22 de julio de 2013

Locales

Locales. Empleado declaró en la causa “Hipódromo” y ventiló serias irregularidades

Tres fojas le alcanzaron a un empleado del Hipódromo para desnudar numerosas irregularidades. Su aporte no fue a los medios, sino ante la Justicia. Donde se “cuecen las habas”. En la IPP que encabeza el fiscal Marcos Eguzquiza, el hombre ratificó buena parte de las irregularidades denunciadas por el cuidador Jorge Cuenca.

LA VOZ accedió a la declaración completa. El testigo es domador de caballos, tiene 58 años y desde la reapertura del circo de carreras es parafrenero, o sea, quien sale a buscar al equino cuando se desboca.

Afirmó que el estado de la cerca perimetral era “malo”, con faltante de palos y alambrado sobre la calle Chapaleofú. También cuestionó la empalizada que “en algunos tramos se la observa de madera con forma cuadrada” y en otros lados se colocaron “parches” de caños color blanco.

Además reveló que “el riego de la pista no existe” y que sólo “se moja cuando llueve”. Recordó sin precisión que se solía regar sólo horas antes o después de las competencias, tarea que se cortó desde 2010 en adelante.

Fue más allá el testigo cuando dijo que “no tiene memoria” de haber visto seguridad alguna en el hipódromo, ni diurna ni nocturna. Tampoco observó servicios veterinarios ni médicos durante las prácticas, todos requisitos exigidos a los concesionarios privados.

“Cuando no hay carreras el hipódromo es un campo, quiere decir que la salud médica brilla por su ausencia y rehabilitación por un accidente menos aún”, declaró el operario ante el fiscal.

Incluso agregó que dos años antes de su testimonio en la IPP, el hijo del empleado en cuestión se fracturó el dedo de la mano derecha cuando “montaba un caballo que se tiró para atrás, mientras llevaba otro” equino de tiro hacia la gatera. El accidente tuvo lugar un día de carrera oficial, realizando tareas para el Hipódromo. El paciente “no sólo no fue asistido” sino que en el Hospital Santamarina lo hicieron esperar durante horas en la Guardia, al no contar con cobertura de obra social.

Otro hijo del testigo, con 20 años de edad, también se accidentó vareando en la pista del circo de carreras de Tandil. Al caerse el caballo, el chico rodó. También terminó en el nosocomio público. En ambos casos los pibes no recibieron ni rehabilitación ni dinero indemnizatorio alguno.

“CANCHA EN MUY MALAS CONDICIONES”

Los faltantes en el predio de Villa Aguirre también existirían en las normas de seguridad para las prácticas, donde los cascos, chalecos y antiparras jamás aparecieron, de acuerdo al dicente.

Tampoco se respetaba el horario de vareo, que debería ser de 6 a 10. “Desde hace años se practica a cualquier hora del día y por personas que no son idóneas”, algunas de las cuales estaban “tomadas o borrachas”, figura en el expediente.

A propósito de la cancha, espetó que “se halla en muy malas condiciones por la falta de riego, empalizada y mantenimiento general”, al tiempo que “el estado es peligroso para los caballos y quienes los montan”.

“En las carreras es mucha la tierra que vuela por el correr de los caballos, lo que no sólo impedía la visión de los jockey si no de los espectadores, resultando muy peligrosa esta situación”, añadió.

En el relato sostuvo el testigo que en el hipódromo, aunque hay “dos o tres personas que trabajan en negro, no existe ningún tipo de control”.

Por último, el hombre admitió que siempre trabajó en negro y sin ningún tipo de seguro, “como todos los empleados” del lugar. Del mismo modo, afirmó que en todas las carreras existen “remates”, los cuales están prohibidos y por lo que se llevó adelante una causa ante el juez en lo Correccional, Carlos Alberto Pocorena.

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