10 de junio de 2009
Tal lo adelantado en estás páginas, ayer dio comienzo la audiencia oral y pública en torno al brutal atraco sufrido por la familia Vena, ocurrido el 2 de abril de 2008 en la propia vivienda de las víctimas, por el cual resultaron detenidos e imputados dos jóvenes, uno de ellos menor de edad. El otro, Waldemar Alexis Ricardo Guillermo, fue precisamente el que ayer se paró frente a los jueces, se identificó y se prestó a escuchar los pormenores de los hechos que lo sindican como autor penalmente responsable.
Teniendo por acreditado y aceptado incluso por la defensa la participación en el hecho del acusado, la jornada de debate se centró básica y fundamentalmente en la intencionalidad homicida del imputado. A partir de los relatos de las víctimas como de las pruebas dispuestas en la audiencia, el fiscal creyó que se está frente a un homicidio en grado de tentativa. Para el defensor, en tanto, esa calificación no fue probada, pidiendo en consecuencia un veredicto condenatorio, pero bajo otros parámetros, sensiblemente menores en cuanto a la pena a disponer.
El Tribunal Criminal Nº1, en esta oportunidad integrado por los doctores Guillermo Arecha -presidente-, Pablo Galli y Carlos Pocorena, pasadas las 9 promovió el inicio del juicio, dando la palabra al ministerio público fiscal, Luis Alberto Piotti, y al defensor oficial, Carlos Kolbl, respectivamente, para luego escuchar los testigos citados para la ocasión.
CIRCUNSTANCIAS DEL HECHO
Como se informó en la edición de ayer, el fiscal encuadró los hechos bajo la calificación penal de "robo calificado en grado de tentativa, agravado por el uso de armas, en concurso ideal con privación ilegal de la libertad, ellos, en concurso real con portación ilegal de arma de fuego de uso civil condicional, homicidio en grado de tentativa -tres hechos-, resistencia a la autoridad y violación de domicilio".
Cabe reseñar sobre el caso, que el 2 de abril de 2008, entre las 21.20 y las 22.50, dos sujetos (Guillermo y un menor de edad), redujeron a Sandra Karina Toledo intimándola con sendas armas de fuego que portaban sin la debida autorización legal, cuando ésta había salido de su casa para guardar la camioneta en el garaje.
Una vez dentro de la vivienda sita en Gómez 1311, amenazaron de muerte a la mujer y sus hijos menores, como así también posteriormente a Héctor Fabián Vena, a quien golpearon en distintas partes del cuerpo ocasionándole una fractura en su mano derecha, siempre exigiendo la entrega de dinero y con el fin de doblegar su voluntad.
En el interín, mediante el uso de la violencia y amenazas, exhibiendo las armas, maniataron a los moradores y encerraron en el interior de un baño de la vivienda a Toledo junto a sus hijos. Luego que los sujetos se llevaron un importante botín (1650 dólares, 45 pesos, 2 reales, 1000 pesos uruguayos, 1000 pesos chilenos, 3 anillos, una cámara digital, un teléfono digital y un juego de llaves), intentaron salir de la propiedad privando de la libertad a Vena, con el fin de garantizar su escape en el vehículo de su propiedad, siendo advertidos en esos instantes por la comisión policial que logró su aprehensión luego que los victimarios intentaran fugar por los fondos de la vivienda, hasta que el imputado mayor de edad fue interceptado no sin antes ofrecer resistencia arrojando patadas y trompadas.
Dentro del relato descripto por el ministerio público, se detalló que los sujetos por no lograr el fin que se proponían y para garantizar su impunidad, a efectos de llevar a cabo las amenazas proferidas, intentaron dar muerte a Sandra Karina Toledo y a Héctor Fabián Vena, al gatillar y activar el mecanismo de disparo del arma calibre 22 al menos en tres oportunidades. La primera contra Toledo, en el baño y frente a sus hijos, y los restantes contra Vena, mientras direccionaba el cañón a las cabezas de las víctimas, resultados que no acaecieron debido a una falla circunstancial del mecanismo del arma.
