13 de diciembre de 2015

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Deportes. El fiscal elevo a juicio el caso de la muerte de Emilio Herrería

Según trascendió, la expectativa de la pena que podría caberle al empresario transportista que a bordo de su Toyota Hilux SW4, cruzó en rojo un semáforo y embistió violentamente a Herrería, que pasaba en verde, sería de alrededor de 10 años de prisión efectiva.
Eguzquiza, elevó el pedido de juicio contra Amores, por el delito de Homicidio con Dolo Eventual, figura inusual para este tipo de episodios, que permitió que el conductor de la Toyota, permaneciera en prisión todos estos meses.
Para el instructor judicial, estaría comprobada la actitud desaprensiva y de falta de valoración de la vida ajena por parte de Amores, quien cruzó varios semáforos en rojo en una demencial carrera por la Avenida España, en la que iba acompañado por una de sus hijas.
Al llegar a la intersección con calle Paz, Amores siguió quebrantando las normas de tránsito y ocurrió la desgracia que en ese momento, con semáforo en verde, el mandadero Emilio Herrería, de 36 años, cruzó por delante de la portentosa camioneta que lo golpeó de manera muy violenta y lo lanzó varios metros por sobre la avenida, quedando la moto virtualmente destrozada y el motociclista, con gravísimas heridas que ocasionaron su muerte a los pocos minutos.
Eguzquiza detalló en su requisitoria que Amores “circulaba a excesiva velocidad en una zona altamente transitada, realizando una "picada" con un automóvil Ford Focus, cuyop conductor aún no fue individualizado”.
La justicia considera que el conductor de la Toyota, un empresario del transporte, propietario de varios camiones de carga, evidenció un accionar temerario y “se representó la posibilidad cierta y altamente probable de alcanzar mortalmente a alguna persona que intentara trasponer en vehículo o caminando por calle Paz la avenida, ya que al comenzar el cruce ya hacía varios segundos que el semáforo se había puesto con luz roja (incluso un vehículo cruzó por calle Paz previo a la víctima) y, a pesar de ello, aceptó que tales resultados letales sucedieran y, de todas formas, continuó su marcha a gran velocidad a sabiendas que no se hallaba en condiciones objetivas de evitar el impacto ante la presencia de un peatón o vehículo que cruzara la arteria, con total desprecio de las vidas de personas que intentaran cruzar la avenida, colisionando al motociclista con la parte frontal de la Toyota”.
Lamentablemente, ese riesgo se transformó en tragedia, porque la carrera mortal de Amores alcanzó a Herrería, quien sufrió “traumatismo grave cráneo cervical, toraxo abdominal cerrado, fractura de columna cervical y hernia traumática hemi diafragma izquierdo”, heridas éstas que le causaron a la víctima un paro cardiorrespiratorio traumático que le produjo su deceso a las 23.55 de aquella noche en el Hospital Santamarina.
El pedido propone que el caso sea juzgado por un Tribunal de Jurados, aunque el acusado puede oponerse al mismo, en cuyo caso, recaería en los estrados del Tribunal Oral en lo Criminal Nº 1.
Un elemento que complica la situación de Amores, tiene que ver con los testimonios de los testigos del hecho, que son varios y que coinciden en que el desaprensivo automovilista actuaba en forma amenazante con quienes le reprochaban lo que había ocurrido y que en ningún momento mostró congoja o arrepentimiento, como tampoco preocupación, por la situación del atropellado.

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