29 de febrero de 2008
Tal lo anunciado, ayer se concretaron los alegatos del Ministerio Público Defensor y los abogados particulares de parte del grupo sindicado como autor del hecho que culminara con la vida de José Luis Gárate, en el supermercado Monarca de avenida Colón.
Como se preveía, la estrategia de los defensores que se ventiló a lo largo de las audiencias persiguió imponer la idea del exceso de autor, léase que ninguno de los actores, salvo el sindicato como autor material (Román Espinosa), tenía conocimiento del arma cargada, mucho menos el desenlace.
Al menos así fue la pretensión defensiva del doctor Dino Dátola, para con sus pupilos Santiago y Esteban Pugni, como subsidiariamente también lo plantearon los defensores oficiales Diego Araujo y Carlos Kolbl, con respecto a la situación de Daniel Sasali y María Belén Molina, respectivamente.
Con respecto a la doctora Patricia Stadler, en representación de Roman Espinosa, reeditó lo que había enunciado una vez iniciado el juicio, acerca de la exclusión de prueba, a partir de lo que entendió graves atropellos a los derechos individuales durante el proceso. Básicamente cuando su defendido fue demorado para la extracción de sangre y que derivara en el cotejo de ADN que comprometió y mucho su situación.
A sus modos y sus formas, según rezaba su hilo argumental, los defensores se mostraron sólidos, con férreas posturas que serán tenidas en cuenta por el Tribunal Criminal N° 1, quien dispuso para el jueves próximo, a las 10, el tiempo más esperado, la lectura del veredicto que resolverá en primera instancia el futuro penal de los cinco implicados.
KOLBL Y EL ROL DE MOLINA
El doctor Kolbl anticipó que el hecho en discusión desde el punto de vista técnico jurídico resulta de laboratorio. La pluralidad de actores, diversidad de conductas, el dolo de cada uno de los protagonistas, generan por sí controversia, sin dejar de mencionar que la situación de su defendida, Belén Molina, era distinta a la del resto, por lo que solicitó que impere el principio de congruencia de la acusada.
Primeramente, dedicó un párrafo especial en cuanto a que el Tribunal no podría cambiar la condena solicitada por la fiscalía (pidió que se la condene por robo en grado de tentativa agravado por el uso de arma cuya aptitud para el disparo no se acreditó). El planteo no resulta caprichoso, habida cuenta que hay antecedentes sobre éste mismo tribunal cambiando la calificación e incluso la condena por encima de lo que solicitó en otros alegatos el Ministerio Público Fiscal.
Adentrando en la declaración de su defendida, consideró que su relato no tuvo fisuras, resultó coherente desde su primer declaración a la expuesta en la sala de audiencia, incluso corroborada luego con respectivos testimonios. No dejó de sopesar que sus dichos, su confesión, sirvió para esclarecer el hecho, poniendo el acento en que Belén Molina “no miente”.
Kolbl sí cuestionó el dolo requerido por el fiscal respecto al agravante planteado, a lo que el abogado contrarrestó que también pedía una condena para su pupila, pero cuya calificación debía –debe- ser por “robo simple en grado de tentativa”.
A la hora de los atenuantes, introdujo una figura que no hace mucho se ha incorporado al lenguaje judicial, al menos mediático: la pena natural. En tal sentido, aludió a que Molina ya padeció el sufrimiento de estar privada de la libertad, incluso no solo de ella sino de su hijo. Reseñando que dio a luz detenida en la unidad penitenciaria.
También subrayó el arrepentimiento denotado en todo su relato como en los gestos evidenciados a lo largo del proceso, y se insistió en su colaboración prestada a lo largo de la investigación.
Sobre los agravantes presentados por el fiscal, Kolbl aclaró el concepto vertido sobre la fuga a Brasil. Al respecto, indicó que por aquellos días Molina no estaba imputada, por lo que erróneamente se puede hablar de fuga. “No se fue para entorpecer la labor judicial, se fue por miedo”, aseveró, sin dejar de señalar que si se le creyó su versión sobre cómo se sucedieron los hechos que terminó con la muerte de Gárate, por qué no creerle su verdad sobre los motivos de la retirada del país.
En consecuencia, e insistiendo en la carátula que debiera revestir su condena, el defensor solicitó que la pena contemple dos años y tres meses de prisión.
La hora de Araujo y la absolución de Sasali
Seguramente el alegato más esperado, dada las particularidades del rol de Daniel Sasali dentro del círculo de los acusados, era la del defensor oficial Diego Araujo, que de antemano había anunciado que pediría la absolución de su defendido, entendiendo que no hubo, no existen, elementos de prueba contra el acusado.
Para Araujo, la imputación y consiguiente acusación para Sasali se basó en conjeturas que no contaron con sustento probatorio, añadiendo que no se acreditó la presunta relación previa entre los implicados.
Obviamente objetivó tajantemente que Sasali haya estado al tanto de lo que iba a suceder, mucho menos que planificó con quien resulta el presunto ideólogo, Santiago Pugni.
Para ello, consideró mendaces los testimonios que aludieron a la relación previa presentada en el debate, descalificando cada uno de los conceptos vertidos por los testigos juarenses.
Para con el reconocimiento realizado por Belén Molina, se tomó de conceptos psicológicos que aluden a la falsa memoria, cuestionando el reconocimiento fotográfico realizado oportunamente. Hizo lo propio con el auto de su propiedad involucrado.
Tras basar su alegato absolutorio, subsidiariamente consideró que se debía calificar el rol de Sasali como partícipe secundario de un robo agravado por el uso de arma cuya aptitud para el disparo no se acreditó.
Al respecto, Araujo insistió en que en el peor de los casos, su defendido no sabía que el arma estaba cargada, añadiendo que el fiscal lo presume, pero ante ello entendió que en el eventual conocimiento que Espinosa portaba un arma no debía prever el resultado fatal. En consecuencia, no se puede reprochar el homicidio.
Cerrando, ratificó sobre el rol de Sasali que fue un actor secundario en la historia criminal, no pudiéndose decir lo mismo del resto, incluso de Belén Molina.
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