18 de diciembre de 2018
El presidente chino, Xi Jinping, prometió hoy un "nuevo milagro económico,
aún más grande, que impresionará al mundo", reivindicó la fuerza del
gigante asiático y advirtió que "nadie está en posición de dictar al pueblo
lo que debería hacer".
En un discurso de hora y media de duración en el Gran Palacio del Pueblo de
Beijing, con motivo de la conmemoración del cuadragésimo aniversario de la
reforma y la apertura del país, Xi destacó "el orgullo de una nación
entera, capaz de recuperarse de los errores de la Revolución Cultural e ir
hacia una nación socialista modernizada".
El mandatario admitió que el proceso de reformas y de apertura "no será
fácil" y alertó que "podrían conducir a tormentas repentinas".
El líder chino justificó estas políticas porque, en estas últimas cuatro
décadas, "el país se ha despedido de los problemas que plagaron a su gente
durante miles de años, incluidos el hambre, la escasez y la pobreza",
citaron las agencias de noticias EFE y ANSA.
"Nadie está en posición de dictar al pueblo chino lo que debe hacer",
sentenció Xi en su alocución, fuertemente marcada por las crecientes
presiones para que el país acelere sus reformas y mejore el acceso a las
empresas extranjeras en medio de las tensas negociaciones comerciales con
Estados Unidos.
"China nunca crecerá a costa de los intereses de otros países, pero nunca
renunciará a sus derechos e intereses legítimos. El desarrollo de China no
representa una amenaza para ningún otro país y nuestro país nunca buscará
la hegemonía", subrayó.
Xi también recordó que China sigue comprometida a promover "la gran causa
de la reunificación pacífica de la patria", en referencia a Taiwán, y avisó
que el Ejército Popular de Liberación (EPL) se ha convertido en una fuerza
"invencible" que protegerá el bienestar del pueblo chino y de la paz
mundial.
China ha estado alardeando de su progreso con un gran despliegue
propagandístico en el que atribuyó la mayor parte del mérito a Xi, pese a
que tomó las riendas del partido a finales del 2012 y del gobierno en 2013.
Tras la muerte de Mao Zedong, fue el líder Deng Xiaoping quien impulsó las
reformas económicas que lograron transformar el país hasta convertirlo en
la segunda potencia económica del mundo, gracias a un desarrollo sin
precedentes en la historia.