4 de marzo de 2023
Buscando frenar la transmisión de la enfermedad entre las
aves y para evitar una mayor penetración de la misma en el circuito comercial,
el Senasa desplegó operativos de control y capacitaciones en todo el país,
reforzando entre los productores de las granjas las medidas de manejo, higiene
y bioseguridad.
En el caso de las granjas, se les pide especialmente limitar
el acceso de vehículos y personas ajenas, aislar a las aves de otras silvestres
con mallas antipájaros, controlar insectos y roedores, desinfectar las
instalaciones y cuidar el manejo de desechos.
También se recomienda colocar elementos que contribuyan a
disipar a las aves silvestres, como espantapájaros, y, en lo posible, utilizar
ropa y calzado exclusivos a la hora de trabajar con las aves.
Tanto en los establecimientos como fuera de ellos, se aconseja
evitar tener a las aves en libertad -dejándolas en gallineros con un espacio
adecuado-, especialmente si hay espejos de agua cercanos.
En los últimos meses, el Senasa -indicó Rodolfo Acerbi,
vicepresidente del organismo- trabajó en facilitar la comunicación de estas
medidas, que están especificadas en la Resolución 1699/2019 del organismo.
"La bioseguridad en general es buena a nivel mundial
pero este virus es extremadamente agresivo y ante cualquier mínima fisura, gana
espacio y entra", explicó Acerbi, y subrayó que "el virus no aparece
de la nada sino porque alguien lo trasladó ya sea un ave o una persona con sus
vehículos, ropa o manos".
En el caso de las granjas comerciales, cada una posee un
médico veterinario que está capacitado por el Senasa y "es responsable
junto al granjero en lo sanitario y en la bioseguridad".
Ante la detección de casos en aves comerciales o de
traspatio, se procede, además del sacrificio de los animales a través de un
entierro o incineración reglamentada, con una profunda limpieza y desinfección
de todo el establecimiento. Tras ello, luego de un mes, el Senasa realiza un
muestreo y allí analiza si autoriza o no repoblar el lugar.
Además de ello - explicó Acerbi- se fijan dos anillos
alrededor de la granja: una zona de foco en los tres kilómetros alrededor de la
misma y otra de vigilancia en los 10 kilómetros contiguos.
En ella se realiza un censo total de las aves y granjas,
controlando el tránsito de personas y vehículos, implementando medidas de
bioseguridad y limpieza reforzadas y prohibiendo el ingreso de nuevas aves.
Fuera de las granjas, en el caso de las aves silvestres, el
Senasa encara un trabajo de coordinación con los guardaparques y la utilización
de drones, para verificar la presencia de aves muertas flotando en los espejos
de agua y en sus orillas, o de ejemplares con síntomas como hinchazón,
incoordinación o respiración dificultosa.
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