5 de enero de 2013

Locales

Locales. El CPA local posee un grupo de autoayuda para familiares de alcohólicos

La Lic. Carolina Eckart, coordinadora del dispositivo y parte del equipo técnico y profesional del Centro de salud, aborda la temática con una mirada experimentada en el hacer cotidiano.

El alcoholismo o dependencia del alcohol es definido como una enfermedad que incluye síntomas tales como el deseo compulsivo de beber alcohol, pérdida de control y dependencia física entre otros.

El alcoholismo es una enfermedad que afecta integralmente a las personas, es decir que repercute en las áreas biológica, psicológica y social; siendo ésta una patología crónica, progresiva y mortal.

A pesar de que no existe, hasta el momento, una cura para el alcoholismo si existen diversos tratamientos que controlan la cronicidad y progresión de la enfermedad.

El impacto de la dependencia al alcohol en el seno familiar es enorme, originando separaciones, divorcios, episodios de violencia tanto física como verbal y abandono.

“Encontrarme como profesional con el sufrimiento psíquico que trae aparejado esta enfermedad me permite afirmar que la misma no es un padecimiento solitario sino una patología que tiene un impacto significativo en los vínculos familiares”, dice Eckart. Dichas relaciones se ven atravesadas por lo incoherente y lo impredecible.

“En el grupo para familiares y referentes que coordino en el CPA me encuentro con esposas, novios, hijos, etc. en los que se observan actitudes y conductas que responden a una lógica propia de un funcionamiento familiar que intenta estabilizar dicho sistema familiar, haciendo más fácil y menos dolorosa la convivencia. Para ello, la familia adopta roles disfuncionales que los llevan a sobrevivir la enfermedad de uno de sus miembros”.

Dichos roles pueden ser::

El rescatador: este miembro se encarga de salvar al adicto a los problemas que resultan de su adicción. Son los que inventan las excusas, pagan las cuentas, llaman al trabajo para justificar ausencias, etc. Ellos se asignan a sí mismos la tarea de resolver todas las crisis que el adicto produce. De esta manera promueve el autoengaño del adicto, manteniéndolo ciego a las consecuencias de su adicción y convencido de que no existe ningún problema con su uso.

El cuidador: ellos asumen con ímpetu todas las tareas y responsabilidades que puedan, con tal de que el adicto no tenga responsabilidades, o tenga las menos posibles. Ellos actúan así convencidos de que al menos "las cosas están andando". Lo que no pueden ver es que esto, los carga con tareas que no les corresponden y con responsabilidades que no son suyas, produciendo una sobrecarga que afecta su salud. Esto a su vez promueve la falta de conciencia en el adicto, del deterioro que produce la adicción en su funcionamiento.

El rebelde: la función del rebelde u oveja negra, es desenfocar a la familia y atraer la atención sobre sí mismo, de modo que todos puedan volcar sobre él su ira y frustración.

El recriminador: esta persona se encarga de culpar al adicto a todos los problemas de la familia. Esto sólo funciona para indignar al adicto, brindándole así una excusa perfecta para seguir consumiendo.

El desentendido: usualmente es tomado por algún menor de edad que se mantiene "al margen" de las discusiones y de la dinámica familiar. En realidad es una máscara que cubre una gran tristeza y decepción que es incapaz de expresar.

El disciplinador: este familiar presenta la idea de que lo que hace falta es un poco de disciplina y arremete al adicto, ya sea física y/o verbalmente. Esta actitud nace de la ira y frustración que se acumulan en la familia del adicto y de los sentimientos de culpa que muchos padres albergan por las adicciones de sus hijos.

“La dinámica de estas familiar deja ver que las reglas suelen ser confusas e inútiles y los límites rígidos o inexistentes. Está alterada la comunicación, tornándose indirecta y encubierta en donde los sentimientos carecen de valor”. En consecuencia, puede pensarse que el modelo de sistema de familia en el caso de la familia alcohólica tiene cuatro principios básicos:

Se ha definido a la familia del alcohólico como sistemas conductuales en los cuales el alcoholismo y las conductas vinculadas con éste se han convertido en principios organizadores centrales en torno a los cuales se estructura la vida de la familia. Por lo general el impacto del alcoholismo y de las conductas conexas con el alcohol sobre el funcionamiento familiar se advierte con mayor claridad en los tipos de cambios que se producen en las conductas reguladoras, a medida que la familia adapta, poco a poco, su vida a las exigencias coexistentes del alcoholismo. Se observan conductas tales como sobreprotección, fusión o unión excesiva entre los miembros de la familia, incapacidad para resolver conflictos y una rigidez extrema. Así, el sistema familiar del adicto establece un estilo de vida que permite que la enfermedad continúe de generación en generación.

Las familias alcohólicas se mueven y acomodan a las exigencias de la vida con un miembro alcohólico.

Existen algunos especialistas como Stephanie Brown, (1985) que es una de las pioneras en el tratamiento de las familias alcohólicas, quienes afirman que la familia con un miembro alcohólico no es una familia disfuncional, es una familia que ha aprendido a funcionar con un miembro enfermo gracias al reacomodo que se da a raíz de la enfermedad. Se vuelve disfuncional cuando el alcohólico entra a tratamiento y comienza a cambiar el rol central que tenía en la familia.

“Las personas que se acercan al dispositivo grupal que coordino en el CPA manifiestan querer hacer algo por el adicto, pero no saben qué, ni cómo, hacerlo. Se ven afectados cognitiva y emocionalmente, al punto de dudar seriamente de sus intuiciones y observaciones. En ocasiones sus conductas dan cuenta de mecanismos defensivos que adquieren dimensiones tan patológicas como las del adicto. Dichas conductas son conductas que en lugar de detener la enfermedad la prolongan.

Es importante recalcar que los miembros que integran la familia con un miembro alcohólico también enferman de manera progresiva. Los familiares persisten en roles disfuncionales, cuyo objetivo es el de proveer a la familia con un mecanismo de defensa para disminuir la ansiedad y el temor por el cual están pasando”, añade la profesional.

“En el espacio grupal que coordino en el CPA mis intervenciones apuntan a hacer relacional el problema del consumo de alcohol propiciando que el familiar pueda interrogarse sobre sí mismo y sobre las repercusiones de sus conductas en su vida y en la del adicto”, concluye la licenciada en su informe.

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