10 de agosto de 2026
El Rector de la UNCPBA, Dr. Marcelo Alfredo Aba y la Decana de la Facultad de Agronomía, Ing. Agr. (M.Sc.) Liliana Monterroso junto a los vecinos de Azul Gustavo David Pérez y Claudia Raquel Nanni, firmaron un contrato de comodato para incorporar un departamento totalmente equipado en Azul como residencia estudiantil.
En este marco, compartimos la nota publicada por UNICEN:
Hay gestos que parecen pequeños, pero dicen bastante sobre el
lugar que una comunidad le da a la Universidad Pública. En Azul, una familia
decidió poner a disposición de la Universidad Nacional del Centro de la
Provincia de Buenos Aires (UNICEN) un departamento de su propiedad para que
pueda ser utilizado como residencia por estudiantes que llegan a la ciudad para
cursar sus carreras.
La iniciativa surgió a partir de un encuentro entre la
familia y la decana de la Facultad de Agronomía, Mg. Liliana Monterroso. En
esas primeras conversaciones apareció una preocupación compartida: cómo
acompañar a quienes eligen estudiar en la Universidad Pública y, muchas veces,
deben trasladarse de sus lugares de origen para poder hacerlo.
La familia ofreció entonces un departamento de su propiedad.
A partir de esa propuesta, la Universidad incorporó el inmueble al Programa de
Becas de Residencias, que brinda alojamiento a estudiantes que no residen en
las localidades donde se encuentran las sedes en las que cursan sus carreras de
grado, mediante un proceso de inscripción y selección a cargo del equipo
técnico de la Universidad.
El gesto se formalizó el 17 de julio, cuando se firmó en la
sede del Rectorado un contrato de comodato mediante el cual la familia cedió el
inmueble a la UNICEN para su utilización como residencia universitaria. Del
encuentro participaron integrantes de la familia, el rector de la UNICEN, Dr.
Marcelo Aba; la decana de la Facultad de Agronomía, Mg. Liliana Monterroso; el
secretario de Bienestar Universitario, Lic. Lisandro Ramos; y el equipo
responsable de las Residencias Universitarias.
Pero quizás la parte más significativa de esta historia no
esté en la firma del contrato, sino en lo que sucede a partir de ella. La
residencia ya está habitada por dos estudiantes que encontraron allí un hogar
donde vivir mientras cursan sus estudios.
En un contexto en el que acceder a una vivienda y sostener
una trayectoria universitaria se vuelve cada vez más difícil, una familia
decidió hacer algo muy concreto: poner un bien propio al servicio de una
política que busca garantizar que estudiar no dependa del lugar donde una
persona nació o de las posibilidades económicas de su familia.
La historia de esta residencia también habla del vínculo
entre la Universidad y la comunidad. De una universidad que no está aislada de
su territorio y de una comunidad que reconoce el valor de contar con una
institución pública que forma profesionales, produce conocimiento y abre
oportunidades. Esta vez, ese vínculo tomó la forma de una casa, la cual dejó de
ser solamente una propiedad privada para convertirse una posibilidad concreta
para que otras personas puedan estudiar.
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