10 de mayo de 2020
Queridos argentinos, queridas argentinas
Quiero reiterar mi agradecimiento a cada uno y cada una de
ustedes por lo que hemos logrado unidos en estas semanas. Soy muy consciente de
que es un esfuerzo colectivo y conozco las dificultades que genera la pandemia
en las familias y en cada persona. Todos extrañamos mucho a nuestros seres
queridos.
Los argentinos y las argentinas hemos hecho un contrato para
cuidarnos. Un contrato para que el impacto de la pandemia sea compatible con
nuestro sistema de salud. Ese fue el objetivo que siempre nos propusimos para
salvar vidas. Por eso desde el primer día de la cuarentena hemos trabajado para
construir nuevos hospitales, preparar camas de aislamiento y contar con los
insumos críticos necesarios. Hemos avanzado mucho y seguimos trabajando.
También desde el primer día hemos tomado medidas para
mitigar el impacto económico y social de la pandemia. Soy muy consciente de esa
realidad y expliqué la situación que teníamos cuando asumí. Y sabemos cómo se
agrava ahora la crisis económica en todo el mundo. Por eso hemos tomado medidas
económicas dirigidas a apoyar a todas las familias, a los más vulnerables, a
los trabajadores, a los monotributistas y también a las pymes. El Estado está
presente, acompañando y cuidando a todos los argentinos.
Desde que comenzó la cuarentena, hace más de 50 días, hemos
hecho un gran trabajo colectivo y hemos obtenido los primeros logros. El más
importante es haber podido reducir la velocidad del contagio. Ahora debemos
cuidar esos logros.
Para saber cuál es la situación hay un parámetro muy
importante: saber cuántos días demora en duplicarse la cantidad de casos.
Cuando iniciamos la cuarentena, la cantidad total de casos en el país se
duplicaba cada 3,3 días. Hoy, a nivel nacional, hemos logrado que se dupliquen los
casos cada 25 días. Más de dos tercios de los nuevos casos son en el Área
Metropolitana de Buenos Aires.
En los últimos días hemos visto y escuchado a voceros de la
apertura económica presionando con cualquier argumento para ponerle fin a la
cuarentena, una medida que se ha tomado en muchísimos países del mundo. Pero
ninguno ha logrado jamás demostrar que el fin del aislamiento haya servido a la
economía. Porque, en realidad, solo ha servido a aumentar el contagio y las
muertes, sin evitar el deterioro económico.
Para tomar noción basta con mirar lo que ocurre en el mundo.
La pandemia tiene características inusitadas. No hay país capaz de impedir la
entrada y la expansión del virus. Ya los contagiados se cuentan en millones y
los fallecidos en cientos de miles. Además, se están produciendo consecuencias
gigantescas en la economía global. Este año habrá una enorme caída de la
producción, muchas empresas pierden valor en días o semanas, se han destruido
millones de puestos de trabajo y ha bajado intensamente el consumo.
El mundo ya no será igual. Pero, a pesar de la
incertidumbre, tenemos una certeza: sabemos que ha fracasado un modelo basado
en la especulación financiera global. Un modelo que desprecia a la producción
real, a los seres humanos y al medio ambiente. Sabemos que también ha fracasado
el menosprecio por lo público y por estados preparados para proteger a sus
ciudadanos. Estamos convencidos de que en el mundo por venir deberán estar en
el centro los seres humanos, la justicia y la igualdad.
Un día, cuando esta situación haya pasado y recuperemos
todos los aspectos de nuestra vida, podremos celebrar los logros que hayamos
alcanzado como sociedad. Y también habremos aprendido nuevos hábitos de cuidado
y de salud. En ese momento, recordaremos esta crisis inmensa, quizás más que
otras que nos han tocado vivir. Pero atravesar la crisis es el momento más
difícil. No solo por las restricciones económicas y de movilidad o por los
temores por la salud de nuestra gente. Es el momento más difícil porque cuesta
mucho ver que finalmente nos vamos a reponer, vamos a salir, todos juntos y más
fuertes que antes.