Se añade en la hipótesis acusatoria que fue el mayor (Guillermo) quien gatilló en dirección a la mujer y posteriormente le dio el arma al menor de edad que lo acompañaba para que éste haga lo propio con Vena. Seguido de ello, los sujetos decidieron de común acuerdo dar muerte a Vena, lo que llevarían a cabo luego de valerse del nombrado y su vehículo para retirarse del lugar, para lo cual abandonaron la vivienda privando a aquel de su libertad, no logrando en definitiva consumar su propósito debido a que fueron interceptados en ese momento por los efectivos policiales.
EL ARMA
A la hora de escuchar los testimonios, las partes acordaron acotar el listado de convocados, incorporando por lectura varios de las declaraciones y dejar para el debate los dichos de los efectivos policiales que intervinieron primeramente en el hecho, como las víctimas (el matrimonio Vena) y el perito balístico.
Precisamente el perito, Sergio Ricardo, fue quien convocado por el ministerio público debió intentar dilucidar -por momentos sin lograrlo- los causales que, en el fondo, hacía eje en la discusión de la audiencia (acerca de la intención de matar), léase si el arma pudo haber sido gatillada como detallaron las víctimas sin que se efectuara el disparo, como sí luego ocurrió en la persecución policial, al menos en dos oportunidades, según describieron tanto las víctimas como los uniformados.
En efecto, las armas utilizadas por los delincuentes y oportunamente secuestradas, coincidían en que sus respectivos tambores presentaban un alvéolo sin la bala (hueco donde se introduce el proyectil). A partir de esa característica, el defensor especulaba en su hipótesis que los malhechores eran sabedores de esa falta de proyectil y por eso habrían percutado sabiendo que no iban a cometer ningún daño, más que la amenaza. La teoría mereció la rápida como insistente intervención del fiscal como así también el intento por clarificar de los magistrados, quedando un manto de duda sobre la posibilidad concreta que dichos malhechores estuvieran capacitados en las circunstancias que sucedieron los hechos de haber pensado en esa posibilidad.
Sobre lo afirmado por el perito, se subrayó que las armas estaban aptas para el disparo, como así también uno de los revólveres (calibre 22) presentaba una deficiencia mecánica que posibilitaba que el tambor se moviera de un lado como al otro, a partir de algún movimiento brusco o su manipulación.
Cabe consignar que para las víctimas, en medio de las amenazas de muerte los sujetos (especialmente Guillermo) les apuntó en la cabeza y percutó con claras intenciones de matar, y milagrosamente por aquel desperfecto detectado por el perito la bala no salió.
LOS ALEGATOS
Una vez ventilado las distintas aristas que motivaron las dudas que planteaba el juicio en cuanto a la intención o no de matar que tuvieron los imputados, las partes ya en horas de la tarde ejercieron los alegatos.
Tal reza en párrafos anteriores, el fiscal Piotti dio por acreditado los hechos y ratificó la calificación del reproche penal requerido, con una larga lista de agravantes (especialmente que las amenazas fueron propendidas delante y contra los menores) que merecieron en consecuencia el pedido de condena de 19 años de prisión.
Dentro de la fundamentación de la pesada condena solicitada, el letrado afirmó sobre las dudas que se plantearon sobre la intencionalidad homicida. Piotti subrayó que se trataron de disparos aliatorios de acuerdo a las circunstancias (como una ruleta rusa), por lo que no podían conscientemente evitar que la bala no saliera cuando percutaban.
Se ahondó además en el perfil violento de Guillermo, quien ante la frustración primera de no encontrar lo que quería, como así también la situación que generó en un momento no poder dominar la escena (la mujer se negó a entregarle la alianza matrimonial) le generaron una reacción más violenta aún. Así fue que le disparó en la cabeza a la Sandra Toledo, como luego al propio Fabián Vena.
Kolbl, a su turno, insistió en que la calificación penal debía ser otra. Para el defensor, se trató de un "robo con uso de arma con aptitud para el disparo, en grado de tentativa, en concurso ideal, con portación de arma en concurso real, con violación de domicilio. Solicitando en consecuencia la pena mínima que establece el Código Penal.
