18 de agosto de 2020
El Dr. Gastón Barreto es investigador de CONICET y dirige el
proyecto "Universidad y cannabis" (UNICEN); el próximo jueves, a las
19, a través de la plataforma Meet, será parte de los expositores invitados por
el Sindicato de Prensa de Tandil y Azul al debate "Cannabis: en busca del
humo blanco", del cual también participarán Ángel Orbea (coordinador del
Centro de Día del Centro de Salud Mental del Municipio), Gustavo Ojeda (por la
CADE, Cultivadores Unidos por sus Derechos Tandil), Diego Araujo (defensor
oficial del fuero penal del Departamento Judicial de Azul) y el periodista
Marcos González (El Eco Multimedios) por la entidad organizadora.
Barreto se refirió a la revitalización del debate, a partir de
la presentación del borrador, por parte del ministro Ginés González García,
pero también puso el foco en otros aspectos pendientes en la discusión:
"todavía no se refleja la complejidad integral que contemple el uso medicinal
y cultural", sostuvo.
¿Cuáles son los puntos más altos del debate sobre la
utilización del cannabis? En relación a ello, ¿cuáles las cuestiones que deben
ponerse ya en la agenda pública para promover otro escenario en el uso y
autocultivo?
Podríamos definir, a grandes rasgos, dos escenarios: uno
definido por el uso terapéutico, paliativo y medicinal y el otro, definido por
un carácter cultural.
El primero de ellos intenta abordar el decreto reglamentario
del nuevo borrador. Desde esta perspectiva, hay una buena decisión -escrita, en
primera instancia, en ese borrador- vinculada a generar esa autonomía,
respetando el derecho constitucional y promoviendo, sobre todo, el acceso a la
salud desde una visión integral. Quizá desde esta óptica no haya demasiadas
estrategias desde el Estado, de construir políticas nuevas al respecto y creo
que en ese punto es necesario introducir otras vertientes de análisis.
Durante el último tiempo, el autocultivo ha recorrido un
largo camino, convirtiéndose en un refugio para la calidad de vida de quienes
abordan esa terapia. Esperemos que la reglamentación sea lo suficientemente
amplia como para garantizar que esto suceda en un marco reglamentario
continente que aporte nuevas herramientas y estrategias para los usuarios.
La estructura del Estado puesta al servicio del control de
calidad y cantidad, sumado al diseño de esquemas de dosificación, por ejemplo,
ya colaboraría en la definición de un nuevo escenario. Sin embargo, hay un
punto central que es necesario discutir y está relacionado con la puerta que se
abre hacia la posibilidad de organizar el autocultivo de manera comunitaria.
Creo que en ese aspecto hay un gran trabajo por hacer: un pequeño porcentaje
elige el autocultivo y otro, la industria farmacéutica para obtener algún
derivado cannábico. Pero una gran porción de la sociedad tiene que ser
concebida en un marco más amplio del acceso, entre los cuales debemos
contabilizar a quienes no tengan ningún tipo de cobertura, y quienes no eligen
el camino del autocultivo. Si nos detenemos a analizar ese aspecto, estamos
ante un enorme desafío por asumir en el plano comunitario, más allá de las
políticas públicas que diseñe el Estado. Ya contamos con ciudades con esquemas
de abordaje bastante simples pero efectivos, al respecto: estructura, recursos,
compromisos, factores humanos y distintos actores e instituciones que generan
miradas interdisciplinarias muy importantes. En esos casos, ya se está
trabajando en un andamiaje público-privado, partiendo de una visión global de
acceso a la salud. Claro que supone mucho trabajo por hacer en materia
legislativa pero también es tiempo de involucrar en la discusión a la esfera
privada que avizora las posibilidades del mercado.
Creo que hay que generar un sistema asociativo híbrido de un
modo tanto o más decisivo que lo que realice el Estado en materia de políticas
públicas sobre el acceso a la salud. Asociarse desde un esquema no es la
solución que nos ponga de manera concluyente en el camino de la soberanía pero
es un paso importante que dar en esa dirección.
¿Cuáles son los mayores riesgos que advertís en el contexto
actual -alto consumo y gran desconocimiento- sin ninguna regulación de la
actividad, más que la restricción punitiva total?
Los riesgos más visibles derivan de la cuestión punitiva en
relación a lo que cada uno elige para mejorar su calidad de vida. Luego, hay
otros riesgos vinculados a la ansiedad que genera esa situación de
"ilegalidad" -entre comillas- porque en otros lugares está
absolutamente legitimado. Hay cosas que suceden a pesar de los marcos
normativos y leyes vigentes: eso es innegable.
Existe un gran consumo de derivados cannábicos; el mayor
volumen se concentra en aceites, lo cual genera, la mayoría de las veces,
desesperación y necesidades insatisfechas, a la hora de garantizar la provisión.
Habría que reconsiderar si podemos definirlo como riesgo, aunque creo que
generar expectativas en personas que cursan determinados síntomas o
enfermedades -una situación que se sucede todo el tiempo- ya nos coloca ante un
panorama al que tenemos que encontrar una respuesta. "¿De dónde lo saco?
