23 de diciembre de 2011
Accesorio minúsculo, si lo comparamos con la tremenda masa muscular que puede dominar, nada más y nada menos que los 400, 500 y hasta mil kg. de peso de un caballo, de silla o uno de tiro, lo que ha creado desde el inicio de la historia ecuestre mundial, un tema a resolver, por los caballistas, jinetes y domadores al momento de “enfrenar”, tratando de encontrar el más apropiado para su cabalgadura.
Desde el comienzo de los tiempos, en los que solo se usaban simples embocaduras como freno, el hombre fue descubriendo su manejo, creando y destruyendo mitos que se crearon con respecto a bondades y defectos de cada modelo, pero de lo que estoy totalmente seguro, es de que no existe una receta infalible, cada caballo necesita su freno y de esa forma cumplirá a satisfacción la función para lo cual se lo domo.
Hay variaciones (fundamental) en la mano de el que lo maneja, un mal manejo es peor que un mal freno y se debe tener en cuenta al buscar el mas apropiado para el animal, sobre en todo en el proceso de doma, porque conociendo el domador las funciones y principios de cada embocadura, podrá elegir la mas aconsejable para su montado, el cambiar de freno, sobre todo en concursos, en los cuales para una mejor presentación, se cambia el uso del corriente, sin duda producirá vacilaciones en el animal o defensa contra el elemento “extraño” en su boca y esto desembocara sin duda en una reducción de la perfomance que se espera de el.
El freno puede ser de filete, que consta de una embocadura central, articulada o no, con dos argollas una en cada punta, para prender de ellas las riendas y la cabezada.
El freno propiamente dicho, se diferencia del anterior, por llevar remachadas, dos barras metálicas a sus extremos (camas) cuya parte superior (brazo) termina hacia arriba en un ojo de donde se prende la cabezada y hacia abajo (pierna, pata) en otro de donde se prenden las riendas. En el mismo ojo de las riendas se cuelga un pequeño gancho, para prender de él la cadena de la barbada, trozo de cadena circular, que rodea el maxilar inferior del caballo. Sin llegara apretarlo ni dejándolo flojo, puesto que esta cadenilla hace las veces de ayuda, en la palanca que ejerce el freno en la boca del montado. Una barbada demasiado ajustada, mantendrá al freno comprimido, lo que no permitirá el descanso del animal aunque se aflojen las riendas, en cambio demasiado floja no cumpliría su función.
La barbada deberá estar construida de forma tal, que no ejerza dolor ni excoriaciones en la mandíbula del caballo, suelen hacerse inclusive con un tiento de cuero, de suficiente ancho para su mejor efecto. La potencia de un freno esta determinada, no por el, largo de las patas o piernas, sino en la relación de medidas entre estas y los brazos del mismo (efecto de palanca).
Tengamos también en cuenta, que la función del freno no es solo la de parar al animal o su cambios de dirección en el trabajo, pruebas de rodeo, riendas etc., sino también en la posición del cuello y cabeza del animal, lo que produce en su elevación y flexión una mejora en la mecánica general del caballo y sobre todo en la mejora de sus andares. También debemos considerar de que cuando se habla de un freno “pesado” (por su peso especifico) nos enfrentamos a otro mito descartable, si entendemos que un caballo soporta el peso de un hombre sobre su cuello o cabeza sin descender estos, demostrando la enorme fuerza muscular que posee, lo que hace prácticamente imposible que exista un freno pesado para él (la fuerza del cuello de un caballo, la comprueban los montadores, todos los domingos de jineteada, en el lomo de los reservados).
Los frenos de nuestra campaña, comenzaron su registro como tales en los frenos denominados de candado de origen berberisco, con pontezuela fija y barbada de argolla, puente alto y cuatro argollas, para prender cabezada y riendas y fue utilizado por gauchos, soldados y la policía hasta casi fin del siglo XIX época en la que ya se difundía el freno inglés en algunos casos importados de la Gran Bretaña y Bélgica y en otro fabricados aquí por nuestros artesanos. El paisano en sus aperos de lujo, solía colocar copas de plata o alpaca, que tapaban la comisura de la boca del caballo , en muchas casos superando las mismas los 10 cm. de diámetro, las cuales eran labradas o cinceladas por los artesanos, volcando los mismos en el trabajo todo su buen gusto y maestría orfebre y eran colocadas en ambas puntas del eje del freno, haciendo juego en algunos casos con la pontezuela móvil colocada bajo la quijada del animal, también finamente cincelada esta y adornada de acuerdo a la zona del país, observando fielmente los estilos regionales. También es de uso una ruedita de hierro llamada “coscoja”, que colocada en el eje del bocado y hecha girar por la lengua del caballo, produce un sonido peculiar de arrastre que hace eco en las copas, produciendo un agradable sonido muy apreciado por el gaucho, el cual se oye a la distancia y es enseñado a producirlo obligando a tascar el freno colocando generalmente sal en la mencionada coscoja.
En la foto que acompaña la nota vemos un freno de filete articulado, varios tipos de freno, de candado y de tipo inglés, sobresaliendo el de candado de grandes copas y pontezuela de plata y otro de enormes dimensiones con un peso de 1,200 kg. que nos muestra que todos han sido y son de uso, aplicados según las necesidades de nuestro hombre de campo.
Bueno amigos esperando que les haya gustado la nota y deseándoles unas muy felices fiestas los dejo y hasta la próxima. rincontradicionalista@hotmail.com
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