26 de marzo de 2012
Atrás quedaron los sinsabores de la fiesta de egresados que tanto revuelo provocó en diciembre último, puesto que el empresario de catering denunciado y algunos padres de alumnos arribaron a un consenso, que incluye un resarcimiento económico, según pudo saber LA VOZ.
El acuerdo se firmó este mes luego de dos audiencias en la Oficina Municipal de Información al Consumidor. Las reuniones se desarrollaron el 6 y 13 de marzo, diálogo que terminó en muy buenos términos.
Al acta de conciliación firmada por el titular de la firma, Juan Hochreuter, y más de una veintena de papás -que fueron los que llegaron hasta el final con el reclamo-, le siguió una homologación en la Justicia.
El problema surgió cuando familiares de los alumnos que terminaron la secundaria denunciaron incumplimientos de contrato en la organización de los festejos por parte del responsable que alquila las instalaciones de Unión y Progreso, debiendo aclararse, que nada tuvo que ver el club en todo este meollo.
A aquella cena de egresados le faltó el brindis, muchos comensales no pudieron ingerir alimentos porque los platos estaban fríos, y se habrían registrado otros contratiempos.
A su vez, se supo que a la OMIC no llegaron quejas formales de familiares de la escuela Comercio, como había trascendido oportunamente.
Al arribar a un consenso, el prestador privado evitó ser sancionado con un apercibimiento o multa pecuniaria, decomiso de mercadería o reincidencia en el registro de infractores, cargos que se pueden aplicar en la órbita de la oficina municipal.
Cuando estalló el controvertido caso, Guillermo Bertolot contó que esa noche unas 900 personas se aglutinaron en la cancha de básquet. Y cada una pagó una tarjeta de 180 pesos.
Ese 9 de diciembre –relató- “estuvimos esperando más de una hora hacinados en un lugar muy pequeño unas 150 personas, que éramos los padres de los alumnos, en un cuartito, sin ventilación, sin aire, nada. Mientras tanto, el resto de los familiares estaban en las mesas y les sirvieron algo que parecía un sándwich de miga, con algo que parecía un canapé y la bebida gaseosa venía en jarra y no era de primeras marcas, como habíamos pactado en el contrato”, adujo.
El papá también narró que “había toneladas de hielo y pan. La cosa se fue dilatando y el primer plato llegó a las 2 y pico de la mañana. Era una feta de paleta y una de queso, y dos cucharadas de ensalada rusa. De ahí hasta lo que teóricamente era la comida, pasó una hora y media”, continuó.
Bertolot contó que “en ese ínterin, la gente empezó a ponerse nerviosa y a reclamar. Estábamos por empezar a cenar a las 4 de la mañana. La gente comenzó a golpear los platos y ese tipo de cosas”.
El festival de cine argentino abrirá una nueva edición este sábado 17 de octubre, con una programación que incluye largometrajes, cortometrajes, encuentros con realizadores y actividades de formación.
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