7 de noviembre de 2022
La Lic. Florencia Belgrano integra el equipo de La Lumbrera,
un espacio donde participan profesionales que ponen su experiencia clínica,
formación académica y perfil humano al servicio de ese proyecto colectivo. En
esta entrevista, se refirió a la experiencia compartida durante la Jornada
"Reanudando la presencialidad", organizada por el Colegio de Psicólogos y
Psicólogas Distrito VIII, que se realizó a principios de octubre en Azul.
¿Cuál es tu balance, luego de esa participación en la
Jornada?
El balance es muy positivo: muchos colegas de todo el
Distrito convocados en el hermoso marco de Casa Ronco (declarada Patrimonio
Cultural) una casona de corte antiguo, impregnada de historia. Allí charlamos
entre amigos, intercambiamos y nos dimos los abrazos que, en su momento,
estuvieron vedados. Destaco de ese encuentro el ambiente cálido y distendido,
las elaboraciones presentadas por los disertantes quienes, desde las distintas
localidades, hospitales, instituciones y consultorios, pudieron dar cuenta de
su trabajo en el contexto de pandemia, focalizados en atender la salud mental
de la población bajo exigencias muchas veces extremas, en contextos nuevos,
tras pantallas, disfrazados de "astronautas", atendiendo a las necesidades
emergentes: no quedó otro camino que innovar.
¿Cuál fue el trabajo que presentó La Lumbrera?
Justamente, La Lumbrera surgió en el contexto de pandemia,
por lo que hubo mucho por inventar. Mi participación en la Jornada vino
motivada por el hecho de poder compartir un poco de lo que venimos haciendo y
cómo fue tomando forma en estos dos años de trabajo. Comenzamos con Natalia
Cuesta, colega (y amiga) que conocí hace 11 años en el Centro de Día de Salud
Mental Tita Brivio (Tandil); desde entonces, siempre trabajamos juntas. Hemos
contado con 2 pilares fundamentales: Rodrigo del Campo, psiquiatra infanto
juvenil con quien compartimos espacios laborales en el Sistema Integrado de
Salud Pública de Tandil, y mi familia, quienes apostaron al proyecto de La
Lumbrera en el momento en el que el mundo colapsaba. Hoy somos un equipo
interdisciplinario de 16 personas.
En el consultorio, como analista me dispongo a ofrecer (me)
vacante para que el paciente despliegue "su fantasma". Llamada a ocupar ese
lugar que me es dado, con una escucha abierta y atenta, me orientan los modos
de gozar y los deseos inconscientes de los pacientes.
Recuerdo que en plena pandemia atendí a una niña que no
podía conciliar el sueño; refería terrores nocturnos con un "monstruo" que
amenaza con contagiarnos a todos. Inhibido, apareció como punta del ovillo, su
deseo de actuar cuando fuera grande. Acompañada por una profe de arte digital
de La Lumbrera, la pulsión comenzó a hacer otros rodeos. Apareció el lado
lúdico que representó sus temores, ella le puso voz y cuerpo, surgió la ironía
y la risa. La pesadilla comenzó a transformarse en una comedia dramática y
compuso los personajes de su vida cotidiana. Narró y actuó su historia que
compartió con su familia en un video que ella creó y compaginó. El fantasma ya
no viene a buscarla de noche y el monstruo se desvaneció. Recuerdo otro
paciente adolescente que decidió cortar los canales de comunicación con sus
pares y no quería levantarse de la cama. Comentó que desde pequeño tocaba un
instrumento pero insistía que en ese padecimiento con el que "no puede hacer
nada". Intervine: sabía tocar un instrumento, bailaba, con eso se podía hacer
algo.
Junto con un profesor de música comenzó un proceso creativo
de composición y escritura que se tradujo en su cuerpo. Danzó para nosotros,
pero como si no estuviéramos: movimiento gozoso, pura expresión, liberación que
fluyó al ritmo de las palabras, palabras de su creación que él repitió como un
mantra mientras danzaba. Compuso una canción que luego compartió con sus pares
en un videoclip.
Otro caso: una nena impulsiva, con dificultad en los
vínculos con sus pares, que con las manos llenas de pintura me dijo que ahí era
feliz porque era "la artista de las manos"; así fue como se dio un lugar, desde
sus manos coloridas.
