24 de diciembre de 2018
Hay historias y lugares que marcaron para siempre a nuestro automovilismo y más aún cuando se trata del Turismo Carretera, la categoría que recorrió infinidades de caminos, rutas, ciudades y pueblos. Entre todos ellos aparece un circuito, legendario, cargado de vivencias y que todavía perdura en las retinas de aquellos que vieron correr allí a la categoría de mayor popularidad en Argentina. Ese es Tandil, el "Nürburgring" Argentino, donde cerrar los ojos es imaginar multitudes atrás de los alambrados, debajo de los árboles y en las sierras, además de escuchar los rebajes en cada una de las curvas y el aliento del público en esos poco más de 32 kilómetros.
El 11 de diciembre de 1977 fue inaugurado el circuito semipermanente de Tandil, donde el TC corrió hasta 1992. Juan María Traverso fue el primer vencedor con Ford, dejando también su sello victorioso apellidos como Aventín (con Antonio y Oscar), Occhionero, Martínez Boero, Castellano, Mouras, Satriano, Caparrós, Angeletti y Landa.
Transitarlo hoy es ingresar en el tiempo, tratando de imaginar allí a los TC acelerar a más de 200 kilómetros en las largas rectas que superaban los 9 kilómetros de extensión. Los antiguos boxes, los que supieron albergar a más de 100 autos en un mismo fin de semana, perduran al costado de la Avenida "Don Bosco", donde gran cantidad de personas pasan al trote o en bicicleta en cada jornada de actividad deportiva.
"El Gallo", Scarminacci, La Porteña, Montecristo, Belén, Marchini, Camping y Lago era el nombre de las otras curvas del semipermanente de Tandil. Ese donde el coraje, sumado a la capacidad de los pilotos, hacía la diferencia en una época teceista marcada por su esencia, la ruta.
El Monolito en memoria de Octavio Suárez, fallecido trágicamente el 23 de septiembre de 1984, se conserva sobre la Ruta 74. La que veía pasar a elevadas velocidades a cada auto del Turismo Carretera y que con el correr de los años tuvo la implementación de chicanas. Esas que se mantienen para nostalgia de los fierreros.
Transitar hoy esas chicanas, donde en algunas gana la acumulación de pasto o basura, es tratar de entender aquellos años del Turismo Carretera. Apellidos emblemáticos pasaron por allí en busca de un sueño, el de poder ganar, el privilegio que tuvieron unos pocos.
La "Bajada de Belén", un descenso donde los autos parecían tomar vuelo. Ahí está, rodeada de casas de te, barrios de elite y el Paseo Centinela, donde diariamente llegan cientos de turistas. Casi irreconocible cuando uno pasa actualmente por ese punto del circuito semipermanente de Tandil.
Todo cambió, sin embargo, la historia sigue ahí, latente, y con sólo imaginarla la emoción puede invadir a cada fanático del automovilismo.
La Curva de la Casa, la bajada del "Banco", el curvón del Lago y la rotonda, permiten apreciar otros lugares emblemáticos del trazado. Y buscando cerrar la vuelta al antiguo semipermanente, aceleramos otra vez por la avenida "Don Bosco", imposible imaginar en la actualidad el paso de un Turismo Carretera.
Cómo no recordar cuatro consagraciones cargadas de emociones, las que se cristalizaron en Tandil. El Ford blanco y azul de Jorge Martínez Boero siendo campeón en la temporada 1982. La emotiva definición de 1989 entre Oscar Castellano y Oscar Angeletti, éste con su Fairlane transitando en llanta los kilómetros finales y el festejo alocado de los loberenses llevando en andas a "Pincho", tras los títulos de 1987 primero y del 89 después. O el delirio de los hinchas de Chevrolet, que coparon las sierras tandilenses para ver el título más esperado, el de Emilio Satriano en 1990.
Fuente: Mariano Riviere - (Campeones)
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