Ahora entramos en una nueva etapa de nuestro plan. Hay
restricciones que continúan vigentes en todo el país, pero podemos iniciar una
apertura progresiva, cuidadosa y responsable. Cuidadosa porque iremos paso a
paso, de modo paulatino. Cada semana podremos ir sumando algunas actividades
comerciales, productivas o de servicios para ir activando la economía. Y es
responsable porque las salidas siguen siendo exclusivamente para las
actividades autorizadas.
Cuando una persona sale a la calle hoy, sale a una calle
donde está presente el virus. Para ser más claro: salir a la calle es salir a
buscar el virus. Todo ha cambiado desde inicios de marzo y debemos prepararnos
para aprender a convivir con él.
Aprender a convivir con el virus significa que antes de
construir una nueva vida cotidiana sin las restricciones actuales, necesitamos
fortalecer la prevención para evitar el contagio. Por eso, es clave respetar
las normas de distanciamiento social y continuar con el hábito de lavarnos las
manos, evitar tocarnos la cara, usar barbijos cuando salimos, ventilar
ambientes y comunicarse por teléfono con un médico o una autoridad sanitaria si
tenemos síntomas. Esto último es muy importante para no producir aglomeración
en los hospitales.
Todos y todas somos responsables del cuidado y cada paso que
demos depende de cada uno y cada una. Si cumplimos, podremos seguir avanzando.
Si hay incumplimiento, deberemos retroceder.
Cada actividad que se reinicie debe rediseñarse con
criterios sanitarios. Cada persona que se reintegre a la actividad laboral o
social deberá extremar los cuidados, tanto al salir de su casa como en la
calle, en el trabajo y al regresar a su hogar.
Debemos hacer todo lo posible para evitar el transporte
público. Todas las personas que deban desplazarse y puedan hacerlo en su propio
medio de transporte estarán menos expuestas al virus. Por eso, las grandes
empresas tendrán que asegurar por sus propios medios el desplazamiento de sus
empleados.
Cada jurisdicción tendrá que habilitar y fiscalizar estos
nuevos procesos productivos. Los grandes centros urbanos tendrán que
reorganizar los horarios para evitar aglomeraciones.
El Gobierno nacional tiene la capacidad de monitoreo de los
casos en todas las provincias y municipios del país, y vamos a fortalecer los
mecanismos de control epidemiológico. Allí donde debamos cerrar la actividad,
no tendremos dudas en hacerlo.
No será un camino lineal hacia la reapertura. La experiencia
internacional indica que en algunas ciudades, establecimientos o instituciones
donde hoy no hay contagio, puede haberlo en el futuro. Sabemos que tendremos
más casos y que se acerca el invierno, que es cuando crecen las enfermedades
respiratorias.
Ante situaciones de contagio, hay que ocuparse rápidamente
de cada caso, se trate de una localidad, una institución o un barrio. Hay que
seguir las recomendaciones de aislar a las personas contagiadas y a sus
contactos.
Nadie quería vivir este tiempo doloroso, pero no nos queda
más remedio que convivir con el virus. Por eso, lo que iniciamos es un proceso
dinámico donde habrá que reducir y a veces incrementar las medidas de
cuarentena.
Este es el nuevo desafío que nos pone a prueba como
sociedad.
Es tiempo de cuidados, no de temores infundados. Es tiempo
de evidencia científica, no de rumores. Es tiempo de solidaridad, no de
estigmas.
Este es un acuerdo que hemos construido los argentinos:
cuidar a todos, a todas y a todes.
Nadie se salva solo. De esta situación saldremos juntos.
Cuento con ustedes. Ustedes cuenten conmigo.
Comentarios
0Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
Iniciá sesión para dejar tu comentario
Iniciar sesiónCargando comentarios...
Denunciar comentario