por el fiscal, reseñaría que hizo la denuncia al día siguiente de haber recuperado su libertad. Que una vez en la sede judicial le presentaron fotografías y él logró reconocer con certeza a uno de los policías (Pedernera) y otro un tanto con dudas (por Orsatti), aunque ahora en la audiencia, a escasos metros y sin titubear certificaría que esos hombres ahora de civiles, al lado de los abogados, eran los que le había pegado.

Si bien el fiscal habló de golpes en el calabozo, Rodríguez ampliaría el abanico de agresiones sufridas como de los lugares donde ocurrieron. Con mucho énfasis y naturalidad, a pesar de la incomodidad del momento, recordó que primeramente le dieron una golpiza en el patio, una vez sacado del patrullero. Donde habían sido varios los policías que intervinieron en la especie de fusilamento de puntapié y trompadas. Hasta que lo dejaron en el suelo, los policías le retuvieron sus brazos y piernas para ahí Pedernera apoyarle a presión la rodilla en el pecho y escupirlo en la cara, no sin luego decirle que era un pu...camionero.

Sus dichos eran acompañados por una mirada directa al presunto policía agresor, cuyo rostro pálido se fue transformando un rojo fuego.

Rodríguez luego relataría que una vez en el calabozo, sería esposado, y allí otra vez Pedernera y Orsatti retomarían los golpes, hasta que el último le dijera que ya era suficiente, diciéndole a su compañero que parara con los golpes. “Si no fuera por él -por Orsatti- aquel me seguía pegando hasta hoy”, graficó con singular crudeza.

Pasadas las horas, arribó su amigo (quien ratificaría la evidencia de los golpes) y frente a éste el propio Pedernera se habría acercado a pedirle disculpas por los incidentes vividos.

“。Ellos no pueden ser policías, no pueden estar en servicio!”, arremetía el testigo a la vez de aclarar que no tenía animosidad alguna para perjudicar a los policías, simplemente que fueran sancionados por lo que le había hecho. “Es lo único que quiero”, asestó frente a la mirada atenta de las partes.

Preguntado si había vuelto a ver a los policías, Rodríguez no dudó en recordar que, aproximadamente un mes atrás a esta audiencia, se topó con Pedernera en la ruta y acceso a Juárez (localidad donde hoy cumple funciones el uniformado), fue detenido en su camión y le controlaron su mercadería. En ese lapso, Pedernera se dirigió hacia él y le habría pedido que lo ayudara en el juicio, que si no estaba sentenciada su carrera de policía. A lo cual el testigo le respondió: “yo te voy a dar la mano igual que me la diste vos”.

Tras los relatos de los allegados al denunciante, que buscaron darle credibilidad a la versión coincidiendo con el tiempo, forma y lugar de los hechos, cerraría la audiencia, para continuar hoy con el comparendo del resto de los testigos citados y, factiblemente, los alegatos de las partes.

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