14 de marzo de 2017

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Mundo. En reñida elección, euroscépticos y europeístas se enfrentarán mañana en Holanda

Holanda dará mañana el puntapié inicial al calendario electoral de un año
clave para Europa, donde los partidos tradicionales están en declive y
ascienden fuerzas euroescépticas de ultraderecha con una agenda xenofóbica,
sobre todo anti islam y proteccionista.
La importancia de las elecciones holandesas radica en que un buen desempeño
o un sorpresivo triunfo del candidato de extrema derecha Geert Wilders
podría tener un fuerte impacto en los comicios del mes próximo en Francia y
en los de septiembre en Alemania.
En estos países, que al igual que Holanda forman parte del núcleo fundador
de la UE, la derecha xenófoba también ha ganado un fuerte protagonismo
impulsada por la crisis de refugiados, los recientes atentados islamistas
en Europa y por las victorias de Donald Trump en Estados Unidos y del
Brexit en el Reino Unido.
Con una tasa de crecimiento del 2,3% y un 5,4% de desempleo, la clave de
los comicios del 15 de marzo no es la economía sino la cuestión de la
identidad en un país de unos 17 millones de habitantes donde en los últimos
años el número de inmigrantes ha superado al de los emigrantes.
Con esta premisa de defensa de la identidad como bandera, una treintena de
partidos batallará este miércoles para quedarse con alguna de las 150
bancas en juego, en unos comicios marcados por la atomización, que obligará
a los principales partidos a hacer coaliciones para poder formar gobierno.
De los 31 partidos que se presentan, sólo 14 obtendrían los votos
suficientes para conseguir representación parlamentaria, según los sondeos,
que anticipan que el próximo gobierno necesitará una coalición de al menos
cuatro o cinco partidos.
Un estudio de la televisión pública NOS, que recoge una media de seis
encuestadoras, concluyó una semana atrás que el Partido Popular de la
Libertad y la Democracia (VVD) del primer ministro, Mark Rutte, conseguiría
25 escaños (16,67% de los votos), uno más que el ultraderechista Partido de
la Libertad (PVV), de Wilders.
Desde entonces, las tendencias se mantienen pese a que una fuerte crisis
desatada entre el gobierno nacional y las autoridades turcas alimentó aún
más el discurso xenófobo y anti inmigratorio del euroscéptico Wilders, y
cobró gran importancia en el debate televisivo que mantuvo ayer con Rutte.
Ankara intentó, pese a la advertencia previa de La Haya de que no lo
permitiría, enviar ministros a hacer proselitismo entre los turcos
residentes en los Países Bajos por la reforma presidencialista que impulsa
el partido gobernante de Recep Tayyip Erdogan, que actualmente ocupa ese
cargo.
Rutte, apoyado por la canciller alemana Angela Merkel y la UE, lo impidió
con firmeza y estalló una crisis que aún continúa, en la cual Turquía
emitió diversas sanciones contra Holanda, a la que acusó entre otras cosas
de nazismo, y de hecho impidió que el embajador holandés, de vacaciones,
pueda regresar a Ankara.
Wilders hizo fuerte hincapié en esos acontecimientos para defender sus
posturas, y exigió la expulsión del embajador turco en Holanda, además de
insistir en la necesidad de romper con la UE, postura que, otra vez, Rutte
consideró "irresponsable".
Finalmente, los sondeos de hoy mostraron que las preferencias se seguían
distribuyendo del mismo modo que siete días atrás; solo se había dado una
leve concentración de la intención de voto hacia los candidatos del VVD y
del PVV, y el primer ministro liberal sigue decidido a no formar gobierno
con su principal oponente.
Así las cosas, las dos semanas posteriores a las elecciones serán de tensas
negociaciones para poder alcanzar acuerdos que permitan la formación de un
gobierno que excluya al PVV.
El liberal Rutte, de 50 años, no confirmó con qué partidos intentará
aliarse, aunque reconoció que los democristianos del CDA y los liberales de
izquierda del D66 son los más cercanos al VDD "desde el punto de vista
programático".
La retórica antieuropeísta de Wilders, de 53 años, obligó a la mayoría de
los candidatos a modificar sus discursos para poder interpelar a un
electorado que siente que las decisiones ya no las toman los políticos a
los que eligieron en las urnas, sino las autoridades de la UE desde
Bruselas.
Muchos holandeses sienten que Wilders es el único político que se preocupa
por la pérdida de la "identidad nacional" ante el crecimiento de la
inmigración musulmana, un fenómeno que comenzó hace tres décadas y se
incrementó con la reciente crisis de refugiados procedentes de Siria e
Irak.
El ultraderechista venía encabezando los sondeos e incluso amenaza con
liderar a los movimientos euroescépticos de Europa, pero en las últimas
semanas comenzó a caer luego de que la detención de uno de sus custodios
vinculado a una supuesta filtración de información a una banda criminal, lo
obligara a recluirse.
La tercera fuerza política podría ser Groenlinks (Izquierda Verde), cuyo
líder, Jesse Klaver, está siendo comparado con el primer ministro de
Canadá, Justin Trudeau, por su parecido físico, y con el ex presidente de
Estados Unidos, Barack Obama, por su discurso de "esperanza y cambio".
Klaver, de 33 años, es el único político que atacó abiertamente a Wilders y
logró catapultar a su pequeño partido de cuatro diputados al sitial de
tercera fuerza política.
Pero en estas elecciones, la palabra clave no es cambio sino identidad y
quien logre interpelar a ese electorado será el que tenga más votos. Luego
empezará otra batalla, a puertas cerradas, para formar gobierno.

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