9 de enero de 2010
La toma habitacional ilegal en Tandil cobra llamativas
secuelas, ya que en el barrio Smata, ocupado por más de 60 familias, se
desató una auténtica disputa de "pobres contra pobres", a la luz de que
algunos usurpadores aseguraron que fueron desplazados por otros
usurpadores.
Según el testimononio de una mujer identificada como Verónica, ex
ocupante del barrio sindical, "me ausenté una semana por una enfermedad
y cuando volví habían puesto una despensa en la casa, en tanto habían
sacado todas mis pertenencias a la calle", aseguró al programa "Cada
Mañana", de AM 1560.
Mientras tanto se dilatan las resoluciones judiciales, pues el
gremio de los mecánicos reclamó por la vía legal el desalojo de los
inmuebles ubicados a 300 metros de la avenida Juan B. Justo, mientras
los adjudicatarios, a su vez, vienen peleando por la conclusión de sus
viviendas.
En este marco de indefinición, la puja entre ocupantes parece
repetirse sin solución de continuidad. "El mío no es el único caso",
destacó Verónica, quien se vio obligada a regresar a la casa de sus
hermanos, en inmediaciones de Las Tunitas, donde viviría en condiciones
cercanas al hacinamiento.
Al parecer, en Smata cualquier distracción u horas de salida se
paga caro. "A las 2 AM, se acercan familias al barrio buscando alguna
casa vacía para meterse. Son personas que no pueden pagar más un
alquiler", manifestó la vecina.
Verónica padece un cuadro de asma crónico, y tras sufrir un
ataque, tuvo que asistir a un médico, por lo que dejó la vivienda, con
intenciones de regresar pronto.
Esta crisis respiratoria ocurrió hace dos semanas. Madre de tres
hijos, la señora se recuperó pero al retornar al Smata, alguien había
ocupado su techo.
Aunque llamativamente, la vivienda usurpada se había trasformado
en un pequeño almacén. Los nuevos ocupantes están desarrollando una
actividad comercial, y Verónica, al intentar recuperar la morada,
recibió la enérgica negativa de los actuales habitantes.
"Vinieron a pegarme varias mujeres, y yo soy consciente de que no
puedo reclamar algo que no me pertenece", aseguró la entrevistada,
quien acudió a la Municipalidad en busca de una ayuda para conseguir un
lugar donde cobijarse.
Las viviendas de Smata, que "sólo tienen techo y paredes", y
carecen de todos los servicios, se convirtieron en un verdadero imán
para las familias que están imposibilitadas económicamente para seguir
abonando una renta. Y evidentemente, no hay espacio para todos.
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