4 de agosto de 2012
Por Néstor Dipaola
El viejo refrán es atribuido a los españoles, aunque en realidad parece tener su origen en la antigua Grecia. En una de las Fábulas de Esopo, que vivió unos seis siglos antes de Cristo, el autor narra que un perro decidió dormir su siesta sobre el comedero de un buey. El buey había estado trabajando en la huerta con su amo, el hortelano. Cuando llegó en procura de su ración de pasto natural, el perro no lo dejó arrimarse, embroncado porque el buey lo había despertado. Le ladraba y le mostraba una y otra vez sus filosos colmillos.
Mucho después, en España empezó a usarse el refrán, dando por entendido que el perro, al no ser comúnmente vegetariano, le cuidaba la huerta a su dueño. Incluso Lope de Vega, allá por el año mil seiscientos, escribió una obra de teatro (una comedia de enredos) con ese nombre: “El perro del hortelano”. Veamos una pequeña parte del texto:
TEODORO:
No sé, Tristán; pierdo el seso de ver que me está adorando y que me aborrece luego. No quiere que sea suyo ni de Marcela, y si dejo de mirarla, luego busca para hablarme algún enredo. No dudes; naturalmente, es del hortelano el perro: ni come ni comer deja, ni está fuera ni está dentro.
La insólita reacción en contra del club Santamarina y su futuro predio
En los últimos días, se conoció la noticia de que la Dirección General de Escuelas y Cultura de la provincia de Buenos Aires, resolvió adjudicar al club Ramón Santamarina una fracción de doce hectáreas del ex Instituto Superior de Educación Rural (ISER). Se trata de un trámite iniciado en el año 2009 por el entonces presidente Raúl Escudero y finiquitado ahora durante la gestión del actual titular, Pablo Bossio.
Increíblemente, la medida desató airadas protestas de docentes y otras personas vinculadas a grupos educativos que actualmente están trabajando en el ex ISER. Es más, se encuentran realizando por estos días las denominadas “cadenas” de meils (nos tomamos la licencia de castellanizar esta última palabra), con una furia semejante a la de una población afectada, por ejemplo, por alguna peligrosa contaminación de una mina.
Como muchísima gente desconoce las distintas y auténticas historias, bien valen algunas aclaraciones. En primer lugar, dicho territorio tiene en total cerca de sesenta hectáreas. Y con la adjudicación de esa fracción de doce al club Santamarina, ni los educadores ni los educandos pierden absolutamente nada. Ellos continúan trabajando en su espacio específico. Por otro lado, tal sitio actualmente no presenta uso alguno y es un espacio que ni siquiera contiene árboles exóticos. Hay algunos añejos eucaliptos que el club se propone conservar.
La quiebra en los infelices años noventa
Luego, hay muchas inexactitudes en el comunicado que envían estos particulares “indignados”. Por ejemplo, a Santamarina no lo fundieron los socios ni los directivos actuales. Tampoco es casual que ese terrible episodio de la quiebra, haya ocurrido en los nefastos años noventa de la Argentina, donde tampoco subsistieron en Tandil el mismísimo Banco Comercial y las emblemáticas aseguradoras locales La Tandilense y El Centinela. Y si desaparecieron los bienes del club, ello se debió al manejo inescrupuloso de apenas un par de dirigentes que ya todos saben quiénes son.
Aun así, el monto de las deudas que tenía por entonces la institución, era manejable. Pero unos cuantos, profesionales y no profesionales, aprovecharon la situación para hacer crecer los números en provecho propio. Y para colmo de males, nos tocó en suerte un intendente que no era lugareño y que nada entendía de los sentimientos y de la historia de los tandilenses. Entonces, no tuvo mejor idea que apoderarse de la Quinta Belén, por apenas tres monedas de deuda del club al municipio. Y en lugar de reintegrar ese predio al legítimo dueño, entre Zanatelli y Oroquieta se lo entregaron al Sindicato de Municipales. Contubernios, que le dicen…
Por entonces, la Municipalidad de Tandil, la misma de don Julio J., cometió un tremendo error/horror al autorizar la segunda edición de la rifa Póngase las botas, cuando se debían premios de la anterior. Legalmente, no se podía autorizar. O sea que por negligencia e ineptitud, el municipio es también culpable directo de lo ocurrido.
Estos particulares “indignados” desconocen también que el club Santamarina donó a la comunidad tandilense varias escuelas y jardines de infantes. Y que durante un siglo de historia de la ciudad, a través de las intensas prácticas deportivas y sociales, formó fundamentalmente personas sin pedir nada a cambio.
El futuro es ahora
Con este predio justicieramente asignado, la enorme barriada de Villa Aguirre y aledaños crecerá más que nunca, y se pondrá en marcha un polo de desarrollo que llenará de beneplácito no solamente a los actuales simpatizantes y dirigentes aurinegros (entre los que orgullosamente me cuento) sino al barrio y a la ciudad toda.
Por eso, volviendo al comienzo, es lamentable que este sector de educadores esté actuando como el perro del hortelano. O mucho peor todavía, porque el perro de los griegos era apenas un macho cabrón enojado porque lo despertaron de la siesta. Y el que refundaron los españoles, al menos cuidaba los frutos de su amo. En cambio este grupo parece actuar con el egoísmo de la ignorancia y del odio por el odio mismo. ¡Qué pena!
Comentarios
0Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
Iniciá sesión para dejar tu comentario
Iniciar sesiónCargando comentarios...
Denunciar comentario