7 de julio de 2008
Son las 11 de un domingo que no fue cualquiera. Un pibe del barrio Palermo carga en una carretilla unas 70 de las cientos de botellas vacías que quedaron en adyacencias al hipódromo de Villa Aguirre, que en la noche de sábado recobró su mote de mítico, ya no sólo por ser -como dicen- el primer circo de carreras de sudamérica, sino porque resultó escenario de la multitudinaria misa recotera. Los envases el pibe los vendió al almacenero del barrio y se hizo de unos pesos para disfrutar...
Su padre, que renegó durante toda la semana previa por lo que se presumía que se venía, terminó cediendo literalmente su casa. Prestó su parrilla para unos cuarenta muchachos del gran Rosario y terminó compartiendo el baño. Se olvidó de los prejuicios, aceptó una tira de asado mientras le regalaban una remera con la insignia ricotera. El enchufe de la instalación eléctrica también compartió para que el grupo improvisara un recital callejero a la espera de la fiesta mayor.
No fue el único que se hizo de unos mangos. Todos, los que quisieron y podían, se llevaron algún cobre. Desde la leyenda viviente del rock argentino, Carlos el Indio Solari y sus Fundamentalistas del Aire Acondicionado junto a los organizadores (un par de millones a repartir), el concesionario del predio Vista Serranas (unos 35 mil pesos), el municipio (un pocentaje de las boletos vendidos -49.940 a 60 pesos por cápita-), los puesteros habilitados y las decenas que no, kioscos dentro y fuera del recital, restaurantes, estaciones de servicio, choferes de miles de combis y colectivos, y más, muchos más. A no ser que por prejuicio, temor y, especialmente falta aprendizaje sobre lo que implica ser un destino turístico, dejaron de ganar.
Lucas, un estoico y melancólico dueño de un reducido bar céntrico cuya convocatoria diaria no le deja asomar la cabeza con los números mensuales, hizo su venta más extraordinaria que haya conocido la historia de su local donde suelen concurrir amantes, amigos, hijos y padres frustrados. Pisaba las 0.40 y se quedó sin mercadería. Ni hamburguesas, ni tostados de dudoso jamón y queso. Nada, y agotó el estock de cervezas y fernet.
“No tenés nada para comer. Tenemos plata eh!”, suplicó un muchacho del gran Buenos Aires que como en otros tantos comercios lo rebotaron mientas su estómago crujía por algo de comer.
“Viejo, que pueblo de mie...”, saltó otro desesperado cordobés que no podía con su alma. Algo de razón le asistía, interpretó el sufrido Lucas mientras despachaba las últimas gotas de alcohol a los parroquianos que quedaron suspendidos en sus recientes recuerdos de lo que les deparó haber formado parte de la histórica noche ricotera, como aquellas de la Cofradía de Flor Solar, pero mucho menos intimista, más masiva, folclórica y redituable.
LOS NUMEROS
Los números no confirmados son contundentes (pura fantasía comprobable). Cincuentamilcuatrocientosveinte y cinco fanáticos. Unos seiscientas gorilas portando chalecos fosforescentes de seguridad privada y doscientos uniformados azules con sus respectivas gorras. Más de sesenta y cinco mil chorizos, cuatrocientos cincuenta y cuatro kilos de pan y cientos de corte de carne. Tresmilcuatrocientoscincuenta y dos cigarrillos de tabaco y otros cientos de los que dan risa. Cientotresmil gramos de polvo mágico y ácidos a discreción. Miles de cervezas, gaseosa, tetra. Cuatrocientosesenta y tres trapos con leyendas provenientes de cada rincón del país. Doscientastreinta y dos bengalas. Remeras y suvenir a precios variables según la hora de venta. Una sola imagen de la misa, rescatada por las cámaras de canal de cable Todo Noticias de la mano del programa La Viola. Y el pogo más grande del mundo...
A 10 pesos el vaso de cerveza y la bebida energizante o 15 pesitos el fernet. Buzo a 60 pesos, bufanda 15, remeras desde 20, choripanes desde 4 y de remate dos latas de cerveza por 10.
De las 50 mil almas, el 30 por ciento no superaba la franja etaria de los 30. Un 42 por ciento entre los 30 a 45. Un dos por ciento pibes que no superaron los 10 años. El resto portando canas y cutis de una vida vivida más afín a la generación del mítico pelado.
El Indio, en tanto, le alcanzó con cuatro frases para mantener la inalterable fidelidad popular. “Seamos buenos con Tandil, que ha sido muy hospitalaria con nosotros”. “Van a tener que ayudarme porque mi salud no está en la mejor versión”. “Ahora una que sepamos todos” (haciéndose cargo de que su pasado ricotero sigue siendo el mayor romance con esas almas), “Nos vemos el 27 de septiembre en San Luis”, de despedida.
Todos menos uno de los temas que conforman su último trabajo Porco Rex y apenas un trío del primero de sus trabajos como solista, más la combinación refinada y nostalgiosa del paso por los Redondos, repasando algunas obras de “Lobo suelto, codero atado”, “Gulp”, “Un baión para el ojo idiota”, “Luzbelito”, “Oktubre”, “La Mosca y la sopa”.
CIUDAD SITIADA POR EL ROCK DEL PAIS
Nadie resultó ajeno a semejante indescifrable movida socio cultural. Vecinos conmovidos por esos pibes que como legión irrumpieron sus cansinos días de barrio postergado. Comerciantes de la zona y más allá sorprendidos ante semejante capacidad de gasto y organizadores satisfechos porque no hubo incidente que empañara la fiesta.
El parte policial diario rezó la demora de apenas siete desangelados por portar algunos gramos de picadura de marihuana, otro tanto de clorhidrato de cocaína y bagullos. Un sólo pibe resultó aprehendido por resistirse a la autoridad policial tras haber protagonizado un incidente con otro par arriba de uno de los cientos de colectivos de provenía de una provincia lejana.
Semejante movimiento, empero, no se condijo con una buena parte del comercio tandilense, como el servicio de transporte de remis y taxis, quienes resolvieron no tener actividad nocturna como acostumbran a tenerla durante todos los fines de semana.
Lejos del pretendido destino turístico que Tandil ostenta presentar, miles de almas tras el recital debieron deambular por las calles en busca de un comercio abierto que saciara el apetito. Por razones que solo los tandilenses deberán responder y analizar, la conducta comercial lejos estuvo de la magnitud del espectáculo montado.
“Seamos buenos con Tandil, que ha sido muy hospitalaria con nosotros”, ofrendó el ex líder ricotero a su feligresía. La congregación cumplió, y con creces, pero una buena parte de los tandilenses no estuvo a la altura de las circunstancias.
Ya domingo, los vecinos de siempre hicieron oír su queja radial por la mugre reinante en distintos rincones de la ciudad. Otros tantos, contaban los billetes de lo que el fin de semana deparó como nunca, mucho más que las cotizadas y paquetas aventuras deportivas o la mismísima Semana Santa. Fue el fin de semana ricotero, un infierno encantador del que un grupo de protestantes no supo aprovechar.
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