21 de febrero de 2026

La Lupa Random

La Lupa Random. El sueño de la piba...

No era ir a Disney, tampoco jugar en la selección, ni ser famosa y tener millones de seguidores en las redes. Eugenia siempre soñó con conocer la majestuosidad de la Antártida y con los años desarrolló una inexplicable sensibilidad por las Islas Malvinas, por lo que estar allí, se sumó a este anhelo que pudo cumplir muchos años después. Hoy en La Lupa Random hablamos de sueños, orgullo, amor por la patria y reconocimiento.

por
Lorena Medina y Florencia Pendas

Eugenia García, es una joven tandilense, realizadora audiovisual, que trabaja como docente en la Facultad de Arte, y en forma privada en coordinación de producción de videojuegos, series o cine. Hace poco menos de un mes, pudo cumplir el sueño de su vida y lo transmitió de una manera tan particular en las redes que conmovió a mucha gente. Tal vez porque para los argentinos pisar Malvinas es un poco agradecer, otro poco pedir perdón, y otro tanto hacerles sentir a los soldados caídos en la guerra de 1982 que, de algún modo, los abrazamos.

"Desde que iba al jardín quería conocer la Antártida, no me preguntes por qué, pero me fascinaba. Después con los años empecé a saber de Malvinas, por el colegio o en la familia que se hablaba y me empezó a picar ese bichito de querer conocer", cuenta Eugenia.

"No tengo familiares que hayan estado en la guerra ni nada de eso, pero soy nacionalista, amo nuestra bandera, y siento muy propio todo lo que tenga que ver con Las Malvinas. Cada libro, cada película o documental que se haya hecho, lo vi o lo leí." Desde siempre, esta fan de la banda Kapanga, amante de los recitales y de la fotografía, sabía que algún día ese sueño se iba a cumplir, pero también, había que trabajar por ello.

"Empecé a ahorrar desde que tomé la comunión, ¿viste esa plata que te regalan cuando das una de las tarjetitas? Bueno, ahí empecé a juntar el dinero para poder cumplir éste sueño". Veinte años pasaron, para poder vivir estos días que la llenaron de imágenes imborrables y emociones inexplicables.

Eugenia estuvo durante un año pagando este viaje de más de 20 días en crucero, que la llevaría a la Antártida y a Las Malvinas, saliendo desde Buenos Aires el itinerario era Punta Arenas (Chile), Ushuaia, Antártida, Malvinas, Montevideo y llegaba nuevamente a Buenos Aires.

Un tiempo antes en un hecho de violencia que sufrió cerca de La Plata, tuvo una lesión compleja en los ligamentos de una de sus rodillas y a pesar de tener que operarse, Eugenia se puso una rodillera y caminando con dificultar viajó. La cirugía quedaría para su regreso a Tandil, "no había forma de que yo no viaje, iba a ir como sea", cuenta.

El paso por la Antártida fue hermoso, pudo ver, desde el barco, la majestuosidad del paisaje imponente. "No te dejan bajar para no contaminar el lugar, pero ver esos icebergs, los colores de los lugares, la fauna...todo lo que alguna vez había visto en libros o documentales, ahora estaba ahí, viviéndolo".

Las Malvinas

La mitad del sueño ya estaba cumplido, el itinerario continuaba hacia Las Malvinas y había que esperar el pronóstico del tiempo para confirmar si podrían bajar o no a las islas.

Mientras tanto, Euge, estaba viviendo una aventura en un crucero con 4000 pasajeros y mucho lujo, que a ella no le importaba demasiado, el foco estaba puesto en otro lado.

Finalmente, se confirma la posibilidad de bajar a las islas y Euge no se pierde detalle en el relato. "Me había levantado a desayunar y me shockeo mirar para afuera, es una sensación que no se puede explicar. Unos días antes en Ushuaia había conocido a unos ex combatientes y me contaron que también iban a Malvinas. Ese día me los encontré desayunando en la mesa de al lado, ellos con sus vivencias le daban a ese paisaje el marco que cerraba todo, se me anudaba la garganta de pensar", menciona apelando a lo gesticular para transmitir, porque con las palabras ya no alcanza.

