14 de febrero de 2011
Por Guillermo Fernández
El barco se hunde, lenta e inexorablemente y da la sensación que nadie toma en cuenta lo que podría llegar a suceder en el futuro inmediato. Así está Santamarina en la actualidad. Hasta hace poco, había rebeldía dentro de la cancha que mantenía el fuego sagrado. En la actualidad la rebeldía se da vía Facebook o en un local bailable después de una derrota. En la cancha poco y nada muestran varios jugadores.
Creo que no hay un único culpable de esta situación. Todos tienen su cuota parte de responsabilidad en este presente de oscuros nubarrones. El equipo se armó sin jerarquía, con jugadores de cuarta división que no tenían idea lo que era un certamen de ascenso y con escasa pretemporada porque la plantilla se terminó de confeccionar en la semana previa al debut.
Esta desprolijidad ya se había observado en otras temporadas, pero antes había jugadores que conformaban una columna vertebral importante. Hoy ni siquiera eso tiene este plantel. Se salvan del aplazo Diego Fernández, Diego Bucci y Edgardo Brittes, por entrega y por rendimientos. Con un plantel gasolero y sin figuras rutilantes, los resultados están en la vista y el descenso o la promoción asoman en el horizonte.
El hincha ya no sabe que hacer desde las tribunas para empujar al equipo, y cae en el insulto que es una mezcla de impotencia y tristeza por lo poco que ofrecen los que están del otro lado del alambrado. Los tres partidos al hilo en Tandil, los dos rivales directos a los que enfrentaba en casa ya son historia. Santamarina no aprovechó nada, dejó escapar sus posibilidades y sigue hundido en la tabla y confundido en cada presentación.
Los refuerzos que llegaron brillan por su ausencia. Hay menos jugadores que el año pasado. Hay lesionados que diezmaron aún más el escueto plantel y ante este panorama el DT se ve obligado a recurrir a los pibes, que son una gran apuesta a futuro pero no una solución para este magro presente.
Faltan seis fechas para culminar una primera parte que hasta el momento es muy mala y en donde deberá jugar 4 partidos como visitante (Cipolletti, Unión, Brown y Villa Mitre).
Llegará el Reclasificatorio y habrá que ver con cuanta diferencia numérica ingresa el Aurinegro a esa etapa con relación a sus rivales, donde estará obligado a salir primero o como mejor segundo, porque caso contrario y de seguir perdiendo unidades estará en promoción, que sería el mal menor o en descenso que sería una desazón enorme, tras haber realizado campañas inolvidables.
Dirigentes, jugadores y cuerpo técnico, por si no se dieron cuenta el barco Aurinegro se está hundiendo. De ustedes dependerá sacarlo a flote.
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