1 de octubre de 2010

Policiales

Policiales. Fueron a testificar a favor de Paz y terminaron acusados por falso testimonio

Otra intensa, por momentos controvertida jornada, se sucedió en la sede del Tribunal Criminal por el juicio que busca dilucidar la responsabilidad penal de Julio César Paz, en torno al atraco perpetrado el 3 de junio de 2008 en calle Chacabuco al 800.

Controvertida en varios pasajes del debate a partir de las características de los testigos previstos, reclusos de distintas unidades penitenciarias que a sus modos y sus formas dijeron lo que querían decir. Dichos que deberían servir a la coartada del imputado, aunque al final de la audiencia poco y nada aportaron para la causa o mejorar la situación del acusado.

Generó debate el testimonio de tres personas, quienes a partir de sus declaraciones fueron acusadas por el fiscal por falso testimonio, imputación que deberá resolver el Tribunal una vez confeccionado el veredicto.

Un camión celular de la Unidad Penitenciaria, un inusitado despliegue policial, civiles de aquí para allá por los pasillos judiciales con sus manos unidas por esposas, formarían parte del preámbulo de una mañana particular en las puertas del Tribunal, habida cuenta del comparendo pautado de varios testigos -hoy detrás de las rejas- que buscarían aportar a la teoría “conspirativa” que Julio Paz insiste contra su persona para endilgarle un hecho que no cometió.

Con uñas y dientes el hombre que carga sobre sus espaldas un pesado prontuario defendería -defenderá- su hipótesis, tomándose de presuntos dichos y personajes que sustentarían su versión de los hechos y forzando a hacerlos declarar frente a los jueces. Tamaño esfuerzo incluso para el propio defensor oficial, Carlos Kolbl, quien conversó largo y tendido con su representado para hacerlo desistir de testigos varios que al entender del letrado nada aportaban para el curso del debate, asesoramiento que finalmente Paz terminó aceptando.

TESTIGOS

La primera de las citadas resultó la asistente social que cumple funciones en el Patronato de Liberados, quien realizaba el seguimiento de la libertad condicional de Paz.
La profesional describió al acusado como un hombre abierto, amable para el diálogo, que contaba las vicisitudes cotidianas y no mucho más. Empero sí resultaba clave lo que ella había confeccionado como informe y que había sido incluido como prueba: la planilla en la que quedaba reflejada la fecha y hora de las entrevistas mantenidas. En efecto, la asistente recibió a Paz aquel día, a las 13.10.

Preguntada por cuánto tiempo se quedó, qué vestía y con qué actitud mantuvo la charla, poco y nada aportó al interés del defensor. Incluso más, al ser indagada si Paz le había dicho de un viaje a Dolores, la profesional dijo desconocer esa conversación.

Es que Paz, en su versión, alude que ese día del atraco él tenía previsto viajar a Dolores por una de sus viejas causas. Viaje que no realizó por falta de dinero para los pasajes.
Así se desembocaría en los principales testimonios esperados por la Defensa, que hacían a la ubicación de Paz aquel día y hora en otro lugar al que lo sindica la acusación y las víctimas que lo reconocieron. No sin antes escuchar a los testigos esposados y custodiados que buscaría aliementarla teoría conspirativa.

FALSOS TESTIMONIOS

Los allegados de Paz aportados como testigos, terminó siendo lo más sustancial de la jornada judicial, habida cuenta de la reacción que iba a tomar el ministerio público fiscal frente a sus dichos.

La amiga de la mujer de Paz detalló que le alquilaba a la pareja un quincho del fondo para vivir, y ante preguntas del defensor dijo recordar que el 3 de junio, desde las 13 hasta las 14, aproximadamente (instantes del asalto), ella vio al acusado como a su mujer, quienes por esas minutos se fueron en busca de un sobrinito.

El fiscal Morey entendió que estaba incurriendo en contradicciones, habida cuenta que en la instrucción penal había afirmado que por esas horas ella trabajaba en un restaurante, por lo que no podía confirmar lo que ahora afirmaba. Entre algunos intercambios de preguntas y vagas respuestas de la testigo, el ministerio público terminó por pedir su falso testimonio, al considerarlo mendaz.

