18 de mayo de 2012
Entre los diferentes elementos que componían y componen hoy el atuendo de nuestros gauchos, sobresale el uso del tirador y la rastra, que son sin duda alguna, una especie de identificación del que la usa y posee.
Y digo esto, porque el hombre de campo de todas las épocas, volcó en esas prendas, todo el amor y el aprecio por lo tradicional, hasta el punto de llevar en su cintura en forma de monedas, su fortuna personal, la cual iba y venía, en alguna cuadrera o jugada de taba o naipes, en las cuales el gaucho con suma elegancia hacia girar su tirador para sacar de los bolsillos las monedas o papeles de valor que en ellos se guardaban, de ahí el motivo de porque el cuchillo no se debe prender del tirador al cruzarlo en la espalda, sino que debe ir prendido de la faja, para que permita el giro de este último.
El tirador tiene su origen, como la mayoría de nuestros atuendos, en usanzas que nos llegaron del viejo mundo a través de los inmigrantes europeos que llegaban a nuestras costas, siendo el principal material para su confección el cuero, puesto que su principal función, fue la de sujetar la tradicional faja, tejida en lana o algodón y aún de seda, que sostenía el calzón español, luego el chiripa y hoy la bombacha, las cuales tenían entre 2 y 2 ½ metros de largo con flecos en las puntas y 10 o 12 cm. de ancho, confeccionadas en colores lisos (negras, rojas, verdes o azules) o en colores combinados con grecas o guardas pampas en los telares maravillosos de pampas y mapuches, llegando a tener altísimos precios las antiguas o las que se confeccionan hoy.
El tirador de cuero como decía, se realizaba con o sin bolsillos laterales y dorsales, los cuales servían para llevar en ellos, elementos de uso del gaucho: pedernal para el sequero, papel, dinero etc., y los mismos como los actuales, se adornaban con tachas de metal, abotonadas al frente con fuertes hebillas o rodetes labrados, que cumplían la función, de cubrir la zona abdominal del soldado, de posibles heridas, recibidas de elementos punzantes, como cuchillos, espadas o lanzas. De otro tipo fueron los confeccionados en cueros blandos por cazadores, en los que colocados en la cintura o en bandolera colocaban sus municiones, de ahí en nombre de “tiradores”. Con el correr del tiempo, llego a nuestras tierras la tradición arábiga, denominada “marroquinería” obviamente de origen marroquí, la cual se destaca, por los finos trabajos en cuero, con bordados en delicados tientos y agregados de tafiletes, gamuzas, cabritillas, charol etc., más el arte de la pasamanería y del bordado, realizándose verdaderas obras de arte y de decoración. La falta casi total de bolsillos en el atuendo del gaucho, hizo que este diseñara en sus tiradores un espacio para su reloj o traslado de hacienda, papeleta de conchabo etc.
Para utilizarlo como medio de transporte de su fortuna personal, perforó las monedas soldándole un pequeño ojo, por el cual se fijaba a través de este al tirador, utilizándolas como medio de pago si la situación lo exigía. Estos tiradores eran abotonados en el frente con complejas abotonaduras de cierre echas con 2, 4 y más monedas que sostenidas por cadenas, recibieron el nombre de rastras, aunque está demostrado que el primer sistema de abotonadura fue por medio de “yuntas” de 2 y 3 monedas que se abotonaban en el centro del tirador. El paso del tiempo y el arte demostrado por los plateros y orfebres llegados de Europa, que ya habían creado una platería llamada criolla o regional (existe registro de su trabajo desde el año 1635) fue creando verdaderas obras de arte en la confección de rastras, monedas, flores de cardo, águilas, del caballito, angelitos, pavos reales, escudos, monogramas, corazones, guitarras, herraduras en fin un sinnúmero de motivos gauchescos, salieron de los buriles y cinceles de plateros como los Silva, Soler, Suviría, Risso entre muchísimos más imposibles de nombrar y ya en el siglo XX Capristo, Draghi, Sísaro, Pallarols, Escasanny, Ferreira, Pagés, Deferraris y otros que mantienen con su arte inigualable esta parte de la tradición argentina, con sus hechuras en plata, oro o la más modesta plata alemana (alpaca), pero que no por eso pierde su razón de ser, cuando sostiene en la cintura del paisano su inseparable cuchillo, daga o facón, con el cual el hombre termina de completar su atuendo, que como todas las expresiones tradicionalistas, muestran una forma de sentir y amar lo que es nuestro.
En la foto que acompaña la nota, vemos un tirador de cabritilla, cubierto con monedas de plata de época, patacones y dos florones de plata y oro y el otro más antiguo, de pana o terciopelo bordado con una rastra del caballito, cuño del platero local Juan López de Armentia.
Bueno amigos, espero les haya gustado la nota y ¡ah! Paisano no se olvide hágase una gauchada y pase por la Sala de Hemoterapia de nuestro Hospital y done sangre, el pago agradecido, un saludo y hasta la próxima. rincóntradicionalista@hotmail.com
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