Para el letrado, no quedó demostrado que su defendido gatilló contra la humanidad de las víctimas. "Hay insalvables dudas, no hay certerzas en cuanto a que las armas hayan sido gatilladas como esgrimió el matrimonio. Recordó al respecto, la pericia practicada por Ricardo, quien detalló que de la veintena de disparos practicados con el arma, uno sólo falló. Mientras que en el hecho ventilado de cinco proyectiles habría fallado en tres, algo imposible según el abogado.
Antes de fijar fecha de sentencia (el miércoles 17), el juez Arecha se dirigió al joven acusado y le preguntó si tenía algo para agregar o decir, a lo que Guillermo se negó, permaneciendo inmutable, por momentos relajado y hasta sonriente cuando se cruzaba miradas con su pareja.
La intervención policial
En cuanto a los dichos de los uniformados que intervinieron primeramente en el caso, fue el policía Garibelli (oficial de servicio de la Seccional Tercera) quien relató lo vivido aquella noche.
El oficial fue quien arribó al lugar de los hechos junto a un compañero cuando los malvivientes estaban en la casa privando la libertad a la familia. Relató los gritos y llantos que escuchaban desde fuera del hogar hasta que advierte que uno de los delincuentes salía de la casa tomando como escudo a Vena.
Cuando el delincuente -el menor de edad- advierte la presencia policial, lo deja a Vena y vuelve raudo sobre sus pasos, gritándole a Guillermo sobre la intervención policíaca, motivando que ambos salieran corriendo hacia los fondos de la morada.
Allí, los policías emprenden la corta como frenética persecución por la casa hasta dar a la puerta que daba hacia el patio del fondo de la casa, donde se produce un intercambio de disparos ante la resistencia de los delincuentes. Finalmente, el menor terminó rindiéndose en el patio y fue apresado por los policías, en tanto que Guillermo se escapó saltando una medianera e ingresando a otra vivienda lindera, hasta que metros más adelante -ya en la vía pública- terminó siendo apresado por otros uniformados que conformaban la comisión policial.
Garibelli, fue quien una vez reducido el menor en el patio, detectó las dos armas utilizadas por los sujetos y dio aviso a la autoridad, entre ellos el perito balístico como el de rastros, que oportunamente llegaron para hacer un análisis de la escena encontrada.
El oficial Ledesma, a continuación, coincidió en el relato de su compañero, siendo que fue el que participó de la persecución e incluso tomó del cuello a su colega cuando desde el patio se efectuaban los disparos contra la humanidad del policía.
El desgarrador relato de los Vena
Los momentos más conmovedores de la audiencia sin dudas resultaron cuando el matrimonio Vena debió recordar lo padecido junto a sus pequeños hijos.
En un contundente como desgarrador relato, Sandra Toledo, detalló pormenorizadamente el suceso, desde que fue intimidada en la vereda de su casa hasta que terminó en el baño, junto a sus niños, en medio de amenazas de muerte que incluso padecieron los chicos.
Donde más indagó el fiscal fue precisamente cuando Guillermo le apoyó el arma en la cien y percutó. Lo que incluso mereció la casi reconstrucción del tortuoso suceso. El doctor Langer (colaborador del fiscal) tomó el arma y simuló un disparo cerca de la testigo, para dilucidar si por el sonido podía esclarecer si en verdad fue una percución o se trataba del corrimiento del percutor.
Dentro de su extenso como acabado relato, la mujer contó que el momento de mayor zozobra dentro de la tensión vivida fue precisamente ese instante donde Guillermo le gatilló, pero también cuando instantes antes el mismo imputado le había apoyado el arma en la cabeza y le revolvía el pelo a su hijo, amenazándola en que lo iba a quemar.
Idénticas circunstancias debió repetir Héctor Fabián Vena, que visiblemente más consternado por el hecho y aún denotando un desesperado nerviosismo en su relato, intentó reseñar lo padecido, desde su ingreso a la casa, los golpes recibidos por los malvivientes, cuando le gatillaron en dos oportunidades en la cabeza, hasta que intervino la policía y observó la persecución que terminó en la detención del par de delincuentes.
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