7 de febrero de 2008
Los llamados telefónicos a la redacción en torno al dantesco incendio desatado el lunes en Las Animas, horas después de extinguido el fuego, reflejaron una masa de comentarios positivos y críticas al accionar del personal de Bomberos, realizados por los vecinos que soportaron en carne propia la dramática situación.
El coraje y la vocación de los servidores públicos que trabajaron en el lugar, durante horas y cuerpo a cuerpo con las llamas, fueron un denominador común entre los elogios de los lugareños satisfechos por la titánica tarea que debieron emprender.
Pero otros ciudadanos que habitan el sector, sobre todo aquellos que debieron pelearle mano a mano y con baldes al infierno que se propagaba por los pastos y árboles, expresaron sus objeciones al operativo, sobre todo a las tardanzas a la hora de actuar. O más bien, en abortar lo que terminó siendo un desastre que trajo preocupación y amplios daños naturales.
“Gracias a los bomberos, policías y empleados municipales por haber enfrentado el incendio, fue terrible como laburaron”, dijo a este diario un lector en la mañana de ayer.
Otros también pusieron en valor que durante largas horas, con sus mochilas, se expusieron frente al humo denso poniendo en riesgo sus integridades.
Sin embargo, un trabajador que armaba su losa en la zona protestó porque reclamó con insistencia acceso al agua para apagar los alrededores de la obra en construcción, pedido que nunca recibió respuesta, por lo que el foco ígneo terminó afectando la construcción. “Yo no pedí que vinieran los bomberos, yo mismo lo apagaba, pero necesitaba más agua, porque sólo tenía unos pequeños bidones”, matizó.
“La ayuda se pidió tarde”
Por su parte, Diego Vinagre, propietario de la fábrica Química “Essig”, también en diálogo con LA VOZ, señaló que “amigos y personal de la fábrica, con el refuerzo posterior de los bomberos, pudimos contener el avance del fuego. La Municipalidad también aportó lo suyo”.
“Lo peor ya pasó, y ahora en frío, uno no quiere poner el acento en las cosas malas. Las llamas estuvieron a unos 50 metros de la planta, e hicimos un plan de evacuación porque la Policía lo indicó. Pero igualmente, nos quedamos en el lugar para colaborar y detener la propagación del fuego”, continuó su relato.
“Si bien nosotros no trabajamos con explosivos ni solventes, sí con material combustible. Cuando las llamas empezaron a bajar desde el cerro, y los efectivos nos pedían que nos vayamos, llegó el momento en que uno debe tomar decisiones. Por suerte vino un camión de un vecino amigo, al que le pudimos cargar materia prima. No sabíamos hasta qué punto podía llegar esto. No estábamos tranquilos, para nada. Por eso cortamos pastos, regamos y esperábamos zafar de la ola de fuego”, sostuvo el titular de la firma sita en la Ruta 226, kilómetro 159.
“Discrepamos con los bomberos en la celeridad con la que ofrecieron el servicio, a las 16, cuando el incendio comenzó a las 9”, remarcó. “En ese momento, no vimos movimiento de efectivos para sofocar el avance desde el cerro”, subrayó el empresario.
“Actuaron tarde, pero los mismos bomberos deberán analizar si actuaron bien o no”, opinó.
Recordó que hace dos años llamaron a los bomberos cuando un incendio se iniciaba en la zona, con el agravante del viento en contra. “Pero en esa ocasión vino una dotación con dos bomberos y una manguera cortita, y entre todos lo apagamos. Se pudo controlar la situación. Yo inclusive tuve inconvenientes para recuperarme físicamente. Pero el lunes pasó lo mismo, y tardaron mucho en pedir ayuda a otras dependencias vecinas”, culminó.
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