Éste es un breve recorte para dar cuenta de cómo en La
Lumbrera, a partir de la clínica con niños y adolescentes, encontramos en el
arte y el psicoanálisis un modo de hacer. Nos vamos encontrando con sujetos
danzantes que se extasían en el goce del cuerpo, poetas que se pierden para
encontrarse y volverse a perder en la metonimia de las palabras, en la retórica
de las metáforas, pintores que garabateaban sus emociones más ocultas, que se
regocijan -y horrorizan- de sus producciones, tan propias y ajenas a la vez.
Entre las grandes preguntas que nos hicimos durante la
jornada fue ¿continua la pandemia? ¿Terminaron sus efectos?
¿Cómo es el trabajo con adolescentes?
Creemos que a partir de la vuelta a la presencialidad
comenzamos a generar dispositivos dinámicos y flexibles en función de la
demanda y necesidades. El equipo interdisciplinario de La Lumbrera comenzó a ir
a la comunidad (jardines, institutos, colegios, hogares) y en una oportunidad
nos convocó una docente de un colegio secundario, preocupada por sus
estudiantes. Intervenimos en el ámbito áulico con una psicoanalista, el profe
de teatro y la psicopedagoga que trabaja en orientación vocacional ya que los
estudiantes referían preocupación por su futuro: contexto post pandémico,
guerra de Ucrania/Rusia, inflación), etc..
De ese encuentro surgió una corporalidad afectada por la
angustia, la dimensión real del cuerpo que se expresó entre los estudiantes con
frases como "me acompleja mi cuerpo, mi pelo, mi sonrisa", "tengo miedo al
rechazo, soy feo", "no puedo dejar de subir de peso, soy pesada", "nunca
conseguí alguien que me quiera", "odio la forma de mi cuerpo", entre otras. A
partir de este encuentro surgió Imagos, un dispositivo para abordar ese lugar
sensible para los/las adolescentes llamado cuerpo, con orientación psicoanalítica
en interdisciplina, que aborda las problemáticas del cuerpo y la alimentación
adolescente. También atendemos las inquietudes singulares: a partir de una
paciente adolescente orientada por su deseo, amante de los libros y el arte
surgió un proyecto cultural impulsado por y para adolescentes: El Club de
Lectura emergió de la idea de crear un espacio de identidad y pertenencia, que
los participantes puedan compartir, nutrirse y expresar sus opiniones en "el
conversatorio, donde todas las opiniones cuentan".
Hacerse parte de un grupo en la adolescencia constituye una
instancia nodal en el proceso de construcción de la identidad personal y
social, es por ello que brindamos un espacio grupal de encuentro, entendiendo
que los grupos de pares se organizan, fundamentalmente, sobre la base de lo
común. Pertenecer, sentirse parte, se asienta en intereses e inquietudes
comunes que se tienen en cuenta en la admisión grupal. Ofrecemos instancias de
intercambio, que alojan la diferencia, invitan a la tolerancia y a la
aceptación en el encuentro con uno mismo y con el otro (proceso de
identificaciones y de individuación).
Con el lema "que circulen los libros" invitamos a realizar
donaciones ya que todos podemos ser parte de esta propuesta. Trabajamos en la
recolección de libros, para El Club de Lectura, un espacio de intercambio de
literatura. La dinámica se realiza un domingo por mes a la tardecita, de
entrada, libre y gratuita.
El abordaje con adolescentes en lo grupal, en ámbito
comunitario y en el contexto clínico nos permitió observar las tensiones y
movimientos que se reactualizan en el vínculo entre los padres, madres y las
hijas e hijos adolescentes. Fueron frecuentes las consultas de padres y madres,
por lo que surgió en el equipo interdisciplinario la idea de realizar unas
jornadas para padres, y adultos referentes con el título: "Adolescentes ¿Y
ahora qué?", realizadas recientemente; títulos como: "Desorientados", "El
cuerpo en jaque", "sentirse cambiado, el cuerpo desde adentro", "deambulando en
la cocina", "mundo virtual" formaran parte de las ponencias.
Estos son ejemplo de
cómo a partir de los motivos de consulta, la escucha, y lo emergentes vamos
innovando y creando nuevos dispositivos. Los y las invito a leer el trabajo
presentado en la jornada donde cuento cómo funciona Imagos, los comienzos de La
Lumbrera, una viñeta clínica, el porqué del arte y la presentación de todo el
equipo interdisciplinario con el cual venimos trabajando.
Ojalá la Jornada organizada por el Colegio de Psicólogos y
Psicólogas sea el puntapié para muchas más, y ansío que cada vez se sumen más
participantes para poder seguir compartiendo nuestro ejercicio profesional
impulsado por el deseo.
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