"La llegada a Malvinas no es directa, no te llevan a puerto. Te hacen bajar y hacer como un trasbordo a un tender (NdR: lancha auxiliar) y en media hora estás en el puerto. Cuando llegue quise hacer un video, pero no podía hablar, se me quebraba la voz. No puedo definir con una palabra la sensación, porque no es rabia, dolor, injusticia, emoción, capaz era todo junto, pero a mí lo que me paso fue llorar y tener la mente en blanco".

Una vez allí, la primera imagen es la de una infraestructura que no se condice con aquella a la que estamos acostumbrados, la sensación es la de "ser ajenos". El clima fue inmejorable, día soleado, en un lugar que no es frecuente y poco viento, algo impensado para cualquier lugareño, ese día estaban en remera.

"Hasta el cementerio de Darwin me llevo una kelper (habitante), íbamos charlando con mucho respeto, hablábamos de las islas sin poner ningún nombre (NdR: ni Malvinas, ni Falkland), pero hablamos muy amistosamente ella me preguntaba cosas y yo también.

En la entrada, el cementerio, tiene todas piedras, y cuando vas caminando sólo escuchas el ruido de los pasos, nada más". Ese crujir de las piedras, y el eco en la inmensidad del espacio dan cuenta de una soledad que se siente en el cuerpo.

"Me paré y me quedé mirando las cruces, llorando sin saber por qué, sentís una sensación por dentro que sólo podés entenderla cuando estás ahí", cuenta Eugenia, mientras revive esos momentos.

"Uno de los ex combatientes que había viajado, cumplía ese día 91 años, estaba en una silla de ruedas, pero en un momento se paró y leyó una carta que le había escrito a sus compañeros, ese momento fue de una emoción tremenda".

Llegar a Darwin no es dar un paseo, los argentinos tenemos imágenes del dolor que se vivió en Las Malvinas. La guerra, los jóvenes héroes, las familias que quedaron esperando un regreso que nunca llegó, las historias que se truncaron, los sobrevivientes que nunca volvieron a ser los mismos. La injusticia, la falta de reconocimiento, el arrebato. En Darwin se respira orgullo y agradecimiento, pero también la angustia corta el aire.

"Llevé una bandera argentina y un rosario, pensando en las familias de muchos que están ahí y no han podido ir, así que lo dejé en la cruz que dice "Soldado argentino sólo conocido por Dios". Ni me acorde de la lesión en la rodilla y me agache, le di un beso a la tierra y fue ahí donde empecé a llorar sin parar, esta vez sí con angustia y ahí me quedé, es como si el tiempo se detuviera."

En un intento de ella explicar y nosotros entender para contar en La Lupa, le preguntamos a Euge en qué pensaba en ese momento, si en los textos que había leído o tal vez en algún documental, pero no, no había nada de eso. "Estar ahí con cómo lo siento yo fue lo que me quebró, no hay un relato puntual, estar ahí te provoca todo lo que haces, no lo pensás, te nace. Te nace besar la tierra, te nace agradecerles, te nace llorar".

Para terminar, Eugenia cuenta sobre algo que le llamo la atención de su breve interacción con los habitantes. "Yo fui con una remera que tenía las Malvinas bordadas y la chica que me acompañó, me pregunto en qué tienda la había comprado, le conté que acá en el país y se sorprendió. Me dijo, ¿pero allá venden cosas de las islas?" Le conté que sí, que está lleno de cosas de Malvinas, que hay billetes con la imagen, que hay murales en escuelas. Creo que no llegan a dimensionar nuestro sentimiento por Las Malvinas, no sé si entienden lo que para los argentinos significan las islas y nuestro sentido de pertenencia con ellas".

La visita al Sur quedó atrás, el sacrificio de tanto tiempo le permitió a Euge cumplir su sueño de toda la vida y generosamente lo compartió con ustedes y nosotras en esta Lupa Random en la que no sólo hablamos de un viaje, sino también del amor por lo nuestro y la necesidad de reconocer y nunca dejar de hablar de nuestros héroes.

COMPARTE TU OPINION | DEJANOS UN COMENTARIO

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | La Voz de Tandil | Av. del Valle 1220 - Tandil