15 de diciembre de 2008
Las autoridades del Fuero Penal Juvenil resolvieron en las últimas horas el traslado del menor de 16 años detenido por el homicidio de Luis Cano, el comerciante del Barrio Parque Calvario.
Considerando que existen pruebas suficientes como para su procesamiento, y en base a los nuevos regímenes que la justicia contempla para los menores de 16 años a 18, el joven sospechado debió ser objeto de distintas dirigencias procesales tendientes a definir su situación, entre ellas reconocimiento en rueda de personas e indagatoria.
En la audiencia celebrada a tal fin, la jueza de Garantías Mabel Berkunsky, resolvió ante la fiscal María de los Angeles Marsiglio y el defensor Leonel Calles, la orden de detención de menor, procediendo al traslado del imputado al instituto Leopoldo Lugones de Azul, uno de los sitios considerados de máxima seguridad para aquellos menores de edad vinculados en delitos.
Según trascendió de dichos procedimientos, el menor negó su participación en el trágico suceso ventilado, en tanto los investigadores creen contar con los elementos probatorios suficientes como para considerarlo responsable.
PRUEBAS DEBILES
Más allá del primer optimismo que imprimieron los investigadores por el esclarecimiento del caso, con el transcurso de las horas comenzó a especularse que la pesquisa tendrá que esforzarse, y mucho, como para recabar más pruebas en torno al acusado, dado que no pocos entienden que no surgen demasiados elementos como para sostener la detención que resolvió la jueza.
Ante a inmediatez del proceso que ahora se rigen, durante las 12 horas de retenido el menor la justicia debió resolver sobre la situación del menor sospechado. Hasta las cinco de ayer, se constituyeron distintos procedimientos procesales de cara a definir la situación en cuestión, mientras que en la calle la presión social iba increciendo.
Durante las venideros cinco días, la fiscal deberá sumar nuevos elementos de prueba para así poder definir el pedido de prisión preventiva, para lo cual –de arribar- merecerá una audiencia oral entre las partes.
Cabe reseñar sobre cómo se llegó al menor, que ya en las primeras horas de la madrugada de aquella noche fatal se tenían indicios que motivaron su búsqueda. Hubo un par de allanamientos con resultado negativo, hasta que el de calle Dinamarca se dio con las pruebas que ahora pesan contra el joven.
Principalmente una campera negra, las zapatillas y una mochila en una casa, y un par de anteojos, una remera y un gorro en otro de los allanamientos, serían los elementos que le sirvieron a los investigadores para involucrarlo, con el testimonio de algunos vecinos que dicen haber reconocido dichas prendas en el suceso fatal.
DEFENSA
En defensa del acusado, en tanto, se cree que no hay elementos suficientes, hasta ahora, como para considerarlo responsable del hecho. El mismo imputado declaró ante los actores judiciales que no tenía nada que ver con el trágico asalto, incluso haciendo referencia de donde estaba durante la noche del viernes.
Si bien dijo no usar reloj, estimó que desde las 18 del viernes a las 2 de la mañana del sábado estuvo en determinados lugares que citó con precisión, incluso con la gente que por esas horas lo acompañaban. Testigos de la defensa que indudablemente la fiscal tendrá que tomar en cuenta.
Sobre los antecedentes que pesan sobre el sospechado, se le conoce un robo simple (intentó extraer elementos dentro de un auto) y una causa por daño calificado, de que resultó absuelto.
Trascendió además, que de las ruedas de reconocimiento efectuadas, resultaron negativas. Participaron del mismo aquellos testigos presenciales (el nieto y la mujer de la víctima) y el otro testigo que estaba fuera del comercio y habría visto la fuga.
En este complejo panorama, la fiscal Marsiglio deberá redoblar los esfuerzos para dar con mayor probatorio que logre pesar contra el joven hoy detenido. En el medio, vecinos se autoconvocan vía cadena de mail para promover una movilización que clame por seguridad.Es que a pesar del presunto avance en la pesquisa, parece no haberse descomprimido el malhumor social y principalmente el enojo e impotencia que se evidenciaba en el barrio, a partir del doloroso final para el reconocido vecino.
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