9 de noviembre de 2010

Nacionales

Nacionales. Escapó a la cárcel y la Justicia

por Patricia Blanco Fernández (*)

Las investigaciones penales en contra de Emilio Eduardo Massera (85) estaban desde hace años frenadas porque un dictamen médico que lo consideraba "inimputable" por insanía había impedido que volviera a sentarse en el banquillo para ser juzgado por los crímenes ocurridos en la ESMA, uno de los mayores centros de detención de la dictadura que funcionó bajo su mando.

Massera fue el único de los ex comandantes de la primera junta militar que tuvo el raro privilegio de escapar de la cárcel y la Justicia, precisamente porque su estado mental no le permitía darse cuenta de lo que lo estaban acusando, según determinaron los médicos y los tribunales.

El 9 de diciembre de 1985, luego de casi nueve meses de audiencias, Massera tuvo una vez una condena en el llamado "Juicio a las Juntas": ordenaron recluirlo a prisión perpetua, una pena algo más leve que el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla, que recibió la reclusión perpetua.

Hubo penas más bajas para Orlando Agosti, Roberto Viola y Armando Lambruschini, además de la absolución de Omar Graffigna, Leopoldo Galtieri, Jorge Anaya y Basilio Dozo, el resto de los ex comandantes de la dictadura bajo proceso.

Aún hoy, a 25 años de aquel debate histórico, el ex camarista Guillermo Ledesma no puede olvidar "el cinismo" del marino durante su leído alegato.

"Soy responsable, pero no me siento culpable. No he venido a defenderme -había dicho antes sus juzgadores-. Nadie tiene que defenderse por haber ganado una guerra justa, y la guerra contra el terrorismo subversivo fue una guerra justa. Sin embargo yo estoy aquí procesado por haber ganado una guerra justa".

Massera terminó condenado por tres homicidios, doce tormentos, 69 privaciones ilegales de libertad, siete robos, 17 desnudos públicos y tres vandalismos pueriles. Además de ser remitido al penal de Magdalena, perdió su rango militar. Pero por esos años también burló a la Justicia, ya que un fotógrafo lo descubrió en el Barrio Norte porteño, por el que andaba furtivamente, cuando lo habían llevado a un chequeo al Hospital Naval.

Aquella sentencia quedó en la nada en diciembre de 1990 cuando el entonces presidente Carlos Menem lo indultó junto al resto de los condenados y le devolvió la libertad.

En 1998 los tribunales volvieron a poner la mira sobre los pasos de Massera y los crímenes que no podían prescribir: fue imputado en causas puntuales de robos de niños nacidos en cautiverio, y también el megaexpediente que analizaba la planificación sistemática que operó desde la fuerzas militares para apoderarse de esas criaturas.

Todavía no habían caído las leyes de Obediencia Debida y Punto Final (algo que ocurriría más tarde, en 2003, durante el gobierno de Néstor Kirchner), y no eran tantos los militares presos.

Fue entonces cuando Massera fue descubierto otra vez "in fraganti" violando su arresto: con más de 70 años y los reclamos infructuosos de cárcel efectiva, el ex marino fue enviado a cumplir prisión domiciliaria a una quinta de El Talar de Pacheco, pero una foto de la revista Veintitrés lo retrató caminando por las afueras del predio.

En diciembre de 2002, el ex comandante entre 1976 y 1978 perdió su beneficio y fue remitido al sector VIP de la cárcel de Gendarmería Nacional, en Campo de Mayo, para seguir detenido.

Pero al poco tiempo tuvo que ser llevado al Hospital Naval donde quedó internado, primero por un derrame cerebral y más tarde por sufrir un infarto.

Las agrupaciones de derechos humanos pusieron en duda la veracidad de los informes médicos que lo tenían preso en el centro de salud de los marinos.

Y esas dudas se redoblaron cuando el 10 de marzo de 2005 la jueza María Servini de Cubría suspendió los procesos en su contra, luego de que médicos forenses le informaran que presentaba una "involución mental" por daños cerebrales.

En uno de esos sucesivos informes los forenses reportaban que Massera, con un marcapasos en el corazón, "no controlaba esfínteres", "se babea por momentos" y "emite quejidos", en el marco de un "trastorno psicoorgánico que trae aparejado un deterioro cognitivo global", "crónico e irreversible"

El año pasado, un tribunal de Roma comenzó a juzgarlo en ausencia por las desapariciones de los ciudadanos italianos Angela Aieta de Gullo -madre del ex dirigente de la JP y diputado Dante Gullo-, Giovanni Pegoraro y su hija Susana, en la "Operación Cóndor", pero un informe médico determinó que el acusado no tenía las condiciones mentales para entender lo que ocurría.

Con Massera postrado en una cama, la Justicia sin embargo avanzaba en impulsar las investigaciones en su contra: un fallo declaraba la nulidad del indulto con el que lo había beneficiado Menem y ratificaba la sentencia a prisión perpetua dictada durante el "Juicio a las Juntas".

Con su muerte, Massera se lleva a la tumba todas las causas por las que debía ser juzgado. La investigación por los robos de bebés -que aún no llegó a juicio-, el debate oral por la causa principal ESMA -que está en pleno trámite-, el expediente por la nulidad del indulto y también la causa por apropiación de bienes de desaparecidos por la que sí tendrán que dar explicaciones como acusados sus hijos.

Es que las acciones de una sociedad que le fueron arrancadas a un empresario secuestrado por la dictadura aparecieron a nombre de Eduardo Enrique y Carlos Massera, hijos de Emilio Eduardo Massera y, a criterio del juez Sergio Torres, fue el ex almirante el jefe de la banda que se apropió de los bienes de sus víctimas.

(*): DyN.

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