17 de junio de 2026

Lucas Hernán Heredia

Lucas Hernán Heredia. "En Tandil lo público fue secuestrado por un modelo de negocios inmobiliarios disfrazado de gestión municipal"

por
Juan Storani

Lucas Heredia, vecino de la ciudad que supo invertir en un emprendimiento comercial y terminó denunciando en la Justicia "daños y perjuicios" por un presunto incumplimiento contractual, expuso su crítica mirada sobre la gestión de Miguel Lunghi, los manejos vidriosos con el Plan de Desarrollo Territorial y los supuestos negocios con "amigos".

En un pronunciamiento escrito que compartió con LA VOZ DE TANDIL, el ciudadano se refirió a la "firma de la traición: El PDT como negocio del poder. La norma como peaje. El modus operandi de una gestión agotada. Si la política es la gestión de lo público, en Tandil lo público ha sido secuestrado por un modelo de negocios inmobiliarios disfrazado de gestión municipal", introdujo Heredia.

Para el vecino, el PDT que "debería ser el escudo protector de nuestra ciudad contra la especulación, ha sido transformado por el intendente Miguel Lunghi en una herramienta de recaudación discrecional".

Entiende Heredia que "no estamos ante una falla de control; estamos ante un sistema diseñado para la impunidad. Cuando el municipio permite que un privado viole las normas de construcción y, en lugar de exigir la demolición, se limita a cobrar una multa, el Intendente no está 'ejecutando una política', está vendiendo la ciudad al mejor postor".

Desde su mirada, en Belgrano al 400 se teje una "perversión absoluta del poder: la ley se vuelve opcional: quien tiene poder y dinero sabe que la normativa es una barrera que se puede saltar pagando el 'peaje' de una multa".

Heredia considera que "el intendente es el responsable último: él sostiene la estructura administrativa que avala esta estafa. Cada excedente consolidado, cada violación al PDT que se 'soluciona' con un pago, lleva su firma tácita. El negocio oculto: Lo que el vecino llama "negocio inmobiliario" es, en realidad, un mecanismo de financiamiento de privilegios donde se negocia con el patrimonio, el paisaje y el futuro de Tandil, mientras se somete al ciudadano de a pie a la burocracia más estricta".

Para el autor de la nota, "esto no es un error de gestión. Es un modus operandi. El intendente ha convertido el ordenamiento urbano en un mercado negro de privilegios. La responsabilidad directa es suya: por acción u omisión, ha permitido que el respeto a la ley se desmorone bajo el peso de la ambición. Tandil no es un tablero de negocios para sus amigos; es nuestra casa", resaltó.

Más tarde observó que "el uso discrecional del PDT no es una picardía política, es la traición definitiva a la confianza de la ciudadanía. La pregunta ya no es si el sistema está fallando, sino cuánto más vamos a permitir que el municipio se alquile al servicio de unos pocos".

"EL COSTO SOCIAL DE 23 AÑOS DE LO MISMO"


Ya sobre la gestión del poder, Lucas Heredia apuntó sobre la existencia de una "adicción al poder", con un "costo social de 23 años de lo mismo", es decir, "cuando el Estado es un apellido".

"El ejercicio del poder en una comunidad local requiere, por su propia naturaleza, renovación, alternancia y una dinámica de pesos y contrapesos que aseguren la salud institucional. Cuando una estructura de gobierno se mantiene ininterrumpida durante más de dos décadas bajo un mismo núcleo familiar, no solo se genera un estancamiento en la gestión, sino que se produce un fenómeno mucho más profundo y peligroso: la anomia social", suscribió el ciudadano.

Observa Heredia que "la permanencia prolongada de una familia en la toma de decisiones -en este caso, la gestión encabezada por el intendente Miguel Lunghi y la continuidad de su hijo en la Secretaría de Gobierno durante 23 años- trasciende la política para instalarse en la psicología colectiva de nuestra ciudad. Este esquema cronifica lo que en ciencia política denominamos "personalismo administrativo". Cuando la carrera profesional de un funcionario se limita exclusivamente al aparato estatal bajo la tutela paterna, se elimina la necesaria exposición a la realidad del mercado privado, impidiendo una visión diversificada y técnica de los problemas ciudadanos", dijo sobre el popularmente conocido como "Miguelito" (foto).

A entender del escriba, "este escenario genera consecuencias que degradan la salud mental de nuestra comunidad: la naturalización de la excepción: Una sociedad que normaliza el poder vitalicio pierde su capacidad de exigencia. Se instala una resignación colectiva donde el ciudadano deja de sentirse un actor político para convertirse en un espectador pasivo".

Y echó luz sobre "la red de vínculos periféricos: la consolidación de un mismo núcleo en el poder durante tanto tiempo inevitablemente estrecha los lazos entre el Estado, ciertos empresarios y sectores afines. Estos vínculos, lejos de ser transparentes, crean una "comunidad cerrada" donde las oportunidades no se distribuyen por mérito o competencia, sino por cercanía, generando una sensación de asfixia y desigualdad en el resto de la población".

"OBSESION POR LA PERMANENCIA"

Para Heredia existe una "obsesión por la permanencia: desde una perspectiva conductual, el hecho de que el único proyecto de vida sea la permanencia ininterrumpida en el poder indica una desconexión total con la ética del servicio público, cuyo fin último debería ser la formación de nuevos liderazgos y la construcción de un legado que no dependa de personas, sino de instituciones".

Lo que está en juego no es solo la eficiencia de una gestión; es la salud mental y moral de nuestra sociedad. Una comunidad que no experimenta la alternancia es una comunidad que se enferma, que vive bajo la sombra de la endogamia política y que, eventualmente, pierde su capacidad de innovación y de crecimiento saludable.

En este marco -prosigue- "es imperativo que, como sociedad, analicemos estos procesos no desde el ataque personal, sino desde la urgencia de recuperar nuestra salud institucional. La perpetuidad no es un atributo del buen gobierno, es un síntoma de un sistema que ha dejado de mirar al futuro para enfocarse exclusivamente en su propia supervivencia".

Finalmente adujo que "una comunidad sana necesita renovación, diversidad de ideas y, sobre todo, la convicción de que nadie es imprescindible para el destino de nuestra ciudad".


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