19 de mayo de 2021
Sandra Silvagni es una experimentada enfermera del Hospital Santamarina y esta mañana utilizó su muro de Facebook para expresar el sentir personal que a la vez se replica en el de tantos otros trabajadores de la salud, ante una realidad diaria agobiante con un sistema de salud que desborda ante la ola de contagios por el Covid 19.
El comentario dice:
"¿Me voy a morir? ¿Voy a salir de acá? ¿Me prometes que voy a volver a ver a mis niños? ¿Esta bien como respiro? ¿Voy a volver a respirar como antes? Son preguntas a las que nos hemos tenido que habituar en la atención de nuestros pacientes y muchas veces no encontramos respuestas..
Reflexiono sobre mi formación académica, sobre mi preparación profesional y me doy cuenta que no alcanza. Involucro mis valores, mis principios y hasta mis emociones, pero no, no alcanza. Tratamos pacientes difíciles, pacientes complejos y críticos, y creí que estaba curtido con la frialdad justa para ver una vida irse sin que me afectara emocionalmente, pero me equivoqué... Esta vez es completamente diferente, en cada cama de internación no solo hay un paciente, o un número de internado, o una neumonía covid.., tendido en esa cama, hay un paciente que por mas profundo que respire no alcanza para llenar sus pulmones, que te pide disculpas por pediirte más oxígeno o agua por la resequedad que genera el alto flujo de aire, un paciente que tiene miedo de morir, pánico por la incertidumbre que está situación genera, una historia, una familia, seres amados, que lo esperan, sueños, proyectos y esperanza de volver a su vida habitual, esperanza que deposita en quienes cuidamos de él.
Pero también estamos nosotros, que estamos cansados del trabajo, frustrados por no poder hacer más para que salgan adelante, lamentándonos de que la máscara de reservorio no fue suficiente, o estar boca abajo por horas no bastó.. volver al día siguiente y ver que esa cama se ocupó por otro paciente, mediante una competencia de "el peor de todos de los que necesitaban la cama", con los mismos miedos del anterior y que no fue porque hubo un alta médica... deja un sabor amargo inexplicable.
El cierre de esa bolsa oscura se sube para siempre y dentro se va una vida, sueños, anhelos, proyectos y una historia que terminó apresuradamente. Por fuera solo queda desesperanza y la frustración de que no se pudo hacer más. Hoy nuestra práctica se basa en cuidar, administrar medicación, controlar sus parámetros vitales y pedirles que se aferren en su fe, en Dios, en lo que crean, que los ayude a luchar contra esta enfermedad.
No me victimizo, ni pretendo generar lástima, mucho menos pánico ni temor en la sociedad. No hablo del fin del mundo, ni del Apocalipsis, no hablo de falta de insumos ni recursos, no hay color político en mi relato.. hablo de una realidad que nos golpea a todos por igual, acá y en todas partes, una realidad que desde hace más de un año nos cambio la vida y que deseamos termine lo más pronto posible.
No necesitamos aplausos, halagos ni reconocimiento social, solo necesitamos que se tome conciencia de que no es una película de ciencia ficción, es la vida real.
En fin, solo necesitaba expresar un poco mi sentir. No soy especial, ni la mejor de todas, solo soy una enfermera que se levanta todos los días para trabajar, que esta agotada desmotivada, y que desea que esto ya sea una triste historia para contar, soy sola uno más que le pasa lo mismo que a muchos..
"Si una muerte repentina es una tragedia, le pido a Dios que esta "masacre" termine de una vez por todas"".
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