¿Dónde lo consigo?" Son muchas más las incertidumbres y lagunas y la falta
información que las certezas. Y esto también se registra en los ámbitos
profesionales donde todavía se vislumbra una falta de capacitación y
compromiso, cuando ya deberíamos estar debatiendo esta cuestión en otro
escenario, al menos, la posibilidad de un debate en el que la salud pública
debe adquirir un rol central y habilite una discusión amplia, garantizando
ámbitos más integrales.
Creo que la mayor cantidad de riesgos están asociados a todo
lo que subyace a esta cuestión de fondo, a una demanda acorralada por la
clandestinidad, más que a cuestiones tecnicistas derivadas de su uso, lo que no
supone hacer caso omiso a los efectos adversos, sino poner el eje de debate en
cuestiones nodales.
¿Cuáles son los principales objetivos del proyecto
Universidad y Cannabis?
El proyecto ya tiene su tránsito: desde su aprobación, en
2017, por la Secretaría de Políticas Universitarias se concibió como un terreno
bien integral, que comprendiera la participación de muchos actores del ámbito
social.
Los principales objetivos se siguen sosteniendo, habida
cuenta de que hemos transitado poco en cuanto a la evolución de estadios en el
plano nacional, aún cuando desde el terreno institucional, se ha intentado
abordar en conjunto y de forma interdisciplinaria e integral esta necesidad
insatisfecha mencionada anteriormente: es algo que ya sucede en la sociedad con
una reglamentación que viene a la zaga, y lo mismo puede apreciarse, en
términos generales, en la esfera científica y académica.
El proyecto tiene objetivos explícitos e implícitos que se
fueron construyendo a medida que fuimos trabajando. Desde el comienzo, nos
hemos propuesto sistematizar, organizar y visibilizar información empírica y
evidencia científica, además de generar espacios de discusión sobre la
temática. Desde un punto de vista técnico, también hemos iniciado la
cuantificación de algunos derivados cannábicos que utilizan los pacientes.
Cabe destacar que no estamos hablando de una medicina
alternativa, sino que nos manejamos con los mismos marcos de evidencia
científica y de construcción del abordaje profesional de los profesionales de
la salud para dar cuenta de un fenómeno social que no es lo suficientemente
ponderado en todos sus órdenes. El cannabis no es una medicina distinta, es un
complemento y se ha vuelto vital a la hora de contener esas necesidades
insatisfechas que venimos enumerando. Desde esa perspectiva, el proyecto intenta
abordar la temática con una óptica más abarcativa: desde la antropología
médica, desde la salud, desde el derecho de los pacientes, etc.. Por esa razón,
cada vez incorporamos al proyecto más actores activos para pensar en conjunto:
docentes de Facultad de Derecho, de Ciencias de la Salud, de Ciencias Sociales
y de Ingeniería, así como distintas organizaciones civiles.
¿En qué aspectos inmediatos es imprescindible anular el
carácter clandestino de estas prácticas mencionadas?
En todos los aspectos: en lo inmediato sacar de la
ilegalidad a quienes hacen un uso cultural del cannabis, en términos amplios.
La actual ley de estupefacientes está totalmente obsoleta, basta observar lo
que sucede a nivel mundial en lo que concierne al carácter regulatorio. En lo inmediato,
también hay que avanzar en la despenalización y abrir la discusión sobre el uso
del cannabis hacia otros lugares, en un esquema posible de legalidad y, en ese
sentido, creo que hay que retomar la discusión sobre el uso terapéutico,
medicinal y paliativo, que ya tiene un recorrido amplísimo en la práctica,
razón por la cual se torna inminente la sanción de un paquete legislativo que
introduzca modificaciones a la ley 27350 (uso medicinal de la planta de
cannabis y sus derivados) y pueda contener a la enorme cantidad de pacientes y
familias en un nuevo esquema de acompañamiento médico, asegurando también una
estructura necesaria para que haya un seguimiento formal.
Todo ello lo garantiza el fin de la clandestinidad: es algo
que debería haber sucedido hace mucho, un reclamo que se ha sistematizado desde
2017, aun cuando todo sigue igual.
Hay que ir por lo que sigue, es decir, hablar de un uso
cultural del cannabis, inclusive en el uso industrial, pensar en una estrategia
productiva y que deje de colocar a la historia del prohibicionismo en el campo
de una batalla perdida contra grandes multinacionales.
Cómo unirse al debate
Los interesados en acceder a la videoconferencia podrán
unirse a través del link
https://meet.google.com/wcz-dzkr-ozm
También se puede acceder por teléfono, marcando +54 11
3986-3700 y luego ingresando el PIN: 495 775 966 9695#
Para ver más números de teléfono, hacer clic en este
vínculo: https://tel.meet/wcz-dzkr-ozm?hs=5.
"Cannabis, en busca del humo blanco" es organizado
por el Sindicato de Prensa de Tandil y Azul y cuenta con los auspicios de
Cultura UNICEN, Colegio de Abogados del Departamento Judicial de Azul y del
Colegio de Psicólogos de la provincia de Buenos Aires Distrito VIII.
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