9 de octubre de 2026
Durante muchos años, desde nuestro espacio venimos señalando una realidad que se volvió cada vez más difícil de ignorar: los barrios de Tandil no recibieron de la gestión municipal la misma atención que otras zonas de la ciudad.
Durante dos décadas, la administración municipal construyó
una determinada idea de ciudad. Una ciudad donde el centro, los espacios verdes
y los sectores más visibles fueron protagonistas de una política sostenida de
embellecimiento, infraestructura y prestación de servicios. Es justo reconocer
que muchas de esas intervenciones transformaron sectores de Tandil y mejoraron
su imagen urbana.
Pero veinte años después aparece una novedad: ya no alcanza
con decir que los barrios quedaron relegados. Hoy también tenemos que
preguntarnos qué está pasando con el propio centro de la ciudad.
Un recorrido por las calles céntricas alcanza para
encontrarse con un problema concreto: muchas veredas están en condiciones que
dificultan seriamente la circulación. Baldosas rotas, desniveles y sectores
deteriorados no son solamente una cuestión estética. Para una persona mayor que
se moviliza a pie, pueden convertirse en un verdadero riesgo. Para quienes
tienen dificultades de movilidad, una vereda intransitable significa
directamente no poder circular.
Y hay otro aspecto que tampoco podemos naturalizar: la
pérdida de seguridad y de presencia en nuestros espacios públicos.
Plazas y distintos espacios que durante el día son lugares
de encuentro, recreación y disfrute, cuando llega la noche muchas veces se
transforman en verdaderas bocas de lobo. La falta de iluminación adecuada y de
condiciones que permitan transitar y permanecer con tranquilidad termina
expulsando a los vecinos del espacio público.
Una ciudad no se disfruta solamente cuando hay sol. El
espacio público también tiene que ser habitable, accesible y seguro cuando cae
la noche.
Y esto nos lleva nuevamente a una cuestión de fondo. Durante
años se puso el foco en embellecer determinados sectores de Tandil. Pero
gobernar una ciudad implica mucho más que embellecerla: implica mantenerla,
cuidarla y garantizar condiciones dignas para quienes la habitan todos los
días.
Desde nuestro espacio hemos presentado, como tantas otras
veces, herramientas y propuestas concretas para abordar estas problemáticas.
Hemos señalado los problemas y planteado alternativas. Sin embargo, nos
encontramos una y otra vez con la falta de respuestas y, fundamentalmente, con
la falta de voluntad para abordar cuestiones que afectan directamente la vida
cotidiana de los vecinos.
El problema, entonces, no es solamente cuánto se invierte,
sino cómo se decide dónde, para qué y para quién se invierte.
No se trata de abandonar el centro para atender los barrios,
ni de abandonar los barrios para recuperar el centro. Se trata de entender que
después de veinte años de una misma gestión hay problemas nuevos que requieren
respuestas nuevas.
Tandil necesita recuperar una mirada integral. Una ciudad
donde una persona mayor pueda caminar por una vereda sin miedo a caerse; donde
una familia pueda llevar a sus hijos a una plaza y sentirse segura; donde los
espacios públicos puedan disfrutarse durante el día y también durante la noche;
y donde vivir en un barrio periférico no significa resignarse a recibir menos.
Porque después de veinte años, ya no alcanza con mostrar lo
que se hizo. También hay que hacerse cargo de lo que falta.
Y quizás esa sea hoy una de las principales discusiones que
Tandil tiene por delante: si vamos a seguir administrando la ciudad que
construimos durante las últimas dos décadas o si estamos dispuestos a empezar a
discutir seriamente la ciudad que necesitamos para los próximos veinte años.
Federico Martínez - Concejal de Fuerza Patria
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