15 de noviembre de 2010
En la edición del siete de julio de 2008, desde éstas páginas se aludió a lo que había deparado el mega conciertodel Indio Carlos Solari en el Hipódromo de Tandil. Se reseñaba sobre la incalculable cantidad de fanáticos ricoteros que como legiones habían llegado a una zona desconocida -incluso para muchos tandilenses- como Villa Aguirre y sus circunstancias detrás de la infranqueable barrera que resulta la Ruta 226. De la cantidad de divisas que había dejado en la economía informal como la formal. De las ventas, del consumo y del folclore que despierta la misa ricotera, incluso más allá del espectáculo que se monta arriba del escenario.
A dos años de aquellas cifras ahora se multiplicaron por el doble. En efecto, si bien el Indio desde arriba del majestuoso escenario habló de 80 mil almas, especulaciones extraoficiales infieren en 120 mil. Un público tan masivo como diverso que dejó grandes divisas para la ciudad en apenas 24 horas (ver declaraciones del jefe comunal).
Nadie resultó ajeno a semejante movida socio cultural. Vecinos conmovidos por esos pibes y no tan pibes, que como hordas irrumpieron sus cansinos días de barrio postergado. Esta vez, a dos años de aquella experiencia, ya los comerciantes de la zona y los mismísimos frentistas no se quisieron quedar afuera de la fiesta. Así improvisaron puestos de venta de bebidas, choripanes, paty y panchos. Se vendió todo y todos contentos.
DOMINGO DE RESACA
Ya entrado el mediodía de ayer, el panorama en Villa Aguirre, sus barrios aledaños y hasta un poco más entrada la ciudad, resultaba cual metáfora de una eterna noche con su mañana de resaca. El dantesco banquete del sábado que miles de angelitos habían degustado quedó cual mesa de fin de año.
Mientras los profesionales de la logística de Chacal Producciones hacía lo suyo en el predio hípico, con el desmonte del escenario y el resto del ornamento dispuesto para contener la cofradía ricotera, vecinos de la zona deambulaban por sus alrededores en busca de algún botín perdido. Ya no eran aquellas almas que flameaban al son del alcohol y otras yerbas, sino los desangelados de siempre. Aunque también los otros, chicos “normales” que hurgaban por los restos de aquella comilona por algo de valor.
El mismo pibe del barrio Palermo que en el 2008 cargaba en una carretilla unas 70 de las cientos de botellas vacías que quedaron en el cementerio callejero de tierra, ayer ya había acordado con otro amigo la renovada tarea. Con más equipamiento a sabiendas que todo se había multiplicado en esta edición.
También aquel padre que hace dos años había renegado durante toda la semana previa por lo que se presumía que se venía, ahora juntaba los morlacos que había dejado como saldo tras el improvisado montaje en su casa de una venta de panchos. También el alquiler del quincho y el baño dejaría su rédito. Con todo, ayer calculaba, pagaba las boletas de gas, teléfono y cable.
Así, los comentarios de los vecinos se repetirían. Para aquellos que optaron por sumarse al evento se ganaron una especie de aguinaldo. Nada mal para sus magras economías domésticas.
Lejos quedó aquel prejuicioso pensamiento común en tiempos zanatellistas, cuando la fiebre ricotera había imposibilitado su despliegue en Olavarría y optó por Tandil, con vecinos atemorizados, enrejando sus ventanas y amotinándose cual invasión extraterrestre. Aquel saldo había dado cuenta que nada malo había pasado, porque como supo decir el propio Indio: “los chicos no nacen malos”. Hace dos años, detrás de la 226, la fiesta también fue en paz y el conservadurismo tandilenses se aplacó. En su edición 2010, ya todos se sumaron a una fiesta. Ya habrá tiempo para juntar la basura interminable. Todos disfrutaron de un banquete sin igual, con sabor a ricota.
Notas relacionadas:
> Como mínimo, la fiesta ricotera dejó 30 millones de pesos en 24 horas
> Estiman que más de 120.000 fanáticos coparon el Hipódromo
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