Luego llegaría el tiempo de la cuñada de Paz, quien sumó a esa versión indicando que había mandado un mensaje de texto a su hermana para que vaya a buscar a su sobrino en esos minutos descriptos (consta en el expediente el envío del mensaje de texto a las 13.30). Confirmó que entre las 14 a 14.30 su hermana y Paz estuvieron en su casa recogiendo al niño, pero el fiscal tampoco creyó en sus dichos, y repitió la acusación.

Misma suerte correría un amigo del hijo de Paz, quien con una memoria relativa según las precisiones consultadas, también dijo que vio por esas horas a Paz y su mujer buscando al sobrino, presencia del pequeño que no recordaba hasta que el defensor se lo singó como probabilidad. Morey, otra vez pediría por el falso testimonio.

El resto de los testigos no aportarían mucho a las partes hasta que el Tribunal dio por terminada la audiencia. Hoy será el tercer capítulo en el que se aguarda prácticamente con exclusividad la declaración del propio Paz, ávido por contar su verdad y torcer una historia hasta aquí desalentadora para su futuro.

La conspiración

Tal se vino informando, Paz insiste -e insistirá hoy frente a los jueces- en una conspiración en su contra. En la teoría de una investigación plagada de anomalías tendientes a direccionar las sospechas a su persona. Con él preso, esclarecido el hecho sin más.

Precisamente los testimonios de los distintos reclusos buscaron aportar a esa hipótesis, aunque al final del debate quedó la sensación de pocas certezas sobre el asunto.

El primero de los detenidos devenido en testigo aludiría a la presunta presencia de un auto de iguales características al utilizado en el robo en un taller de chapa y pintura de avenida Marconi. Sin medias tintas, dijo estar preso por estupefacientes y que él conocía el taller porque le entregaba droga al mecánico, quien se dedicaba a vender. También recordó que vio a dos hombres en el mismo taller, quienes a días del asalto habían comentado entre sí sobre el hecho y que el “loco” Paz nada tenía que ver con el mismo.

También debió declarar el mecánico en cuestión, quien si bien reconoció al antecesor testigo de vista, dijo no tener relación alguna y negó que le entregara droga para vender.

Sobre el auto en cuestión dijo no recordarlo. Sí ratificó sobre lo escuchado en una oportunidad en la que dos sujetos fueron a arreglar un auto y comentaron sobre el hecho ventilado y textualmente uno de ellos expresó: “Paz no fue”. Pero el mecánico tampoco recordó quiénes eran esos dos sujetos porque nunca antes los había visto y que desde aquel día nunca jamás habían vuelto.

En ese contexto también fue indagada una periodista del diario Nueva Era, que a dos días de sucedido el atraco publicaba una información que daba cuenta, extraoficialmente, que estaba identificado el autor del asalto. Una semana después se confirmaría la detención de Paz.
Al respecto, se le preguntó de dónde había sacado dicha información, y la cronista se amparó en el secreto de las fuentes, aunque también acotó que no se acordaba pero que comúnmente la información surgía de la policía o funcionarios judiciales.

El asunto se instaló en la sala porque la Defensa busca probar que desde el primer día la Policía dedujo que era su representado el autor del hecho y hacia allí únicamente se encaminó la pesquisa.

La tecnología que no alcanza

Una parte de las expectativas de la estrategia defensista estaba centrada en el aporte de los policías que estuvieron a cargo de las intervenciones telefónicas realizadas en los celulares de Paz y compañía.

El objetivo era acreditar la ubicación del imputado cuando se sucedió el atraco (Paz alude a una llamada alrededor de aquellos minutos con un allegado), pero la iniciativa se diluyó apenas se escuchó a los efectivos. Dijeron no ser técnicos ni mucho menos, simplemente se limitaban a peticionar a las empresas de telefonía la información de determinada línea y la volcaban a un informe acerca de llamadas entrantes y salientes. Listo, lo demás pura especulación.
Allí surgió las limitaciones tecnológicas a la hora de poder determinar la ubicación del teléfono de Paz, por lo que se concedió a la Defensa convocar a algún técnico de la empresas telefónica que permita desasnar sobre el entuerto.

La situación podría (no se asegura certificación alguna) aclararse el jueves próximo, día elegido por el Tribunal para responder la duda y así después escuchar los alegatos.

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